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Parana » AIM Digital
Fecha: 01/04/2026 07:44
La morosidad de las familias volvió a encender señales de alarma y golpea con mayor fuerza a los sectores más vulnerables. Entre los jóvenes, el nivel de incumplimiento alcanzó el 37,2 por ciento, mientras que en los adultos mayores se cuadruplicó en un año y superó el 8 por ciento, en un contexto de deterioro sostenido del poder adquisitivo y fragilidad laboral. El fenómeno se da en paralelo a un aumento general de la morosidad, que ya se ubica en 10,6 por ciento a nivel nacional. En la provincia de Buenos Aires, el indicador es aún más elevado y llegó a 15,4 por ciento en enero, según datos del Banco Provincia. En términos concretos, una de cada cuatro personas registra atrasos superiores a los 90 días en sus compromisos financieros. El impacto es particularmente fuerte en los extremos del mercado laboral. Entre los jóvenes, la combinación de desocupación, que alcanza 16,8 por ciento en mujeres y 16,2 por ciento en varones, e informalidad, 67,4 por ciento, limita la capacidad de repago. En el caso de los jubilados, la pérdida de ingresos es el factor central: los haberes acumulan una caída del 40 por ciento desde 2017, lo que empuja a muchos a endeudarse para sostener gastos básicos. El avance del crédito digital profundiza la problemática. Las fintech muestran niveles de mora superiores a los bancos, con 42,2 por ciento en jóvenes frente a 34,3 por ciento en el sistema tradicional. Entre los adultos mayores, la brecha también es significativa: 18 por ciento contra 6,8 por ciento. El acceso más flexible al financiamiento, sin mejoras en los ingresos, expone a una mayor vulnerabilidad. El trasfondo es un deterioro sostenido de los ingresos en el actual contexto económico. Desde la asunción de Javier Milei, los salarios reales muestran caídas, especialmente en el sector público, donde el retroceso alcanza 17,9 por ciento, mientras que en el sector privado la baja es de 2,3 por ciento. A esto se suma el congelamiento del bono para jubilaciones mínimas desde marzo de 2024, lo que profundiza la pérdida de poder adquisitivo. Este escenario impacta de lleno en el consumo y en la capacidad de los hogares para sostener sus deudas. La suba de la morosidad no solo refleja dificultades individuales, sino que también anticipa riesgos más amplios para la economía, con un sistema crediticio cada vez más tensionado y familias que, frente a ingresos insuficientes, recurren al endeudamiento como única vía para sostener su nivel de vida.
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