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  • Lo que no se vio de la goleada de Argentina a Zambia: cambio de clima, el gesto del Dibu Martínez y el hit de La 12 en el gol de Messi

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 01/04/2026 06:49

    Si al amistoso de Argentina con Mauritania le habían faltado emociones en el campo de juego y la tribuna, la exhibición frente a Zambia fue un lavado de cara importante para el equipo de Lionel Scaloni, que se lució con un 5-0 que estuvo más a la altura de la diferencia de jerarquía que representa este campeón del mundo con los rivales africanos a los que se enfrentó en esta Fecha FIFA. En La Bombonera, en la que fue la despedida de la Scaloneta en el país previo al Mundial 2026, existió un cambio radical. Ya lo habían declarado el Dibu Martínez y el propio Scaloni, quienes sentaron postura respecto a la pálida imagen que había dado la Albiceleste frente a un adversario de menor envergadura como el mauritano. Era momento de redimirse y así lo hizo el elenco nacional, que fue acompañado por una multitud que, esta vez sí, colmó el estadio Alberto J. Armando desde muy temprano. Quien haya concurrido el viernes pasado al amistoso que terminó apenas 2-1 a favor de Argentina, le habrá sido fácil de reconocer el rotundo cambio de ambiente que se generó. El público fue más fervoroso y les hizo sentir a los jugadores las ganas de verlos brillar más allá del contexto. Se asemejó mucho más a un partido por los puntos, como si fuera uno clasificatorio para la Copa del Mundo. Y, en parte, probablemente la respuesta en cancha haya sido más favorable por este punto. El hecho de que el entrenador haya tirado toda la carne al asador desde el arranque, como si se tratara del debut mundialista, con Messi de capitán a la cabeza (según pudo averiguar Infobae, volverá a jugar algún partido en suelo argentino después del Mundial), hizo que el aliento fuera casi constante y se hiciera notar. Además, el gol tempranero de Julián Álvarez arengó a la gente desde el amanecer del duelo. Fue como si los protagonistas se tomaran más en serio este cotejo (y probablemente así haya sido por el tirón de orejas interno que existió por parte del DT). Más hinchas, más presencia de familiares y titularidad para los históricos, un combo mucho más dulce para quien había invertido una importante moneda en ver el último partido de Argentina en el país previo al Mundial. Sobre el cierre del primer tiempo, cuando la Selección intentaba vulnerar otra vez a la defensa zambiana, que a esa altura ya pedía la hora para irse por la mínima diferencia abajo en el tanteador, Messi depuró una jugada un tanto sucia que parecía desvanecerse luego de un pif de Alexis Mac Allister a la altura del punto de penal. La maniobra volvió a tomar forma y se definió con el 10, desde un ángulo bastante cerrado, cruzando el balón de zurda con un latigazo inatajable. Lo paradójico fue que justo en ese momento La 12 había frenado el cancionero albiceleste y le estaba dedicando una canción a River, su acérrimo rival. River, decime qué se siente, haber jugado el Nacional; te juro que aunque pasen los años, nunca nos vamos a olvidar, recitó deliberadamente el grueso de la hinchada boquense, que esta vez acompañó en mayor número al conjunto nacional que ante Mauritania, algo que se dejó evidenciado en la cantidad de adeptos que tuvo cada cántico de Boca durante los 90 minutos. Aunque alguno habrá creído que se trataba del Brasil, decime qué se siente que nació en el Mundial 2014 al oír el ritmo de bombos y trompetas, La 12 se había tomado un recreo para rivalizar con el Millonario, algo que se repitió tres o cuatro veces a lo largo del match. Ya en el complemento, sin hacerle perder la seriedad al asunto, Messi llamó a lo lejos a Nicolás Otamendi para que se hiciera cargo del penal que le habían hecho a Thiago Almada. El defensor titubeó, probablemente entre nervioso y ansioso por tratarse de su último partido con la camiseta de la selección argentina en territorio nacional (los últimos serán en la Copa del Mundo ya que anunció formalmente su retiro del conjunto albiceleste). Las cámaras tomaron al capitán, que lo invitó a hacerse cargo de la ejecución. Pero hubo otro gesto que pasó casi inadvertido: el Dibu Martínez, además de empujarlo -literalmente- a Otamendi, agitó los brazos una y otra vez para que el público alentara al número 19 y lo respaldara ante esta posibilidad. Puede considerarse que también blindó al emblemático defensor teniendo en cuenta su fanatismo por River en presencia de muchos simpatizantes xeneizes. Puede resultar sorpresivo que, teniendo en cuenta que los fanáticos de Boca, sobre todo los que se apostaron en la tribuna Natalio Pescia donde siempre se aloja La 12, suelen darle un trato un tanto hostil a los futbolistas que están identificados con River, hayan aplaudido casi de forma unánime a Otamendi cuando fue reemplazado al minuto 69 por Lucas Martínez Quarta. Posiblemente el saludo personalizado de cada uno de sus compañeros en campo haya sido un mensaje desde adentro para afuera y así el futbolista que podría reforzar al Millonario en el próximo mercado de pases se dio el gusto de retirarse ovacionado nada menos que en cancha de Boca. Pero si hay que hablar de vítores, uno de los más aplaudidos fue Valentín Barco, que encima tuvo la fortuna de ingresar y anotar el último tanto en tiempo de descuento. Desde luego que no se llevó tantos laureles como Leandro Paredes, quien fue titular y hoy es capitán de Boca, pero lo cierto es que el Colo dejó un grato recuerdo en la Ribera y fue reconocido -sobre todo- por los simpatizantes que acudieron al estadio que lo vio brillar con la camiseta azul y oro y, en esta ocasión, con la alternativa de la Selección. Sin dudas, el lateral izquierdo devenido en mediocampista que milita en Racing de Estrasburgo de Francia sumó puntos de cara al Mundial 2026. Como no podía ser de otra forma, la última ovación cerrada fue para Lionel Andrés Messi. El astro argentino que llegó al gol número 902 de su carrera todavía no confirmó oficialmente su presencia en la Copa del Mundo, aunque obviamente capitaneará al cuadro que defenderá el título mundial. Llamó la atención que no tomara la palabra en ninguna de las dos presentaciones, pero sin dudas se mostró conmovido por disputar los últimos minutos con la camiseta albiceleste en su país y sueña con regar de gloria otra vez el suelo argentino. Que de la mano, de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar, fue el grito de guerra mimetizado con deseo generalizado que sirvió como despedida para el 10 y el plantel antes de viajar a Estados Unidos.

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