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» Clarin
Fecha: 01/04/2026 06:20
Corría el año 2010 cuando Oscar Velasco Imbaud volvía de Costa Rica con cinco semillas de café en el bolsillo y una ilusión que parecía una locura: que las yungas tucumanas podían dar un grano digno de los paladares más exigentes y crear una economía regional a base de un producto que antes se importaba casi en un 100%. Hoy, dieciséis años después, esa apuesta se convirtió en historia: Argentina tiene su primer café con sello de origen nacional, cultivado, cosechado y procesado íntegramente en suelo tucumano. El hito fue presentado como resultado de la alianza entre Cabrales S.A. empresa líder del mercado argentino con más de 84 años de trayectoria y el Gobierno de Tucumán, a través del IDEP (Instituto de Desarrollo Productivo). El producto ya recibió el aval de Mumac Academy, entidad de referencia en cultura del café, que certificó sus características sensoriales: cuerpo equilibrado, aroma persistente y una identidad propia que nace del terroir subtropical del pedemonte tucumano. "¿Cómo sería la economía de Tucumán si hay 250 millones de dólares que se quedan dando vueltas en la provincia?", se pregunta Juan Casañas, vicepresidente del IDEP y uno de los artífices de este proyecto. No es una pregunta retórica: Argentina desembolsa alrededor de 500 millones de dólares anuales en importaciones de café, principalmente de Brasil, Colombia y Vietnam. Cada taza que se toma en el país viene de afuera. Por ahora. "Los avances agronómicos son positivos y nos permiten seguir proyectando el desarrollo del café como un cultivo intensivo en mano de obra", agrega, y recuerda que en una reunión con Martín Cabrales se pudieron probar cuatro tipos diferentes de café tucumano, y la sorpresa fue mayúscula. El presidente de Cabrales S.A., Martín Cabrales, fue contundente: "Hemos demostrado que el suelo argentino, con el cuidado y la técnica adecuada, puede darnos un café de excelencia que no tiene nada que envidiarle a los grandes orígenes del mundo". Con aroma a yunga Para entender por qué ese grano es especial, vale escuchar a Margarita Jaramillo, ingeniera agrónoma especialista en café, docente de la Universidad de Tucumán y colombiana, lo que en este tema no es un detalle menor. Ella señala que en Tucumán se obtiene un producto con buenos rindes y gran calidad de taza, especialmente de la genética Bourbon, una de las más adaptadas a las condiciones de la provincia. Una de las claves es el manejo en sotobosque: bajo la cobertura del bosque nativo de las yungas, la planta recibe exactamente las cuatro horas de radiación solar que necesita, muy distinto a lo que ocurre en Brasil o Colombia, donde la gran nubosidad permite el cultivo a campo abierto. Y hay un elemento diferencial que los mercados más sofisticados saben valorar: la cosecha manual. "El café es cultura y la cosecha manual ya implica un valor agregado en sí mismo", pondera Jaramillo. Un cultivo que el mundo mira diferente El café tucumano no surge en el vacío. Se inscribe en una tendencia global que está redibujando el mapa de la caficultura mundial. El cambio climático está extendiendo las zonas aptas para el cultivo hacia nuevas latitudes: Florida y algunas regiones de Australia ya experimentan con sus propios granos. Las yungas del pedemonte tucumano con su clima subtropical, su cobertura de bosque nativo y sus condiciones de semisombra encajan perfectamente en ese nuevo paradigma productivo. A eso se suma un escenario de precios inédito. El café cotiza en sus valores más altos de casi tres décadas, con picos que superan los tres dólares por libra. Un contexto que convierte a la producción local en una apuesta económica tan atractiva como estratégica: no solo para sustituir importaciones, sino para apuntar a un mercado de especialidad que paga bien por la trazabilidad y el origen. Del asado al clúster La historia de este café tiene el sabor de las cosas que empiezan sin aviso. Velasco Imbaud (76) germinó tres de sus cinco semillas costarricenses y comenzó a cultivar en Yerba Buena, siguiendo el recuerdo de su abuelo, que ya había plantado café en esa zona allá por la década de 1920. El pionero de esta historia ofreció, en la sobremesa de un asado, probar "su café tucumano. Casañas quedó impactado y desde el IDEP impulsó un relevamiento que encontró productores dispersos en distintos puntos de la provincia. Así nació el clúster: más de una veintena de productores, actores industriales y organismos técnicos como el INTA y la Universidad Nacional de Tucumán. Hoy ese entramado se consolida con la incorporación de Cabrales, que aporta experiencia y asesoramiento para fortalecer a los pequeños y medianos productores. El convenio firmado en 2025 contempla capacitaciones, intercambio de datos e investigación orientada a garantizar calidad con estándares del mercado global. De cinco semillas a 8.000 hectáreas posibles y un cultivo que puede convivir armoniosamente con el bosque nativo de las yungas: Tucumán no solo tiene el primer café con sello argentino, tiene quizás la primera página de una historia que todavía está por escribirse. Sobre la firma Newsletter Clarín
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