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» Clarin
Fecha: 31/03/2026 14:28
La muerte de un anestesista residente del Hospital Gutierrez destapó una trama de presuntas irregularidades en hospitales públicos y privados de la Ciudad de Buenos Aires e investigan el robo de fentanilo y propofol para su consumo en fiestas privadas. Alejandro Zalazar (29), más conocido como "Alito" entre sus compañeros, fue residente del Hospital Rivadavia y realizaba una rotación pediátrica en el Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez. El 20 de febrero tenía que ir a trabajar a la Fundación Favaloro pero no se presentó. Alrededor de las 17 su hermana -que no lograba contactarse con él desde el día anterior- llamó al 911: lo encontraron sin vida en su departamento de Palermo. Zalazar estaba tendido en el piso de su habitación sin signos vitales. Según informaron fuentes del caso a Clarín tenía "una vía (intravenosa) conectada en el pie derecho". Además encontraron "inyecciones" y elementos descartables a su alrededor. Nadie había forzado la casa ni se encontraron signos de que hubiera participación de terceros, al menos hasta el momento. La trágica muerte de Zalazar puso sobre la mesa el interrogante sobre una trama de irregularidades, robo de sustancias catalogadas de uso hospitalario, adicciones y fiestas privadas donde se consumían estas drogas en denominados "viajes controlados". El fiscal Eduardo Cubría, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6, tiene en sus manos el expediente que investiga las circunstancias alrededor de la muerte de Zalazar. Según pudo saber Clarín, las drogas halladas en la escena no podrían conseguirse fuera del ámbito hospitalario y tendrían etiquetas que podrían insinuar que su procedencia era el Hospital Italiano. Oficialmente todavía no fueron incorporados al expediente los estudios histopatológicos que permitirían confirmar qué fue lo que consumió Zalazar, si es compatible con las sustancias de halladas a su alrededor y, si bien la pericia de trazabilidad fue ordenada, todavía no está incorporada al expediente por lo que no ha sido probado con certeza su procedencia. Es decir, no hay certezas respecto de su origen, aunque por su composición son "fácilmente rastreables". Extrajudicialmente trascendió que serían del Italiano e, incluso, el centro de salud sacó un comunicado confirmando la investigación interna. La causa por la muerte de Zalazar es de rigor: el análisis de su teléfono celular para determinar si había coordinado encuentros con terceras personas o si había información respecto de la situación de consumo, pericias en el departamento, levantamiento de huellas y análisis toxicológicos. Pero la muerte Zalazar fue mucho más allá y generó renuncias y denuncias cruzadas que se viralizaron en las últimas horas. Esas acusaciones recayeron en la fiscalía N°47 que tiene a su cargo otra investigación que será clave para desentramar qué pasó. A través de un audio difundido por Whatsapp y que dura siete minutos, describen una compleja red de robo y redistribución de estupefacientes -principalmente propofol y fentanilo- sustraídos del Hospital Italiano por médicos para su consumo recreativo entre profesionales de distintos centros de salud. Así habría sido que esas drogas llegaron a manos del anestesiólogo fallecido. Según el audio que circula entre médicos de toda la Ciudad, la gravedad de los hechos incluye la organización de "fiestas de propofol" y "viajes controlados" para los que se utilizaban bombas de infusión -también robadas- para administrar drogas hasta alcanzar "estados de apnea", requiriendo ventilación manual asistida entre una persona específicamente asignada entre los participantes de las fiestas. El escándalo fue tal que derivó en la renuncia de Hernán B., un anestesiólogo de planta permanente en el Hospital Italiano que ya habría sido reemplazado y en la licencia de otra médica por la sustracción de estos anestésicos de rápida acción de la institución privada. "En relación a la situación de robo de estupefacientes difundida recientemente, el Hospital Italiano informa que tomó todas las medidas necesarias para analizar lo sucedido, actuar con las personas involucradas y generar procedimientos para prevenir a futuro", publicó el centro de salud ante la difusión de las denuncias. Un comunicado similar envió a sus empleados, en el que aseguraron: "En relación con la detección de una posible sustracción irregular de medicación estupefaciente en la Institución, queremos compartir con ustedes cómo estamos actuando: a partir de una denuncia interna, tomamos conocimiento de esta situación y realizamos la correspondiente denuncia ante las autoridades competentes, con quienes estamos colaborando plenamente para el esclarecimiento de los hechos". Además, aseguraron: "En relación con las personas involucradas, adoptamos las medidas institucionales correspondientes y aplicamos los procedimientos previstos, mientras avanza la investigación en curso. Actualmente, ninguna de ellas se encuentra desempeñando funciones en nuestra Institución". También manifestaron estar realizando una "revisión integral del circuito de gestión, control y seguridad de los estupefacientes, con el objetivo de reforzar los mecanismos de supervisión y prevenir situaciones de esta naturaleza a futuro". Y un trabajo en conjunto con la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA) "para abordar este tipo de problemáticas, que han sido reportadas también en otras instituciones del sistema de salud, y que requieren una respuesta coordinada". Ante la consulta de este diario, desde el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires manifestaron estar al tanto de los hechos por los trascendidos pero aseguraron que los "protocolos en la Ciudad se activan a raíz de denuncias, por ejemplo de faltantes de insumos, y por ahora eso no sucedió en el sistema". Qué son los viajes controlados con propofol Entre los médicos del sistema de salud se viralizó el audio de Whatsapp en el que una joven relata una versión de los hechos que no ha sido verificado ni negado por la Justicia. Si bien no surge en ningún expediente, refieren a una serie de acontecimientos que coincide con los hechos denunciados. En ese audio se describen "Fiestas del Propofol" organizadas por personas involucradas en la sustracción de estas drogas que organizaban reuniones donde utilizaban bombas de infusión para administrarse propofol de forma continua. En estas fiestas, contaban con una persona encargada de "ambucearlos" (ventilarlos manualmente) cuando las drogas les provocaban apnea. También refiere a una denuncia por abuso sexual en el contexto del consumo y de una red de conocidos que se distribuía estos fármacos. No sé si estas fiestas son históricas, pero lo que sí es histórico es el consumo de propofol. De hecho, Michael Jackson murió por consumo de propofol. Es un anestésico de rápida acción que provoca una sedación profunda en muy poco tiempo, introdujo a Clarín Francisco Dadic, médico toxicólogo y presidente de la Fundación Argentina de Toxicología. En el ámbito hospitalario, el uso por excelencia que se le da a este anestésico asociado a un dormir placentero o agradable (la mayoría de los pacientes dicen 'qué bueno lo que me dieron', describió Dadic) es para realizar videocolonoscopías o para intubar a quienes -por tener neumonía, por ejemplo- requieren asistencia respiratoria mecánica. Lo último exige provocarles un paro respiratorio breve, de modo de poder colocar el tubo, y esa especie de pausa es uno de los efectos por excelencia del propofol. A diferencia de otros anestésicos como el fentanilo, que acciona como un clásico opioide, el propofol es un sedante gabaérgico, el término que alude a que su acción está medida por el neurotransmisor GABA. En la práctica diaria, quizás uno administra propofol para intubar y luego sostiene la depresión respiratoria con un goteo de fentanilo. Son drogas que se usan muchas veces en forma combinada, explicó el médico. La sustracción de ampollas ocurre. Hace muchos años se intentan reforzar los mecanismos para esto no suceda; por ejemplo, mediante el uso de doble receta para fármacos específicos como propofol o fentanilo, que pueden derivar en un consumo problemático, explicó. Ese doble aval es el que habilita el retiro de la droga de la farmacia hospitalaria, y suele incluir tanto la firma del médico que prescribe, que puede ser el anestesista o emergentólogo, y la del jefe de guardia o director del hospital. El problema es que, aún con esto, puede ser que uno diga 'preciso cinco ampollas y después administre tres a propósito o porque la intervención lo requiere de ese modo'. Por distintas razones, pueden sobrar ampollas y ahí se puede generar la sustracción. En este punto entra el concepto de las fiestas o reuniones sociales en las que, como en este caso, el plan consiste en hacer un viaje controlado con alguna de estas sustancias. Dadic explicó que es una expresión muy común pero está mucho más asociada al uso de alucinógenos, tanto naturales como artificiales o sintéticos. En cuanto al uso de propofol o fentanilo para estos viajes, el médico opinó que no son frecuentes pero tampoco diría que es tan inusual. Buscaría un punto medio. SC Sobre la firma Newsletter Clarín
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