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Fecha: 31/03/2026 13:39
La muerte de un joven médico dejó al descubierto una trama inquietante de consumo de drogas hospitalarias, robos internos y fiestas clandestinas. El caso salió a la luz en febrero, cuando encontraron muerto en su casa a Alejandro Salazar, un anestesiólogo de guardia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia. Según fuentes oficiales, la causa del fallecimiento fue una sobredosis de propofol y fentanilo, dos potentes fármacos de uso hospitalario. En el lugar, la policía secuestró medicamentos anestésicos y una bomba de infusión, un equipo médico utilizado para administrar drogas intravenosas. El dato encendió las alarmas dentro del ámbito sanitario. El consumo de propofol no es nuevo. No es la droga más usada con este tipo de fines, pero sí se utiliza, explicó a TN el médico toxicólogo Francisco Dadic. El propofol, detalló, es una sustancia altamente delicada: Es un sedante muy potente, un anestésico. Lo utilizamos para lograr una sedación profunda de un paciente y poder conectarlo a un respirador. En la práctica clínica, suele combinarse con otros fármacos como el fentanilo. Pero fuera del ámbito controlado, el riesgo es extremo. Como son muy potentes desde el punto de vista químico, pueden provocar rápidamente un paro respiratorio, que lleva al paro cardiorrespiratorio y a la muerte, advirtió el profesional. De acuerdo con el parte policial, al que accedió este medio, el cuerpo de Salazar tenía una vía conectada en el pie derecho y a su lado se encontraron también elementos descartables para inyecciones. Ese hallazgo fue clave para reconstruir el circuito. El origen de los anestésicos: la pista del Hospital Italiano La investigación avanzó rápidamente cuando se determinó que los fármacos que encontraron en la casa del médico fallecido pertenecían al Hospital Italiano de Buenos Aires. Esto disparó un procedimiento interno en la institución, donde se identificó a un profesional del área de Anestesiología y a una residente de tercer año como presuntos responsables del robo y distribución de las drogas. Tras ser acusado, el anestesiólogo presentó su renuncia y el hospital inició un sumario interno para esclarecer cómo salieron las sustancias controladas del establecimiento. El comunicado del Hospital Italiano Tras la denuncia, el Hospital Italiano de Buenos Aires informó que realizó una denuncia ante las autoridades por el robo de estupefacientes detectado en la institución. A través de un comunicado enviado a TN, indicaron que se adoptaron medidas administrativas sobre las personas involucradas, quienes ya no desempeñan funciones en el establecimiento. La situación fue advertida gracias a una denuncia interna, que se comunicó a la Dirección del hospital. Además, se dio intervención a la Justicia, y el Hospital Italiano se puso a disposición para colaborar plenamente con la investigación en curso. Por esta denuncia, dos directivos del Italiano prestaron declaración en la causa. Del mismo modo, fuentes de la gobernación porteña aclararon que no hubo denuncias de faltante de insumos en los hospitales del sistema público. Viajes controlados y fiestas privadas: las dos versiones que circulan La aparición de drogas del Hospital Italiano fuera de la institución puso en evidencia la falta de control en el manejo de sustancias anestésicas. Pero además, la investigación reveló dos versiones inquietantes sobre el destino de esas drogas. Leé también: Condenaron a 5 años de prisión a un enfermero que vendía fentanilo y psicofármacos por Telegram Entre médicos y residentes empezó a circular el término Propo fest para referirse a fiestas organizadas por un pequeño grupo de profesionales de distintos hospitales porteños. Según testimonios recogidos en audios y mensajes de WhatsApp, en esas reuniones se usaban insumos hospitalarios como propofol y fentanilo con fines recreativos. Por un lado, se habla de la venta de viajes controlados. Es decir, por una suma de dinero, se ofrecía a clientes la posibilidad de experimentar un estado de relajación extrema bajo la supervisión de un controlador dispuesto a intervenir es caso de emergencia, incluso asistiendo con ventilación manual ante episodios de apnea. La otra versión apunta a fiestas sexuales organizadas por el anestesista denunciado, donde se suministraban estas drogas a un círculo de conocidos. Para Dadic, el fenómeno tiene una explicación tan humana como alarmante. No es nuevo que el personal de salud, que tiene mayor acceso a este tipo de sustancias, desarrolle un consumo problemático, señaló. Y agregó: Los médicos, aún sabiendo los riesgos, son humanos y utilizan estas sustancias con fines vinculados al placer o a la evasión, como cualquier otra persona. El especialista también explicó por qué estos fármacos resultan tan peligrosos: Actúan en áreas muy primitivas del cerebro humano y pueden desarrollar un consumo problemático parecido al del alcohol, pero mucho más potente. La falta de controles adecuados agrava aún más el escenario. La utilización sin un seguimiento médico estricto, o en contextos donde hubo una mala utilización, puede llevar a cuadros de altísima gravedad, remarcó.
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