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  • Sudeste asiático: socios que la Argentina no debería seguir mirando de lejos

    » Clarin

    Fecha: 31/03/2026 06:54

    En la conversación pública argentina, el Sudeste Asiático todavía aparece como una región secundaria, casi periférica. Es un error. En un mundo más fragmentado, más competitivo y menos previsible, la Argentina necesita ampliar su mapa comercial y mirar con más atención a una zona que reúne a 684,1 millones de personas, moviliza un comercio de bienes de US$ 3,84 billones y recibió US$ 230,8 mil millones de inversión extranjera directa en 2024. No se trata de exotismo ni de corrección diplomática: se trata de intereses concretos y de una región que ya ocupa un lugar central en la economía global. Para la Argentina, además, hay un dato especialmente revelador. Con varios países del Sudeste Asiático, la relación comercial ha sido en términos generales superavitaria, una señal de que allí no sólo existe demanda, sino también una oportunidad concreta para consolidar exportaciones y ampliar el mapa de destinos. Pero el verdadero punto de fondo excede el balance de la balanza comercial: la región ofrece la posibilidad de tejer relaciones económicas más sofisticadas, menos dependientes de los mercados tradicionales y más integradas a las cadenas de valor que definirán la próxima etapa de la economía global. En el caso de Indonesia, por ejemplo, la propia Cancillería argentina destacó en 2024 que las exportaciones nacionales promediaron US$ 1.700 millones anuales en los últimos tres años, con un amplio superávit para el país. En 2026, además, se cumplen 70 años de relaciones diplomáticas entre la Argentina e Indonesia, una efeméride que invita a pensar el vínculo con mayor ambición. En conversación con el embajador de Indonesia en la Argentina, Sulaiman Syarif, surge una idea central: la relación debería evolucionar desde el simple intercambio comercial hacia una asociación económica estratégica, apoyada en la inversión, el capital y la cooperación productiva. Pero hay otra definición suya que merece ser subrayada: la actual relación económica no refleja el peso combinado de ambos países. El dato no es menor: el comercio bilateral alcanzó los US$ 1.720 millones en 2025, con un crecimiento de 4,3% respecto del año anterior. También advierte sobre un obstáculo concreto: todavía persiste un déficit de conocimiento entre ambos países, que limita las oportunidades de negocios y de cooperación. Ese diagnóstico merece una atención particular. La inserción internacional de la Argentina ya no puede evaluarse únicamente por su capacidad de exportar, sino también por su aptitud para consolidar presencia, ampliar asociaciones y ganar densidad estratégica en nuevos mercados. El Sudeste Asiático plantea una enseñanza clara: la complementariedad existe, pero no se traduce automáticamente en oportunidades concretas sin presencia, planificación estratégica y perseverancia. Mantener la mirada puesta únicamente en los socios habituales puede resultar funcional en el corto plazo, aunque insuficiente frente a las exigencias de una economía global en plena reconfiguración. Sobre la firma Newsletter Clarín

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