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  • De Pantriste a la Masacre de Carmen de Patagones: los otros casos de violencia en escuelas que conmocionaron a la Argentina

    » TN

    Fecha: 31/03/2026 05:18

    La escuela suele pensarse como un lugar seguro. Un espacio con reglas claras, donde los conflictos existen, pero, por lo general, no pasan a mayores. Sin embargo, cada tanto, esa lógica se rompe y la violencia aparece de una manera inimaginable, como volvió a ocurrir recientemente en Santa Fe, un caso que reavivó la preocupación. En la Argentina hay varios casos que marcaron un antes y un después. Episodios que conmocionaron a la sociedad y dejaron al descubierto lo que ocurre dentro de las aulas, muchas veces antes de que todo estalle. Uno de ellos tuvo como protagonista a Javier Ignacio Romero, un joven de 19 años de la localidad bonaerense de Rafael Calzada, partido de Almirante Brown, que era víctima de burlas constantes por parte de sus compañeros. Lo apodaban Pantriste, en referencia a un personaje animado de la época, por su delgadez y su forma de ser retraída. El 4 de agosto de 2000 llevó a la Escuela de Educación Media N°9 un revólver calibre .22 que era de su madre. A la salida, después de una nueva cargada, se dio vuelta y disparó. Dos compañeros fueron alcanzados en la cabeza: Mauricio Salvador, que murió días después, y Gabriel Ferrari, que resultó herido. Según reconstrucciones del caso, antes de disparar gritó me voy a hacer respetar. El expediente permitió establecer no solo la secuencia del ataque, sino también el contexto: hostigamiento sostenido y un cuadro psicológico que derivó en un episodio extremo. A partir de ese caso, por primera vez el bullying quedó en el centro del debate público en la Argentina. En el juicio, realizado en 2003, los peritajes psiquiátricos concluyeron que Romero había atravesado un episodio psicótico y no comprendía la criminalidad de sus actos. Ante esta situación, el Tribunal Oral N°6 de Lomas de Zamora lo declaró inimputable y no recibió una condena penal: la Justicia solo ordenó su internación y tratamiento. La masacre de Carmen de Patagones Cuatro años más tarde tuvo lugar el episodio más grave de este tipo en la historia del país: la masacre de Carmen de Patagones, una ciudad ubicada a casi mil kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. El 28 de septiembre de 2004, un alumno de 15 años, Rafael Juniors Solich, llevó a la Escuela Media N°202 Islas Malvinas la pistola Browning 9 milímetros de su padre, un suboficial de Prefectura, y también un cuchillo de caza que finalmente no utilizó. Leé también: La salud mental no es un tema menor: el fuerte mensaje de una familiar del chico asesinado en Santa Fe No fue un impulso del momento. De acuerdo con la reconstrucción, la noche anterior había tomado el arma y cargadores completos de la casa familiar y los guardó en la mochila. A la mañana siguiente caminó hasta la escuela como cualquier otro día. Ya dentro del aula, a las 7.35, se paró frente a sus compañeros y comenzó a disparar. El ataque dejó tres estudiantes muertos: Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda. Además hubo cinco heridos, que sufrieron heridas graves y, tiempo después, se recuperaron. A diferencia del hecho de Rafael Calzada, donde el agresor apuntó a personas específicas, en Patagones los disparos fueron indiscriminados y el ataque se detuvo poco después, cuando un compañero -su amigo, Dante- logró reducirlo y quitarle el arma, lo que evitó que hubiera más víctimas fatales. Con el paso de los años, el caso sumó otras aristas. Algunos testimonios descartaron que hubiera sufrido bullying sistemático y apuntaron más bien a un cuadro de aislamiento, vínculos problemáticos y una situación familiar compleja. Leé también: En moto rumbo al colegio: las imágenes del atacante de Santa Fe antes de la tragedia En el plano judicial, fue declarado inimputable por ser menor de edad. Luego del ataque, fue alojado en un instituto de menores en Ensenada y luego, por decisión de la jueza Alicia Ramallo, quedó bajo tutela judicial e internado en un centro psiquiátrico juvenil en San Miguel, donde fue diagnosticado con esquizofrenia. Con el paso de los años, continuó bajo tratamiento en un neuropsiquiátrico, con salidas controladas y bajo supervisión. En entrevistas posteriores, aseguró no recordar el momento del ataque y manifestó estar arrepentido. En paralelo, su padre fue condenado a 45 días de prisión por negligencia, al haber dejado el arma a su alcance. El caso de Mendoza El 10 de septiembre de 2025, una adolescente de 14 años se atrincheró durante más de cinco horas con un arma en una escuela de la localidad de La Paz, en Mendoza, y efectuó al menos dos disparos. El hecho no dejó heridos, pero durante varias horas mantuvo en vilo a toda la comunidad educativa. Según se reconstruyó en la investigación, semanas antes, la joven ya había anticipado su intención de llevar un arma al colegio. Quiero asustarlos, les había dicho a compañeros de su entorno más cercano, en una advertencia que no fue tomada en serio. Leé también: Mendoza: la alumna de 14 años que disparó dentro de una escuela recibió el alta médica y podrá volver a clases El día del hecho, ingresó a la escuela con una pistola 9 milímetros -que le sacó a su padre, un excomisario de la Policía de San Luis- y cerca de las 9 de la mañana comenzó a caminar armada. En medio del desconcierto, muchos estudiantes pensaron en un primer momento que se trataba de una broma, hasta que efectuó un disparo contra el piso y dejó en claro que el arma era real. Lejos de quedarse en un solo lugar, la adolescente se desplazó por distintos sectores del colegio y generó momentos de tensión al amenazar a compañeros y docentes. Algunos testimonios indicaron que mantenía conflictos previos con personas del establecimiento. El episodio se extendió durante varias horas hasta que la adolescente finalmente fue reducida por la policía, en un operativo que evitó que la situación escalara. Leé también: Santa Fe: por qué el alumno de 15 años que mató a un compañero de colegio no es imputable Semanas atrás, el caso dio un giro inesperado cuando la adolescente denunció a un celador del colegio por abuso. De acuerdo a esa línea de investigación, ese día habría ido armada con la intención de enfrentarlo. El hombre fue detenido, mientras que la menor quedó bajo intervención judicial y tratamiento de salud mental. Pantallas, exposición y falta de adultos: las claves detrás del nuevo bullying escolar Para María Zysman, psicopedagoga y fundadora de Libres de Bullying, las distintas formas de violencia que aparecen en las aulas no pueden pensarse de manera aislada. Cada escuela tiene su forma, pero la escuela no es una isla: si uno mira afuera, estamos todos diferentes. Hay más violencia, más destrato, más avasallamiento del otro, incluso desde lugares de poder. Y eso que los chicos viven en todos lados, aparece en la escuela, explicó Zysman en diálogo con TN. Un punto de inflexión fue la llegada masiva de los celulares. Ahí cambió todo: el registro del otro, lo que le digo y cuánto lo puedo dañar. Todo se incrementó, señaló. Y advirtió: Los chicos están todo el tiempo vinculados con sus compañeros. El bullying cambió porque cambió también lo que consumen: hoy ven contenidos muy violentos, situaciones que les generan rechazo pero que terminan naturalizando. Leé también: Cuando el bullying deja marcas: cómo detectarlo y qué hacer como adulto responsable Pablo Mainer, fundador de la ONG Hablemos de Bullying, coincidió con los dichos de Zysman. El bullying hoy no termina cuando finaliza la hora escolar, antes el fenómeno estaba acotado a un espacio físico, a la escuela. Hoy se complejizó por las redes sociales. Continúa ahí, en grupos de WhatsApp, en plataformas, y esto hace que se sostenga y sea más difícil de abordar, señaló en charla con este medio. Hay cambios en las formas: hoy vemos un bullying mucho más psicológico, muy ligado a la exposición y la humillación pública, a la viralización de imágenes o de información. Otra cosa que me preocupa es el impacto en la salud mental: vemos que los casos de ansiedad, depresión y suicidio adolescente están aumentando. Bastante tiene que ver con las pantallas; en esta dinámica de lo que consumen, los chicos están atravesados por muchos estereotipos y discursos violentos que afectan su desarrollo, sumó Mainer.

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