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  • Gary Woodland: el golfista que despejó el pánico de su mente y volvió a la gloria en el PGA Tour

    » La Nacion

    Fecha: 30/03/2026 19:53

    Gary Woodland: el golfista que despejó el pánico de su mente y volvió a la gloria en el PGA Tour Solía despertarse en plena madrugada a los gritos, desorientado y temblando, sin saber dónde se encontraba. Aferrado a la cama, desorientado, imaginaba que lo iban a atropellar en la calle o que algo le caería en la cabeza viajando en avión. Los síntomas aparecieron de repente y trastocaron su vida por completo. Pensé que aquello iba a acabar conmigo; todo era muerte, confiesa hoy Gary Woodland, dueño de la victoria más emocional en lo que va de la temporada en el PGA Tour. Hace menos de tres años le extirparon un tumor en el cerebro y este domingo ganó en el máximo circuito de golf (su quinto título), después de un verdadero calvario. A una semana del Masters de Augusta, se impuso en el Houston Open con cinco golpes de diferencia y conmovió al público con su instinto de superación. Cuando metió el putt definitivo en el hoyo 18 miró al cielo, abrió los brazos, resopló y se desarmó en un llanto al abrazar a su esposa en el green. En ese instante, la gente lo ovacionó y lo vivó, consciente del duro trance que el golfista había atravesado hasta hace unos años, entre aquellas noches terroríficas, ingresos a quirófanos y resonancias magnéticas. Woodland, nacido en Topeka (Kansas) tiene 41 años y alcanzó el pináculo de su carrera con el título del US Open en 2019, su único major. El 18 de septiembre de 2023, luego de cinco meses de jornadas anormales, experimentó otro punto de quiebre: decidió someterse a una cirugía por un tumor que presionaba una zona clave del cerebro, la encargada de regular la ansiedad y los miedos. El desafío médico era bloquear un trastorno que sufren personas que padecen situaciones extremas como una guerra, un accidente, una agresión física, una catástrofe o el vivenciar el trauma de algún familiar. Realizada la operación, hubo un cambio inmediato: ese pánico que lo atenazaba desapareció y volvió a jugar en el PGA Tour cuatro meses después, en enero de 2024. Con todo, las secuelas continuaron: además de las cicatrices en su cabeza, siguió con una ingesta rigurosa de medicamentos y controles periódicos. Entre los cuidados de su salud, pretendió seguir dando batalla en el golf y durante mucho tiempo optó por conservar su vía crucis bajo siete llaves, en silencio, le restó importancia y siguió adelante, hasta que hace apenas tres semanas decidió contarlo. El disparador para revelar su pesar a los medios fue un episodio de salud nada agradable que encarnó durante un torneo del PGA Tour en 2025. En el Procore Championship que se disputó en Napa (California) en septiembre último, de repente se vio sobresaltado porque un voluntario que llevaba los marcadores durante el trayecto se le acercó más de la cuenta. Instantáneamente, su visión se volvió borrosa y durante algunos segundos perdió la referencia de dónde estaba. Terminó el certamen a duras penas, con la ayuda de su amigo íntimo y caddie, Brennan Little, y finalizó en el puesto 19. Ese momento fue determinante: supo que ya no podía mantener su condición en secreto y decidió volverla pública unos veinte días atrás, en una entrevista con Golf Channel. La idea era aliviar su carga; sentía que gastaba una fuerza innecesaria ocultando su diagnóstico de TPCT (trastorno de estrés postraumático). Haber salido a hablar de lo que estoy enfrentando hace unas semanas, definitivamente me liberó un poco. Me quitó mucho peso de encima. Me permitió enfocar mi energía donde la necesito, y eso es en mí y en cuidarme para poder perseguir mis sueños. Fue como si me diera suficiente impulso para un mejor golpe por ronda o si me diera cinco minutos más que puedo pasar con mis hijos cuando estoy en casa. Esta victoria indica que está funcionando; me ha ayudado, comentó Woodland, cuando el sol del domingo se había escondido. No estaba en condiciones de comentarlo hace un año, lo puedo asegurar, pero por dentro sentía que me estaba muriendo y que estaba viviendo una mentira, amplió. Ahora, Woodland encontró su premio con el inspirador triunfo en el Memorial Park Golf Course, de Houston, donde aventajó al danés Nicolai Hogjgaard tras un total de 21 golpes bajo el par. Este año estuvo marcado por la irregularidad: había superado el corte en tres de sus siete torneos del PGA Tour antes de Houston. Su mejor resultado había sido la semana anterior en el Valspar Championship, donde concluyó en la 14° ubicación. Al comienzo de este año, durante esas cuatro semanas que jugué, estaba pasando por un mal momento, dijo Woodland. Por suerte, tuve una o dos semanas de descanso y pude recuperarme un poco. Luego decidí hablar públicamente (sobre el diagnóstico) y la semana pasada recuperé algo de confianza. Al haber compartido su historia a quien quisiera escucharlo, despejó su mente y empezó a focalizarse más en su swing y su equipo. Bajo la tutela de su coach Randy Smith también entrenador del número 1 del mundo, Scottie Scheffler, Woodland decidió volver a usar sus antiguas varas de hierro, más rígidas. Además, empezó a pegarle a la pelota con más fuerza. Durante varias temporadas, mientras luchaba contra sus problemas de salud, Woodland había empezado a perder velocidad, pero ahora recuperó toda su potencia. Se clasificó en el séptimo puesto en el ranking de distancia de drive en Houston, con un promedio de 321 yardas desde el tee. Randy (Smith) quería que volviera a impactar con fuerza y agresividad, aprovechando mis puntos fuertes. Ha sido un proceso llegar hasta ahí, pero estamos empezando a pegar de nuevo como antes. Sin duda, eso me da confianza, había dicho a principios de semana, casi como un anticipo de su éxito. La victoria en Houston le permite a Woodland ascender al puesto número 51 del mundo su mejor clasificación en cinco años y le da derecho a participar en todos los eventos de élite restantes del PGA TOUR esta temporada. Con la tranquilidad de que la gente ya sabe a lo que se está enfrentando, Woodland destinó parte de su energía en tratar de reducir su ritmo cardíaco, calmar sus pensamientos. Aún así, mi ritmo cardíaco se acelera: tuve una batalla esta semana. Los últimos 10 hoyos el viernes, salí en el 9 y algunas personas detrás de las cuerdas se acercaron a mí y me puse extremadamente hipervigilante, admitió. Y agregó: Si no fuera por la seguridad del Tour y mi guardiaespaldas personal, Zach, esta semana, no habría forma de que esté sentado aquí ahora mismo como campeón del Houston Open. Fui un desastre los últimos 10 hoyos de ese día. Llegué a la zona de scoring donde se firman las tarjetas, Zach se acercó a mí y la seguridad del tour también me calmó. Lloré a mares, pero me reinicié y pude salir adelante, para ocuparme de las cosas después. Gabby, su mujer, la misma que lo aplaudió y lo abrazó en el festejo final, significa un pilar fundamental en su carrera, al igual que sus tres hijos. Su respaldo incondicional le permitirá volver a los majors, después de un año de ausencia, excepto por el US Open en su condición de excampeón: Mi esposa ha sido la roca durante todo esto, no podría hacer logrado esta victoria sin ella y no estaría aquí sin su compañía, porque puede notar cuando estoy desconectado o en un lugar oscuro, como lo que ocurrió el viernes. Cuando terminé, me dijo: Vámonos de aquí y tuve que reiniciarme. Pero tenemos tres hijos en casa también; Gabby los está criando y tratando de cuidarme. Cuando embocó aquel putt final para consagrarse el domingo, su mirada al cielo y esa especie de exhalación resultaron el símbolo de una lucha que le llevó años. Su sentimiento, antes que nada, se asocia con el objeto de agradecer: Tengo la bendición de poder perseguir mis sueños, no hay duda de eso. Sé que es difícil, pero la vida es complicada, ¿no es cierto? Todo el mundo está luchando contra algo. Me dije todo el tiempo que no iba a dejar que esta cosa en mi cabeza ganara. Desde que me diagnosticaron este problema en mi cerebro, todo el asunto era que no iba a dejar que me venciera. Así, Woodland ganó su batalla más difícil.

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