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  • El calvario de Gary Woodland: ganó su primer torneo tras una operación de un tumor cerebral y mientras lucha contra el estrés postraumático

    » Clarin

    Fecha: 30/03/2026 17:40

    Gary Woodland conmovió el domingo al mundo del golf. El estadounidense de 41 años se coronó campeón en el Houston Open y celebró entre lágrimas el quinto título de su carrera en el PGA Tour. Un título extremadamente especial. No porque cortó una sequía de seis años y nueve meses sin festejos en ese circuito: el último para él había sido en el US Open 2019, en el que conquistó su primer y (hasta ahora) único Major. Si no porque fue el primero de su segunda vida, esa que arrancó el 18 de septiembre de 2023 cuando se sometió a una operación para que le extirparan un tumor cerebral. Y porque el triunfo en el campo texano fue mucho más que un triunfo deportivo; significó una batalla ganada en la guerra contra el trastorno de estrés postraumático que sufre debido a la cirugía y que hace que su participación en los torneos, a veces, sea una pesadilla. "Hoy fue un buen día, pero es solo un día más, tengo que seguir sanando. Voy a seguir luchando. Tengo una gran pelea por delante. Pero estoy orgulloso de mí. Todo el mundo lucha contra algo. Me he dicho a mí mismo todo el tiempo que no iba a dejar que esto en mi cabeza ganara. Desde que me diagnosticaron, mi único objetivo era no dejar que ganara. Hoy fue prueba de ello", comentó, muy emocionado, después de embocar un putt para par desde un metro y medio en el último hoyo y sentenciar su victoria. El calvario de Woodland comenzó en abril de 2023 cuando empezó a sentir cada vez más seguido un miedo repentino -sobre todo a la muerte- que no lograba controlar. "Me temblaban mucho las manos. Llamé a mi médico para que me diera algo que me calmara. Le estaba explicando lo que sentía y me dijo que debía hacerme una resonancia magnética. Encontraron algo en el cerebro y mi vida cambió para siempre", recordó a principios de este mes en una entrevista con el canal de televisión Golf Channel en la que reveló la realidad con la que vive desde hace casi tres años. El tumor -que resultó ser benigno- ejercía presión sobre la parte del cerebro que controla el miedo y la ansiedad. Durante algunos meses intentó tratar la lesión solo con medicación, pero tras consultar con especialistas y hablarlo con su familia -sobre todo su esposa Gabby, con quien tiene tres hijos- decidió someterse a una operación. La cirugía fue el 18 de septiembre de 2013 y Gary volvió a competir en enero de 2024, con "una cabeza robótica", como describió, por las placas y tornillos que le pusieron durante la intervención. Pero no era la misma persona ni el mismo jugador. Y en septiembre del año pasado, durante el Procore Championship en Napa, sintió algo extraño mientras jugaba que encendió una nueva alarma. Lo describió como "una sensación de hipervigilancia", en la que los anotadores -que suelen caminar el campo muy cerca de los jugadores para registrar el marcador- o voluntarios que se cruzaban con él le provocaban, de forma inesperada, intensos episodios de miedo o confusión. "Me empecé a agobiar, sentía que me perseguían. Era mi turno de golpear y no podía hacerlo", contó. Y cuando su caddie se acercó a preguntarle qué pasaba, él comenzó a llorar desconsoladamente, sin motivo. "Me pasé el resto del día entrando en todos los baños a llorar...", recordó. Pudo reponerse un poco y completar la vuelta, ocultando las lágrimas en unos anteojos de sol, pero sabía que algo estaba mal. Y tras varias pruebas, llegó el diagnóstico de estrés postraumático severo y la recomendación de dejar de competir para evitar situaciones de mucho estrés que desencadenaran esos episodios. Pero Woodland no quería renunciar al golf. Decidido a continuar con su carrera, buscó la ayuda de terapeutas, se refugió en el apoyo de su familia y llegó a hablar con veteranos del ejército que sufrían el mismo trastorno. Y el PGA Tour comenzó a implementar protocolos de seguridad para que se sintiera más seguro en los torneos. Pero la pesadilla continuó. Hasta que se dio cuenta de que la única manera de empezar a ganar esa batalla era sacando de adentro todo lo que sentía. "Ya no puedo gastar energía ocultándolo, y tengo la suerte de contar con mucho apoyo en el PGA Tour. Cada semana salgo y todos están muy emocionados y felices de que haya vuelto. Lo escucho todas las semanas: es tan agradable que hayas superado esto, es tan agradable verte al cien por cien... y agradezco ese cariño y apoyo. Pero por dentro, siento que me muero, que estoy viviendo una mentira", reveló en la charla con Golf Channel en la previa de The Players. "Hay días en los que es duro: llorar en la cabina de puntuación, correr a mi auto solo para ocultarlo. No quiero seguir viviendo así", agregó. Y luego confesó: "Estaba llorando cuando iba para la entrevista y salí sintiéndome mil kilos más ligero. Literalmente, siento como si me hubieran quitado mil kilos de encima. Tengo una batalla que librar, pero es agradable no tener que hacerlo solo". Gary Woodland didn't just return to the winner's circle @TCHouOpen. PGA TOUR (@PGATOUR) March 30, 2026 He won by FIVE! pic.twitter.com/vBqnnySKxK Contarle al mundo lo que estaba viviendo marcó la diferencia. En el campo del Memorial Park de la ciudad texana, volvió a mostrar su fortaleza física y a golpear con potencia y agresividad. Y se llevó la victoria -y la clasificación al Masters de Augusta- con una tarjeta de 259 golpes, 21 bajo el par, y cinco menos que su escolta, el danés Nicolai Hojgaard. Pero para él el cambio más importante fue el mental, incluso cuando en un momento, durante la segunda ronda en Houston, pensó que las cosas iban a salir mal. "Si no fuera por la seguridad del circuito y mi guardaespaldas, Zach, no estaría acá como ganador. Estaba hecho un desastre los últimos 10 hoyos del viernes. Zach se acercó a mí, la seguridad del Tour era visible, así que los vi y me tranquilizaron. Empecé a anotar y luego en la caseta lloré desconsoladamente, me recuperé y pude volver a salir y ocuparme de todo después", recordó quien usó una zapatillas especiales inspiradas en los dibujos de Ceci, una pequeña paciente del Hospital Infantil de Texas que lucha desde hace siete años con un tumor cerebral. "Ceci y yo pasamos por momentos muy duros. Ella diseñó estas zapatillas para mí y las uso con orgullo", señaló Gay. En el calzado, sobresalía la palabra "coraje", que fue clave para su consagración. "Probablemente sea lo mejor que he jugado nunca. Sabía que físicamente mi juego estaba mejor que nunca. Solo tenía que superar algunas otras dificultades. Al fin y al cabo, es cuestión de confianza", comentó el estadounidense. "Nosotros practicamos un deporte individual, pero hoy no estuve solo. Tengo a mucha gente apoyándome: mi equipo, mi familia y todo el mundo del golf", afirmó, tras quebrarse luego de meter el último putt y desatar el delirio del público. "Estoy agradecido. Tengo la suerte de poder perseguir mis sueños, de eso no hay duda. Sé que es difícil, pero la vida es dura, ¿no?", agregó. "Espero que quienes estén pasando por dificultades me vean y no se rindan. Que sigan luchando". Newsletter Clarín

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