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  • El precio de la guerra: la nafta rompió la barrera de los $2.000, empuja la inflación y acorrala el superávit de Milei : ADN21

    Parana » Adn21

    Fecha: 30/03/2026 16:58

    Por la Redacción de ADN21 El bloqueo de Irán en el Estrecho de Ormuz disparó el crudo a nivel global y el impacto llegó a los surtidores locales con aumentos del 20%. Llenar el tanque ya cuesta más de 100.000 pesos, lo que le pone un piso del 3% a la inflación mensual y deja al Gobierno ante una trampa letal: frenar los impuestos para aliviar los precios o mantener la recaudación que sostiene el relato del déficit cero. La guerra se paga en el surtidor El conflicto bélico en Medio Oriente dejó de ser un título internacional para convertirse en un golpe directo al bolsillo de los argentinos. Con el régimen de Irán bloqueando el paso de buques petroleros en el Estrecho de Ormuz, el barril de Brent saltó la barrera de los 100 dólares, amenazando con llegar a los 200. Esta onda expansiva impactó de lleno en Argentina, donde el litro de nafta ya superó los 2.000 pesos, acumulando una suba del 22% solo en lo que va de 2026. La disparada de los combustibles hace tambalear las dos anclas principales del programa económico de Javier Milei. Por un lado, presiona fuertemente sobre los costos de logística y transporte, sumando hasta 0,6 puntos al Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo y empujando la inflación mensual por encima del 3%. Por el otro, pone a la Casa Rosada frente a un dilema fiscal crítico. El Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) representa hoy casi el 16% del valor en surtidor y se ha convertido en una de las pocas fuentes de recaudación que crece, financiando el tan promocionado superávit. Congelar este tributo en abril para contener el malestar social implicaría resignar ingresos vitales en medio de una caída generalizada de la actividad. Puntos Claves: El impacto de la crisis energética - Efecto Ormuz: El bloqueo iraní redujo el tráfico en el estrecho de 150 a solo 10 buques diarios, disparando el precio internacional del crudo, que pasó de 70 a más de 100 dólares. - Golpe al bolsillo: El litro de nafta en la Ciudad de Buenos Aires superó los 2.000 pesos. Llenar un tanque estándar de 50 litros pasó de costar 80.450 pesos a superar la barrera de los 100.000 pesos. - Motor inflacionario: Cada 10% de aumento en los combustibles suma unos 0,4 puntos porcentuales a la inflación mensual. El ajuste de marzo le pone un piso alto al IPC, alejando la meta de desinflación del Gobierno. - La trampa del superávit: El ICL y el tributo al CO2 explican casi el 17% del precio final. Aunque la ley marca que esos fondos deben ir a las provincias y a infraestructura, la administración nacional los retiene para sostener el superávit fiscal. - Desfasaje regional: A pesar de tener a Vaca Muerta, Argentina paga la nafta a un promedio de 1,43 dólares el litro. Países vecinos sin producción petrolera de escala, como Paraguay, sostienen valores mucho más bajos (0,90 dólares). Opinión de ADN21: Exportar la riqueza, importar la crisis En ADN21 venimos marcando con insistencia que el tablero geopolítico está roto y que la onda expansiva golpearía indefectiblemente a la Argentina. Hace pocas horas analizábamos cómo Paolo Rocca decidía hundir 2.400 millones de dólares en Vaca Muerta, buscando un refugio seguro para su capital lejos de los misiles de Medio Oriente. Hoy, la otra cara de esa moneda la paga el ciudadano de a pie cada vez que carga combustible. La suba de la nafta a más de 2.000 pesos expone la contradicción más cruel del modelo energético nacional. Mientras los grandes grupos económicos celebran los beneficios del RIGI para exportar el crudo neuquino y aislarse del colapso internacional, el mercado interno absorbe de lleno el shock externo de la guerra. Pagamos precios de un conflicto en el que no participamos, inflados además por una carga impositiva brutal (ICL) que el Gobierno se niega a coparticipar, utilizándola como caja chica para dibujar su superávit fiscal. El relato de la macroeconomía ordenada choca contra la microeconomía fundida. Otros países, como Brasil, decidieron aplicar herramientas estatales para desacoplar sus precios internos de la crisis global y proteger a su población. Aquí, en cambio, se eligió el camino opuesto: el ajuste lo paga el usuario en el surtidor, financiando simultáneamente la guerra en Medio Oriente y la planilla de Excel del Ministerio de Economía.

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