30/03/2026 11:57
30/03/2026 11:52
30/03/2026 11:52
30/03/2026 11:52
30/03/2026 11:52
30/03/2026 11:52
30/03/2026 11:52
30/03/2026 11:52
30/03/2026 11:52
30/03/2026 11:52
Parana » Ahora
Fecha: 30/03/2026 10:13
Perforaciones Alguien levantó un hacha de utilerÃa, tiró chispazos con la lengua y un grupo de giles lo ovacionó. Falta solo un anzuelo para desarmar el cardumen. Asà levantaron la red y los peces que mordÃan del barro quedaron con las muelas abiertas. Todas las rutas anuncian muertes. Todas las universidades van quedando lejos. La proyección de la vejez digna se acomoda en el fondo de un aljibe. Las madres de hijxs con alguna discapacidad izan a diario la bandera de la derrota. La época empuja a no poder pensar. Sufrir las consecuencias es demasiado tormento como para sumarse además el trabajo intelectual de analizar qué nos pasa. ¿Nos pasa? Se desarticula la percepción de nosotrxs. No habitamos el plural porque nos desparramaron con finalidad maquiavélica. Aún asÃ, hay antorchas. Adorni es un hueco por donde asomamos el morbo, de fondo un agujero más grande: el caso Libra. La anticasta encastada en la obscenidad. Cualquier burlón puede mear la cara de las presas que coletean fuera del agua. Mientras lxs docentes marchan a contraturno. Esquivan el descuento por paro. Un derecho menos y una treta para evidenciar la chantada. Están obligados por corbatas flojas que se acomodan en despachos y determinan qué vida de mierda le toca a quién. La silla con rueditas giratorias está valuada en varios millones. No hay dinero para que quienes dan clases puedan llegar a vivir dignamente. Hay para el lujo de ser funcionario o ministro, cambiar un foco en cuatro horas cotiza bien. Lo dicen con risa por televisión. Si enloquecés de la desesperación te espera un bot de inteligencia artificial para sobrellevar los traumas. Simone Weil en los años treinta se metió a trabajar en una fábrica metalúrgica para pensar las condiciones de la clase. Vivió la clase para escribirla. El cuerpo a disposición de la historia en su estado presente. Escribió el Diario de fábrica, anotó el dolor en los ojos, la fuerza impuesta con herramientas que fue aprendiendo a manipular. Después el compromiso de escribirlo para dejar testimonio. ¿En qué nos convertimos si nos mantenemos indiferentes? Estando en la fábrica, confundida a los ojos de todos y a mis propios ojos con la masa anónima, la desgracia de los otros entró en mi carne y en mi alma. Pienso en la urgencia de las motitos de entregas a domicilio. Los semáforos cruzados en rojo. El desvalor de la vida en la inmediatez de llegar a tiempo a costa de perderlo todo. Eso cuando hay tan poco. Apenas un motorcito y la propina. La cabeza puesta sobre el esqueleto pero estallada por dentro. O fuera del casco pero desparramada en el cemento. No son atractivas las opciones. Son las reales. ¿Qué pasa si nos corremos de nuestros dramitas Ãntimos?
Ver noticia original