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» Clarin
Fecha: 30/03/2026 10:08
El conflicto en Medio Oriente comenzó a tener efectos concretos sobre los costos del productor, principalmente a través del encarecimiento del gasoil y de los fertilizantes, de acuerdo con un análisis de la Sociedad Rural Argentina (SRA), que impactan tanto en la campaña en curso como en la planificación de la próxima siembra. Uno de los principales focos de tensión se ubica en el Estrecho de Ormuz, un nodo estratégico por donde circula aproximadamente el 25% del comercio mundial de petróleo. La reducción del tránsito marítimo en la zona elevó los riesgos logísticos y presionó al alza los precios internacionales de la energía. En las primeras semanas tras el inicio del conflicto, el barril de petróleo registró subas de entre 42% y 50%, marcando el pulso de un mercado altamente sensible a las disrupciones geopolíticas. Este movimiento tuvo un correlato inmediato en el mercado local de combustibles. En Argentina, el precio del gasoil grado 2 (el que se utiliza para las máquinas agrícolas) aumentó un 22% entre fines de febrero y la tercera semana de marzo, pasando de $1.775 a $2.166 por litro. Para el sector agropecuario, este incremento llega en un momento crítico: la cosecha gruesa, donde el combustible es un insumo central tanto para las labores como para el transporte de la producción. En este sentido, según el último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la superficie cosechada de maíz alcanzó el 15% de las casi 8 millones de hectáreas sembradas, mientras que la de soja todavía queda la totalidad (17,6 millones de hectáreas) por trillar. A su vez, el impacto del gasoil también se canaliza a través de los costos logísticos. Continuando con el trabajo de la Sociedad Rural, el combustible representa cerca de un tercio del costo del transporte de cargas, por lo que una suba de esta magnitud se traduce en incrementos estimados de entre 6% y 7% en los fletes agrícolas. Además, el efecto no es uniforme en todo el país: cuanto mayor es la distancia a los puertos de exportación, mayor es el impacto sobre los costos por tonelada. En términos concretos, un establecimiento ubicado a 300 kilómetros de los puertos enfrenta un aumento del flete de unos 3 dólares por tonelada, mientras que en distancias de 800 kilómetros el incremento asciende a 4 dólares y puede llegar a 5 dólares por tonelada en zonas a 1.100 kilómetros. El encarecimiento del transporte también repercute en el precio que recibe el productor. En el caso de la soja, el costo del flete pasa de representar un 11% a un 12% del valor final en destinos cercanos, mientras que en cultivos como maíz y trigo más dependientes del componente logístico esa incidencia se ubica entre el 20% y el 22%, amplificando el impacto sobre los márgenes. El segundo gran canal de transmisión del shock internacional es el mercado de fertilizantes, particularmente los nitrogenados. La urea registró un aumento superior al 36% en el mercado internacional en apenas tres semanas. A nivel local, la suba fue aún mayor, alcanzando el 42%, con precios que pasaron de 530 a 750 dólares por tonelada. En este punto, un informe de la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (CIAFA) aporta contexto sobre la relevancia del insumo en el país. La importación de urea en Argentina promedia en los últimos cinco años unas 1,16 millones de toneladas, volumen que se complementa con una producción local cercana a 1,2 millones de toneladas, principalmente a cargo de Profertil. Esto evidencia que, si bien existe una base productiva doméstica, el mercado continúa fuertemente integrado al comercio internacional. Asimismo, CIAFA señala que la principal fuente de abastecimiento externo proviene de los países del Golfo Pérsico y Egipto (35% del total), regiones directamente afectadas por el actual conflicto. En los últimos años también ganó participación Nigeria, seguida por Argelia, mientras que Bolivia aparece como proveedor eventual. Esta concentración geográfica de la oferta explica la rápida reacción de los precios ante cualquier alteración en esa zona estratégica. La SRA explica que el comportamiento de la urea responde, en gran medida, al incremento del precio del gas, principal insumo en su producción, y a la sensibilidad del mercado ante restricciones logísticas. A esto se suman factores internos como la recomposición de precios, la disponibilidad del producto y los mayores costos de transporte. A diferencia de la urea, otros fertilizantes mostraron variaciones más moderadas: los fosfatados registraron subas marginales -4,6% en el caso del DAP y 1,5% en el MAP-, mientras que el potasio se mantuvo prácticamente sin cambios. En este contexto, los precios internacionales de los commodities tuvieron impactos dispares. En el caso de la soja, siguiendo con el informe de la SRA, el incremento fue del 34% (en un mercado volátil) mientras que el calor del maíz permanece prácticamente estable. Frente a este escenario, el Gobierno nacional avanzó con medidas para otorgar mayor flexibilidad en el uso de biocombustibles y así bajar la presión en los surtidores. A través de la Resolución 79/2026, se habilitó a las refinadoras a incorporar de manera voluntaria hasta un 15% de bioetanol en las naftas, sin modificar el corte obligatorio vigente ni imponer nuevas exigencias. En tanto, la normativa no introduce cambios en el régimen del biodiesel, ya que el gasoil ya contempla mezclas de hasta el 20%, lo que en los hechos ofrece un margen previo para amortiguar subas en este segmento. De cara al futuro, la SRA advierte que el impacto dependerá de la duración del conflicto. En el corto plazo, el principal efecto se concentra en el aumento del gasoil, que encarece las tareas de cosecha y el transporte de granos. Sin embargo, si el escenario se prolonga, el foco se trasladará progresivamente hacia los fertilizantes, afectando de manera más profunda la ecuación económica de la campaña fina 2026/27. Las estimaciones indican que, bajo las condiciones actuales, los costos de producción del trigo podrían incrementarse entre un 9,5% y un 11%, dependiendo de la distancia a puerto. En términos absolutos, esto implica un aumento de alrededor de 58 dólares por hectárea, explicado principalmente por la suba de la urea, que aportaría unos 39 dólares adicionales, y por el mayor costo del gasoil y los fletes, que sumarían otros 19 dólares. Sobre la firma Newsletter Clarín
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