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    » Clarin

    Fecha: 30/03/2026 06:23

    El trend o tendencia 6-7, que se pronuncia six-seven, es un meme viral muy popular en TikTok. Dicho esto, no tiene un significado literal: es un código generacional, un comodín que no tiene sentido, un guiño absurdo surgido de una canción de un rapero, representando un fenómeno cultural juvenil, con origen en EE.UU. alcance global y llegada hasta nuestras costas. A una pregunta como ¿Qué hora es? o ¿Cómo estás?, se puede responder six seven, que significa absolutamente nada. El trasvasamiento cultural a través de internet y dispositivos móviles está aquí, se los presento: vacío, opiáceo y sin sentido. Si solo fuera esto, quizás podríamos seguir scrolleando sin parar, pero es mucho más, mucho más. Semanas atrás, Ari Kytsya fue invitada como speaker ante 1200 estudiantes de Psicología en la Universidad de Washington y lamentó mucho no haber tenido vodka a mano para agregarle al café durante su ponencia. Esta influencer de TikTok y estrella de OnlyFans fue invitada a hablar sobre el lado menos visible de la construcción de una carrera digital, desde la estrategia y la gestión de la marca hasta el trabajo emocional que implica mantener una identidad online, el espíritu emprendedor en los espacios de creación, la volatilidad de los ingresos y las consecuencias a largo plazo de trabajar en contenido para adultos. El problema es que toda la trayectoria de esta influencer se funda en promocionar su estilo de vida OnlyFans entre adolescentes, proponiéndoles incursionar en la vida de creadoras de contenido para adultos, promoviendo e idealizando el trabajo sexual como un vehículo para un estilo de vida de lujo. Su contenido indica que las chicas deben sexualizarse a una edad más temprana para lograr ese mismo tipo de vida. Eso no es educación, es marketing, y es daño cultural. Pero, como si la deformación de una parte de lo que llamamos cultura no fuera hostil, peligrosa y ausente de toda ética, resulta que el aspiracional sostenido en una pantalla de smartphone se ha salido del control de las fronteras políticas, quizás de manera deliberada. Todo lo que ansiamos, proyectamos, planeamos y pensamos, e incluso aquello que aún no expresamos, está allí y la industria lo sabe. Los algoritmos nos procesan y han decidido sobre nuestro futuro, incluso por encima de las capacidades de los gobiernos. Este factor es especialmente intenso cuando se trata de dictaduras o sistemas con deficiente calidad democrática. VenApp fue lanzada originalmente por el dictador Maduro en 2022 como una aplicación híbrida que integraba un servicio de mensajería con una línea de ayuda para que la población informara problemas con los servicios públicos, como cortes de luz y de agua. Maduro solicitó a las Fuerzas Armadas la creación de una nueva aplicación para que la población denuncie todo lo que oyera o leyera. Nuestra conducta, información, relaciones y vida social están allí. Alguien o algo inoculó la necesidad de entrelazar nuestro ADN con una pequeña pantalla; tanto así, y tan simbiótico es este logro, que algunas administraciones, como la de EE.UU., podrían requerir a los visitantes que proporcionen información y acceso a sus redes sociales de los últimos cinco años para ingresar al país, según una nueva propuesta de la administración Trump. Distintos gobiernos se han interesado en conocer e investigar a usuarios y sus actividades que podrían afectar la seguridad de ciudadanos, la cultura, el gobierno o las instituciones, e incluso influir en su forma de pensar. La adicción a las pantallas facilita el bombardeo de mensajes nocivos, irreales, superficiales, en ocasiones deshonestos y muchas veces faltos de ética. Niños y jóvenes repiten como un dogma contenidos virales que se incrustan en la cultura y la ajustan y moldean en beneficio de vaya a saber quién o quiénes. Ahora, esta sumisión actúa como un control silente e invisible que condiciona nuestras acciones y, quizás, nuestros pensamientos. Sobre la firma Newsletter Clarín

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