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Fecha: 30/03/2026 06:02
Durante meses, nadie sospechó que detrás de la apariencia de una persona tranquila y perfil bajo como Mark Twitchell se escondía una obsesión peligrosa. Era un joven canadiense con aspiraciones artísticas, fanático del cine y decidido a encontrar su camino como director. Pero en paralelo, desarrollaba una fijación cada vez más intensa con la serie Dexter, protagonizada por un asesino serial que llevaba una doble vida: forense de día, homicida meticuloso de noche. Lo que comenzó como una admiración por la narrativa y el personaje interpretado por el actor Michael C. Hall fue mutando en algo más oscuro. Twitchell no solo consumía la serie, sino que estudiaba sus detalles: los métodos, la planificación, la frialdad. En su mente, la ficción empezó a mezclarse con la realidad. Y pronto decidió que no quería limitarse a mirar: quería experimentar. Antes de convertirse en protagonista de uno de los casos más perturbadores de Canadá, Mark Twitchell era visto como un joven común, aunque con aspiraciones poco convencionales. Nació en ese mismo país y desde chico mostró un interés particular por el cine, la ciencia ficción y las historias oscuras. Su sueño era convertirse en director y hacer sus propias películas, por lo que dedicaba gran parte de su tiempo a escribir guiones, filmar escenas y desarrollar proyectos audiovisuales de bajo presupuesto. Entre sus trabajos más conocidos, se encontraba una parodia del universo de Star Wars, donde combinaba humor con acción. También participaba activamente en comunidades online y foros vinculados al cine y la cultura pop, donde compartía sus producciones y buscaba reconocimiento. Su entorno lo describía como alguien reservado, metódico y muy enfocado en lograr su objetivo. Si bien no tenía un perfil violento, sí tenía una personalidad introspectiva, por lo que solía aislarse constantemente. Esa intensidad, que en otro contexto podía parecer creatividad o dedicación, fue adquiriendo con el tiempo un costado más inquietante. El crimen planificado como un guión En 2008, Twitchell, que en ese momento tenía 29 años, comenzó a dar forma a su plan. Alquiló un garaje en el que construyó una especie de set improvisado. No era casual: lo acondicionó como si fuera una escena de filmación, pero con un objetivo muy distinto. Allí, colocó plásticos, herramientas y todo lo necesario para ejecutar un crimen sin dejar rastros. Para atraer a sus víctimas creó perfiles falsos en Internet, donde se hacía pasar por una mujer interesada en conocer hombres, una estrategia que le permitía generar confianza rápidamente. Así contactó a varios hombres, entre ellos a John Brian Altinger, un hombre de 38 años que trabajaba como inspector de control de calidad. El 10 de octubre de 2008, Altinger acudió al encuentro sin sospechar que estaba entrando en una trampa. Antes de llegar, le envió la dirección a sus amigos y les contó que se iba a ver con una mujer con la que venía chateando desde hacía un tiempo. La cita era en el garaje que Twitchell había preparado, ya que él intentó sorprenderlo siguiendo un método inspirado directamente en la serie: atacarlo por sorpresa y reducirlo rápidamente. Sin embargo, no todo salió exactamente como esperaba porque hubo un forcejeo que casi arruina sus planes. Aún así, Twitchell logró imponerse a golpes y asesinó a puñaladas a Altinger. Después, Mark intentó quemar el cuerpo pero no tuvo éxito, por eso lo descuartizó y metió los restos en varias bolsas de basura, que luego tiró a una alcantarilla pluvial en la ciudad de Edmonton, en Alberta. Durante días, usó el auto de la víctima y su computadora para enviar mensajes y simular que seguía con vida. Pero el crimen no había sido perfecto y ese sería su principal error. Las pistas que desarmaron la coartada La desaparición de Altinger encendió las alarmas. Sus amigos notaron comportamientos extraños en los mensajes que supuestamente él mandaba. Había inconsistencias y cambios en su forma de escribir. Supuestamente, John afirmó que su cita lo había llevado a unas vacaciones prolongadas en Costa Rica y días después, envió su renuncia al trabajo por mail. Sus amigos comenzaron a preocuparse y decidieron entrar a su casa de manera ilegal. Allí, encontraron su pasaporte, platos sucios y ninguna señal de que se hubiera ido de viaje. Luego de ello, presentaron la denuncia a la Policía de Edmonton y se inició una investigación. La policía comenzó a investigar y rápidamente detectó que algo no cerraba. Finalmente, el rastreo digital llevó a los investigadores hasta Mark Twitchell. El sospechoso declaró y dijo que había conocido a Altinger por casualidad y que lo vio acompañado de una mujer adinerada que lo iba a llevar a Costa Rica. Como ya no iba a necesitar su auto, se lo vendió por una suma de 40 dólares, ya que era el único dinero en efectivo que tenía encima. Esta versión fue difícil de creer para los investigadores, por lo cual la Justicia ordenó un allanamiento en su casa. El punto de quiebre llegó cuando analizaron el material encontrado en su computadora. Allí descubrieron un documento que sería clave: un archivo titulado SK Confessions (confesiones de un asesino serial). No era un simple texto, sino una especie de diario detallado en el que Twitchell describía, paso a paso, cómo había planeado y ejecutado el crimen. Los investigadores contaron después que el nivel de detalle era escalofriante. En esas páginas, el acusado narraba sus pensamientos, sus intentos previos fallidos y su deseo de perfeccionar el método. Incluso hacía referencias directas a Dexter, confirmando la influencia que la serie había tenido en su accionar. Además, los investigadores encontraron rastros de sangre en el garaje y otras pruebas que lo vinculaban directamente con la escena del crimen. La evidencia era contundente. El juicio Twitchell fue detenido y acusado de asesinato en primer grado. Durante el juicio, intentó argumentar que el documento era ficción, una especie de guion creativo, pero esa versión no logró convencer a la fiscalía. Ese escrito empezaba con unas primeras palabras que, considerando la magnitud del crimen, resultaron perturbadoras: Esta historia se basa en hechos reales. Los nombres y los acontecimientos se modificaron ligeramente para proteger a los culpables. Esta es la historia de mi transformación en un asesino en serie. En su defensa, Twitchell reconoció que había matado a Altinger pero dijo que lo había hecho en legítima defensa. A pesar de ello, el 12 de abril de 2011, el tribunal declaró culpable a Mark Twitchell y lo condenó a prisión perpetua sin posibilidad de libertad condicional durante al menos 25 años. Después de que la fiscalía consiguiera la sentencia, pidió que Twitchell fuera juzgado por otro supuesto ataque: el intento de asesinato a Gilles Tetreault, un contratista de una empresa informática que aseguró haber sido atacado por el hombre. En su denuncia, afirmó que Twitchell lo había contactado a través de un sitio web de citas haciéndose pasar por una mujer llamada Sheena. Una vez que llegó al lugar en el que habían pactado el encuentro, fue atacado por un hombre que llevaba una máscara de hockey y un arma de electrochoque. Asimismo, dijo que luego de una violenta pelea, Tetreault logró escapar aunque no denunció el hecho porque estaba avergonzado. A pesar de las pruebas que presentó la fiscalía, el tribunal desestimó el cargo y finalmente lo retiró. Leé también: Asesinó a sus padres para hacer una fiesta con 60 personas en su casa: el parricidio que conmocionó a EE.UU. Tras la amplia cobertura mediática que tuvo el caso, Michael C. Hall, el actor que interpreta al protagonista de la serie Dexter, habló sobre el hecho en una entrevista y dijo: No dejaría de hacer Dexter solo porque a alguien le fascinara de esa manera. Intento convencerme de que su naturaleza obsesiva lo habría provocado de una forma u otra, pero parece que Dexter tuvo algo que ver. Es espantoso.
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