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  • Del banco a las vacas: la reinvención de Luis Otero Monsegur, el empresario que le vende 6000 toneladas de carne a Noruega

    » La Nacion

    Fecha: 29/03/2026 16:32

    Hay decisiones que no solo cambian un rumbo profesional, sino que redefinen una vida entera. La de Luis Otero Monsegur fue una de ellas. A los 80 años, repasa su historia y encuentra un recorrido marcado por giros profundos. Abogado de formación, expresidente de un banco y hoy referente de la ganadería argentina, su recorrido condensa una transformación poco habitual: dejar el mundo financiero y apostar de lleno a la producción agropecuaria. Nací en Buenos Aires y estudié en el Colegio San Andrés, donde me recibí en 1963. De ahí directamente ingresé a la UCA a la carrera de abogacía y me recibí en 1970, recuerda a LA NACION sobre sus primeros pasos. Vengo de una familia de abogados, mi padre, mis abuelos, todos eran abogados y yo también, dice, como quien repasa una herencia inevitable. El estudio jurídico familiar fue su primer paso aunque no tardó en buscar su propio camino. Eran tiempos de la dictadura del Proceso de Reorganización Nacional y con otros jóvenes abogados apostaron a un proyecto ambicioso. Creían en una Argentina que crecería y para la cual había que estar preparados. Así lo hicimos, éramos 15 y participamos en algunos proyectos importantes, cuenta sobre ese impulso juvenil, compartido con colegas. Era una apuesta al futuro que no llegó. Fue una enorme desilusión, ese proyecto de desarrollo nunca se produjo, admite, sin rodeos. El país no acompañó y, con esa frustración, comenzó a mirar hacia otro horizonte. El giro hacia el sistema financiero llegó después. Decidí alejarme de la profesión e ingresé en el directorio del Banco Francés del Río de la Plata, cuenta. Allí, desarrolló una carrera sólida hasta alcanzar la presidencia. Pero nuevamente el contexto macroeconómico iba a marcar un quiebre. Señores, nosotros no estamos dispuestos a asumir riesgos bancarios. Aquí, los bancos tienen que ser grandes y potentes y ustedes son un banco familiar, no tienen futuro, recuerda que le dijeron en una reunión en el Banco Central tras la crisis mexicana desatada en 1994. Sin embargo, otra vez el contexto macroeconómico marcaría el rumbo. La escena le quedó grabada. Nos miramos con mi padre y dijimos vendamos el banco, relata. La operación se concretó en tiempo récord y en apenas tres meses, la entidad bancaria cambió de manos con la venta al Banco Bilbao Vizcaya. La salida no fue sencilla en lo personal. A mi padre fue como sacarle un hijo y para mí fue, entre otras cosas, quedarme sin trabajo, resume. El cierre de esa etapa abrió una pregunta inevitable: qué hacer con el futuro. La semilla del cambio, sin embargo, ya estaba plantada. En 1983 había adquirido un campo ganadero en Entre Ríos, impulsado por la insistencia de una familia amiga que incluso le aportó vacas bajo un esquema de capitalización. Todavía inmerso en su carrera bancaria, por ese entonces, lo vivía como un hobby, un refugio de fin de semana. Sin saberlo, ese establecimiento, El Charabón, terminó siendo el punto de partida de su nueva vida. Pero el verdadero cambio llegó en 1996. Me dije ¿qué hago? Lo que tenía en claro es que no quería volver al sistema financiero y tomé una decisión clave: irme al sector agropecuario", detalla. No había plan maestro ni experiencia acumulada, solo una decisión. Los primeros pasos no fueron fáciles y con sinceridad reconoce que le ha sido difícil encontrar buenos maestros en el negocio ganadero. La curva de aprendizaje fue intensa, construida sobre la práctica cotidiana y el ensayo constante. En ese proceso, comprendió que se requería un conocimiento minucioso de cada lote, cada alambrado, cada detalle productivo. Con el tiempo, empezó a profesionalizar la estructura y a rodearse de equipos técnicos sólidos. La expansión lo llevó a distintas zonas, desde Entre Ríos hasta el sudoeste bonaerense, donde consolidó un esquema diversificado con campos especializados en cría, recría, agricultura y terminación (feedlot). Uno de los hitos fue la compra de Santa Irene, en Corrientes. Son 15.000 hectáreas. Ahí no tenía ninguna alternativa, solo era ganadería, explica. Ese campo se transformó en el corazón de su proyecto genético. La elección de la raza Braford también tuvo influencia externa. Me entusiasmé entre dos braforistas potentes, con la sensación de que si estos dos estaban metidos en esa raza, tenía que ir por ahí, dice, en referencia a los criadores de Braford muy cercanos, los Pereda y los Born. Con el tiempo, la genética pasó a ser el eje del negocio. Lo que te genera el vínculo fuerte es la genética. En 20 años la evolución del rodeo fue impresionante, dice. Con el paso de los años, el rodeo fue ganando en calidad, fortaleciendo un perfil de excelencia apalancado en la genética, con la premisa de trasladar esos avances a toda la hacienda propia. En 2015 ganó el premio a la Excelencia Agropecuaria LA NACION-Galicia como mejor cabañero y en 2019 con el negocio de genética. Sin embargo, las cucardas en las pistas se hicieron esperar. En 2003 fui presidente de la asociación, pero recién en 2019 empezamos a recibir premios en exposiciones, con Princesa como Gran Campeona de la raza en Palermo. Ese fue un año muy importante, estos reconocimientos son una caricia al alma y una motivación para el equipo para el año siguiente. Ahí los criadores de la raza nos empezaron a mirar de otra manera, rememora. Hoy, el sistema productivo refleja esa evolución. A través de Ganagrin SAAG, la compañía se afianzó con un esquema que combina agricultura, ganadería y genética bovina sobre una base de 37.000 hectáreas propias distribuidas entre Guaminí, Pehuajó, Tapalqué y General Villegas (Buenos Aires), Chavarría (Corrientes) y Gualeguaychú y Sauce de Luna (Entre Ríos), a las que se suman campos arrendados. Con más de tres décadas de trayectoria, el sistema articula la producción de granos con la de carne vacuna, con una participación equilibrada de ambos negocios en la facturación. En agricultura, opera unas 12.000 hectáreas con cultivos tradicionales como maíz, trigo, soja, cebada y girasol, junto con especialidades como maíz pop corn, arveja y girasol alto oleico, además de la multiplicación de semillas. A esto se suman otras 5000 hectáreas destinadas a la producción de forrajes para abastecer la ganadería. El componente ganadero, por su parte, está organizado bajo un esquema de ciclo completo que abarca desde la cría hasta la terminación de los animales. La empresa maneja un rodeo cercano a las 12.000 madres y produce alrededor de 10.000 novillos por año, con destino mayoritariamente exportador. El sistema incluye distintas etapas distribuidas en campos especializados: la cría en Corrientes y el oeste bonaerense, la recría diferenciada de machos y hembras, y la terminación en feedlot, lo que permite optimizar cada fase del proceso productivo: ganar eficiencia y reducir costos. Uno de los pilares centrales del crecimiento de Ganagrin fue el desarrollo de la genética bovina. A través de la cabaña Santa Irene, la firma evolucionó desde la producción comercial hacia un esquema de genética de élite, con foco en Braford. Allí se generan reproductores, hembras, semen y embriones, con el objetivo no solo de posicionar la marca, sino también de mejorar de manera continua el propio rodeo. Con un eje exportador, hace un tiempo realizaron un convenio que está en pleno desarrollo con el Frigorífico Arrebeef, donde venden ese novillo pesado de más de 500 kilos a Noruega. Hacemos unos 10.000 novillos (6000 toneladas por año) para ese país y para cumplir con los compromisos estamos sacando aproximadamente entre 800 y 1000 novillos por mes, cuenta. En paralelo a su desarrollo ganadero, Otero Monsegur consolidó su participación en San Miguel, la citrícola tucumana en la que ingresó en 2002 como accionista minoritario y que luego controló junto al grupo Miguens. Frente a problemas logísticos y la volatilidad del negocio de fruta fresca, la empresa se reconvirtió hacia la industrialización de jugos, aceites esenciales y cáscara deshidratada, con inversiones, reestructuración y expansión en Uruguay y Sudáfrica. Hoy procesa unas 350.000 toneladas anuales, es líder global en derivados del limón y la compañía quedó en manos de sus hijos. Al menos una vez por semana, Otero Monsegur recorre alguno de sus establecimientos. Con una mirada reflexiva sobre su trayectoria, reafirma que no se equivocó de rumbo: el camino elegido fue el correcto. Lamento no haber empezado aquí mucho antes, lamento no haber sido agrónomo, finaliza.

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