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  • Las alternativas al castigo fomentan el desarrollo emocional en la infancia, según una psicóloga experta

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 29/03/2026 16:32

    La discusión sobre la disciplina infantil se centra en una pregunta clave: ¿evitar el castigo puede mejorar la relación con los hijos sin perder autoridad? El pódcast de psicología parental Good Inside, conducido por la psicóloga infantil especializada en disciplina positiva Becky Kennedy y la empresaria experta en crianza afroestadounidense Myleik Teele, aborda este dilema, cuestionando los modelos tradicionales de autoridad en el hogar. Según lo expuesto por las profesionales, no existe prueba que relacione de manera directa una crianza sin castigos con la permisividad excesiva. Por el contrario, evitar el castigo fortalece el liderazgo parental y promueve la responsabilidad familiar, manteniendo límites claros y respeto mutuo. Kennedy advierte que la mirada de otros adultos presiona para intervenir y la voz interna exige firmeza para no parecer permisiva. Teele agrega que, si no deja clara su autoridad, siente que falla como madre. Estas sensaciones reflejan la presión social sobre quienes priorizan estrategias sin castigo ante conductas desafiantes. El origen cultural de los límites y el temor a perder autoridad Ambas especialistas coinciden en que el temor a perder autoridad surge de modelos heredados de disciplina. Kennedy explica que la creencia de que no intervenir implica falta de control se transmite de generación en generación, lo que motiva el uso del castigo como herramienta para evitar que los hijos se salgan con la suya. Pienso que si cedo ante ciertas cosas, se interpreta como falta de fortaleza. Hay una presión constante, porque parece que siempre debemos tener el control, sostiene Teele. La percepción de autoridad parental varía según la edad de los hijos: el llanto de un bebé no se ve como desafío, pero la desobediencia en la niñez o adolescencia sí. En estos momentos, la urgencia por demostrar autoridad y corregir se intensifica. Poder, disciplina y dinámicas familiares: el peso de la tradición El análisis en Good Inside explora cómo se entrelazan poder, disciplina y miedo en la dinámica familiar y social. Kennedy recuerda que muchos sabían que sus padres eran más fuertes, sentían temor y seguían ciertas reglas mientras vivían bajo su techo. La disciplina basada en el miedo genera obediencia temporal, pero no necesariamente aprendizaje ni regulación emocional. En familias afrodescendientes, Teele señala que el castigo suele interpretarse como una forma de protección frente a un entorno hostil. Para muchas familias, castigar es una forma de mantener seguros a sus hijos ante un entorno injusto. Si no impongo consecuencias claras, ¿cómo aprenderán a protegerse en situaciones más peligrosas fuera de casa?, afirma. El impacto emocional del castigo y la búsqueda de nuevas estrategias Kennedy reconoce la importancia de preparar a los niños para interactuar con figuras de autoridad externas, pero señala los límites del castigo como método de aprendizaje. Cuestiona si esta vía realmente prepara para la vida, o si solo enseña a reprimir emociones, lo que puede traducirse en estallidos de rabia en la adolescencia. Teele busca que su hijo aprenda a identificar y expresar emociones para mantenerse seguro, aunque admite que le preocupa si, sin castigo, él comprenderá la autoridad. Kennedy enfatiza que la competencia emocional se desarrolla con guía y práctica. Mis padres decían, si me avergüenzas, te avergüenzo yo. Esa reciprocidad emocional define la tradición disciplinaria para muchos, recuerda. Alternativas al castigo: cómo establecer límites desde la empatía Frente a la creencia de que no castigar implica ausencia de límites, Kennedy propone alternativas basadas en la conexión y el liderazgo parental activo. Puedo decirle a mi hijo eso no está bien sin recurrir al castigo. No necesito causarle la misma incomodidad emocional que yo siento, asegura en Good Inside. En ese sentido, Teele apoya este enfoque y resalta que, incluso en situaciones embarazosas, no ve necesario aislar ni sancionar materialmente a su hijo, sino dejar claro su desacuerdo. Ambas identifican el efecto inmediato de los castigos: Hay algo en decir una semana sin postre. Es como canalizar nuestra frustración sobre el niño. Pero ese modelo replica lo vivido durante la infancia. Experiencias reales: el valor del acompañamiento y la paciencia Teele ejemplifica con una situación: inscribió a su hija en clases de baile, pero la niña no quiso participar. En vez de castigarla, permitió que observara hasta que se sintiera cómoda; tiempo después, la niña disfrutaba de la actividad. Kennedy recomienda convertir los conflictos cotidianos en oportunidades de diálogo y colaboración, como anticipar y conversar sobre las dificultades matutinas para encontrar soluciones conjuntas. No establecer castigos no implica la ausencia de límites. El liderazgo consiste en guiar con calma, persistencia y validando la experiencia emocional del niño. Es lo opuesto a la reacción impulsiva que caracteriza el castigo, cierra Kennedy.

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