Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Maritchu Seitún, especialista en crianza: El mensaje de la sobreprotección es vos no podés y perjudica la autoestima de los hijos

    » La Nacion

    Fecha: 29/03/2026 09:47

    A medida que crecen, los chicos van haciendo pequeños despegues de sus padres, y es importante que los adultos entendamos que parte de nuestra tarea es facilitarlos, reconociendo el valor que tiene para ellos una autonomía creciente. Esto implica confiar en su capacidad para lograrlo y también en la nuestra para acompañarlos y enseñarles, despidiéndonos con cierta nostalgia de cada etapa que termina pero da lugar a otra nueva, igual de maravillosa. Al procesar su propio duelo, los adultos pueden acompañar el de los niños y adolescentes, ya que crecer es maravilloso, pero también duele. Busquemos que crecer sea, para ellos y para nosotros, una celebración y no una penitencia ni una amenaza; que no despierte miedo, ni duela más de lo inevitable (que pueden procesar a nuestro lado). Las oportunidades para los sucesivos despegues son muchas y, por diferentes razones, a menudo no las favorecemos, dejamos que se acumulen, pero en algún momento la realidad nos fuerza y tenemos que hacer varios a la vez, en lugar de hacer pequeños cambios graduales a medida que crecen. Veamos un ejemplo de cómo suele ocurrir: un niño duerme con sus padres en la cama grande. Cuando nace el hermanito, la situación se complica, porque ya no están cómodos todos en la misma cama. Además, seguramente ese niño esté adaptándose al jardín de infantes mientras intentan que duerma en su cuarto y en su propia cama. A eso se agrega que la odontóloga les dijo que deje el chupete porque se le están torciendo los dientes, y que el jardín pide que los niños no lleven chupete, ¡y a los papás les gusta ese jardín y no otro! Por si fuera poco, tener dos niños con pañales en casa implica un gasto difícil de sostener en el tiempo. ¿Suena conocido este relato? La autonomía es muy visible a partir de los seis meses, cuando se desplazan y gatean alejándose de su mamá y cuando, a partir del año, caminan. Qué distinta reacción provoca una respuesta adulta que invita, celebra y confía, que la que manifiesta miedo y/o preocupación y/o frena las iniciativas (cuidado, te podés resbalar, esperá que te doy la mano). Y para ello no hacen falta palabras, basta con caras y gestos que muestran nuestra confianza o nuestra falta de ella. Entre el año y los tres años dejan el pecho, la mamadera, el chupete y los pañales. Aprenden a comer solos (sin juguetes ni pantallas) y a quedarse en la mesa ratos cada vez más largos, a dormir en su cama. Empiezan a ir al jardín de infantes. Con el tiempo van aprendiendo a vestirse y desvestirse, a lavarse los dientes, a higienizarse solos en el inodoro. De a poco, se acostumbran a ordenar sus cosas, a ayudar en casa. Los chiquitos quieren hacerlo, les encanta y se llenan de orgullo cuando lo logran. Y es una gran fuente de autoestima para ellos, saben que es su tarea darle de comer al perro, o bajar persianas, prender luces a la tardecita, se ponen solos la campera, etc. Pero antes de hacer las cosas solos y bien, inevitablemente las hacen mal durante un tiempo: se enjuagan mal el pelo, se ponen la ropa al revés, vuelcan el agua cuando la sirven, y van mejorando con el tiempo, la práctica y los errores. Detrás de cada tema hay años de práctica, paciencia, constancia, años de padres que acompañan sin rendirse ni enojarse, padres que entienden que todos ganan con la autonomía lograda por sus hijos. Que tienen claro que, si el atajo fuera bueno, no existiría el camino. Son esfuerzos de hoy que nos facilitan la vida a todos más adelante. Mimar vs. sobreproteger Diferenciemos mimar de sobreproteger: mimamos cuando hacemos por ellos algo que ellos pueden hacer porque tenemos tiempo y ganas, o porque los vemos cansados, o porque lo piden. En cambio, sobreprotegemos cuando hacemos esas mismas cosas por razones equivocadas: porque lo hacemos mejor o más rápido, porque no confiamos en su capacidad de aprender o en la nuestra de enseñar. El mensaje de la sobreprotección es vos no podés y es muy perjudicial para su autoestima. Es real que hay cosas que no pueden hacer solos: cruzar la calle a los cuatro años, bañarse solos a los dos, pero una de nuestras tareas es que vayan aprendiendo a agrandar la zona de lo que sí pueden hacer, haciéndolo de modo que crecer sea disfrute y no pesadilla. Esos pequeños pasos hacia la autonomía de los primeros años los preparan (en temas que les gustan y los motivan) para desenvolverse luego con seguridad y confianza en sí mismos cuando están lejos de sus padres, ya sea en el jardín o en casa de primos o amigos. Trabajoso, sí, pero vale la pena.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por