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  • La muestra en Versalles que revela la diplomacia indígena del siglo XVIII

    » Clarin

    Fecha: 29/03/2026 09:42

    La muestra en Versalles que revela la diplomacia indígena del siglo XVIII - Versalles celebra los 300 años de la visita indígena a la Norteamérica francesa de los siglos XVII y XVIII. - Allí see exhiben 400 piezas datadas entre 1650 y 1850 procedentes de los actuales Canadá y EE.UU. - La muestra en Versalles explora el impacto de líderes nativos en las relaciones franco-indígenas, revelando alianzas y tensiones del pasado colonial. Desde el 25 de noviembre de 2025, el Palacio de Versalles presenta una muestra sobre el tricentenario de un acontecimiento bastante particular: en esa misma fecha, pero en 1725, Luis XV recibía a cuatro jefes indígenas de las naciones Otoe, Missouria, Osage y Michigamea/Illinois y a Ignon Ouaconetan, hija de un gran jefe del valle del Misisipi, una región que, a fines del siglo XVII, pasó al dominio francés mediante los avances promovidos desde el actual Canadá. Gracias a los fuertes establecidos en el valle y en el golfo de México, Francia reclamó entonces un territorio que llamó Luisiana en honor al Rey Sol, asegurándose una ruta que unía los lagos del norte con el Caribe y el Atlántico, es decir, la zona peletera y las llanuras cultivables con la provisión de esclavos de las Antillas. El valle, vale aclarar, estaba habitado por distintas parcialidades indígenas y era objeto de disputa entre las potencias europeas, que, aliadas con las primeras, explotaban esa ruta y sus recursos. Los episodios más sangrientos ocurrieron durante las guerras de los Castores o franco-iroquíes, una serie de conflictos librados por los iroqueses en la segunda mitad del siglo XVII, alentados y armados por sus socios comerciales ingleses y neerlandeses, para expandir su territorio y monopolizar el comercio de pieles contra los franceses y sus aliados, los pueblos de habla algonquina. La Gran Paz de Montreal de 1701 selló una primera alianza diplomática entre las autoridades de Nueva Francia y 1300 representantes de 39 pueblos indígenas. Luis XV (1710-1774) había reinstalado el gobierno y la corte en Versalles en 1722 y, como los jefes que lo visitarían, vivía según una estructura jerárquica, guerrera, espiritual y comercial donde el poder se expresaba a través de varios objetos como los tocados de plumas de este lado del océano, y las coronas del otro. Durante su estancia de casi cinco meses, Maspéré (Missouria), Aguiguida (Otoe), Ouastan (Osage) y Chicagou (Illinois) fueron invitados a la ópera y visitaron la Galería de los Espejos, en una visita diplomática que respondía a una iniciativa de La Compagnie des Indes, la entidad que administraba el comercio con las colonias para ratificar ese acuerdo desplegando los objetos que, de un lado y del otro, constituían la base material de las relaciones diplomáticas: pipas de la paz, pieles pintadas, tomahawks decorados con flores de lis, collares de cuentas importados de Francia, medallas, telas y vestimentas. La exposición presenta estos objetos, obras prestadas por el Museo Quai Branly-Jacques Chirac, mostrando la complejidad de estas sociedades y de sus relaciones con los poderes coloniales, A pesar de un naufragio que impidió la partida de algunas delegaciones, los cuatro jefes e Ignon Ouaconetan se embarcaron en la primavera de 1725, tratados con todos los privilegios de los que gozaban los embajadores acreditados ante el rey. El itinerario de la delegación se puede seguir en el Mercure de France, una cronología que se inicia con la partida el 1 de junio y el arribo al puerto de Lorient en agosto de 1725. El 10 de septiembre dos de los delegados bailan en el escenario de la Comedia Italiana, un acontecimiento que dejará su huella en la música: Jean Philippe Rameau (1683-1764), inspirado en ellos, compone la Danza de los Salvajes para su ópera Les Indes galantes estrenada en la Academia Real de Música el 23 de agosto de 1735 con cuatro episodios que exploran el amor en el Imperio otomano, el Perú, Persia y entre los salvajes de América del Norte. Volviendo a septiembre de 1725, la delegación se encontró entonces con los directivos de la Compañía de Indias y visitó Los Inválidos, las instalaciones dedicadas a albergar a los veteranos de guerra sin hogar. En rigor, la reunión oficial no tuvo lugar en Versalles durante las cacerías de otoño la Corte residía en Fontainebleau, pero la recepción celebrada el 17 de octubre de 1725 subraya el papel del palacio en la diplomacia francesa. La delegación fue recibida con toda la magnificencia acorde a su rango, exhibiendo la cima del genio y la maestría artesana del país: recorrieron el Trianon y los complejos hidráulicos construidos en 1684 para bombear agua desde el Sena hacia las fuentes de Versalles. El 22 de noviembre partieron hacia Fontainebleau, donde el 24 los recibió el primer ministro y, el 25, Luis XV, quien, dos días después, los invitó a cazar liebres, despertando gran curiosidad en la Corte con sus prácticas sin caballos ni perros, así como con los regalos que ofrecieron al Rey: pipas, mazas de guerra, arcos, carcajes y tocados. Mientras el jefe Chicagou visitó a los duques de Orleans en el Palais Royal, en fecha desconocida Ignon Ouaconetan se bautizaba en Notre-Dame de París y contraía enlace con el sargento Dubois, intérprete de la delegación y colaborador de Étienne de Veniard, Señor de Bourgmont (1679 - 1734), el explorador de los ríos Misuri y Platte, uno de los motores de este viaje. Se trataba del primer esposo francés de la princesa, a quien había conocido en 1712 y con quien tuvo un hijo dos años más tarde, una historia que no se cuenta en la exposición por falta de lugar y de objetos relacionados. Veniard había regresado a París en 1721 para recibir honores y contraer matrimonio con una francesa. Poco después volvería a Nueva Orleans y a su esposa missouria. En 1725, dado que Veniard ya había decidido disfrutar de su Normandía y de su Jacqueline de Bourgmont, Ignon, sin complicaciones ni melodrama, procedió a casarse con el sargento. El 19 de enero de 1726, todos regresaban a Norteamérica a bordo de La Loire. Dubois sería asesinado poco más tarde, pero ella, que murió longeva, contrajo terceras nupcias con otro soldado. Así, la exposición no solo explora los vínculos entre Francia y las naciones aborígenes de América del Norte, sino que muestra las complejidades de una historia de relaciones humanas, ocupación, alianzas, pérdidas y negociaciones que definieron las geografías de un continente donde ingleses, franceses y españoles avanzaban sobre los territorios de los pueblos indígenas que, según sus políticas, se iban aliando con unos u otros. Esta exposición, concebida por los historiadores Jonas Musco, Bertrand Rondot y Paz Núñez Regueiro es parte de los resultados del proyecto CRoyAN que, en diálogo con las comunidades de la América Septentrional, estudia un corpus de 400 piezas datadas entre 1650 y 1850, procedentes de los actuales Canadá y Estados Unidos y que hoy se hallan en Quai Branly a cargo de Núñez Regueiro, conservadora jefa de las colecciones de América de dicha institución. Núñez Regueiro se formó en París, obtuvo su doctorado en 2018 con una tesis premiada sobre la historia de las colecciones etnográficas en la Patagonia. Una esperanza para que quizás, alguna vez, podamos visitar una exposición sobre la larga historia de las relaciones diplomáticas entre la administración virreinal y los jefes indígenas de la América española. Sobre la firma Newsletter Clarín

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