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  • Una familia argentina quedó varada por la guerra en Israel y escapó por el desierto hasta llegar a Egipto

    » TN

    Fecha: 29/03/2026 05:57

    Una familia argentina quedó varada en Israel cuando estalló el conflicto en Medio Oriente. Noelia Viñas Núñez y Gustavo Sposob estaban en Tel Aviv con su hijo de 15 años cuando comenzaron los bombardeos y cerró el aeropuerto. Sin vuelos disponibles para regresar al país, resolvieron atravesar el desierto hasta Egipto para poder escapar de la guerra. La decisión no fue inmediata. El primer día fue una sucesión de sirenas y corridas al refugio. Las alarmas empezaron a sonar durante la madrugada y se repitieron durante toda la jornada. Nuestra primera reacción fue tener mucho miedo, contó Gustavo en diálogo con TN. Solo ese día tuvimos que refugiarnos cerca de quince veces, agregó. Con el paso de las horas entendieron que esa iba a ser la rutina. Para no tener que subir y bajar todo el tiempo, trasladaron un colchón y decidieron quedarse en el refugio. Desde ese espacio subterráneo escuchaban, una tras otra, las explosiones de los misiles que interceptaba la Cúpula de Hierro y también las de aquellos que lograban atravesarla y detonaban a lo lejos. La sensación era tremenda. Es el último lugar del mundo en el que elegirías estar, recordó Gustavo. Un viaje familiar que cambió en pocas horas El viaje a Israel tenía otro motivo. Gustavo quería visitar a su papá, que vive allá y está enfermo. Querían que su hijo pudiera reencontrarse con su abuelo. Los primeros días fueron tranquilos, con charlas largas y paseos por la ciudad. Todo cambió cuando faltaba un día para el vuelo de regreso. En ese momento comenzaron los ataques y el aeropuerto cerró. No teníamos información oficial. Nadie nos decía cuándo se reanudarían los vuelos ni si habría repatriaciones, explicó Gustavo. Con el paso de las horas entendieron que debían buscar otra alternativa. Lee también: Manifestaciones, tanques y explosiones: la guerra en Medio Oriente en imágenes La única opción apareció a través del Ministerio de Turismo de Israel. El organismo organizó colectivos para trasladar a turistas hasta la frontera con Egipto. El problema era el trayecto: atravesar el desierto sin ningún tipo de refugio. Hasta ese momento la familia casi no se había alejado del lugar en el que se hospedaban. Preferían mantenerse cerca de un espacio seguro por si volvía a sonar una alarma. Subirse a ese micro implicaba alejarse de cualquier lugar seguro y asumir un riesgo. Aun así, decidieron hacerlo. El paso por el desierto Horas después el colectivo salió rumbo al sur de Israel. Afuera, el paisaje se abría en kilómetros de arena y rutas que parecían no terminar nunca. Dentro del colectivo todos pensaban lo mismo: si sonaba una sirena en medio del desierto, no había dónde refugiarse. Cada pasajero estaba concentrado en atravesar esas horas sin que pasara nada. En medio del viaje, la familia también puso en palabras sus propios miedos. El mío era que hubiera un bombardeo en ese momento. Si pasaba, estábamos completamente expuestos, explicó Gustavo. Noelia imaginaba otro escenario. Me preocupaba más un ataque terrestre. Íbamos en tres colectivos del Gobierno en medio del desierto. Era un blanco fácil. Pensaba en la posibilidad de una emboscada, relató. Viajar con su hijo adolescente hacía que todo se sintiera todavía más intenso. Intentaban mantener la calma mientras miraban el paisaje por la ventana, pero la desesperación estaba presente. Lee también: Por la guerra en Medio Oriente, los países del Golfo redujeron su producción petrolera En ese clima espeso, mientras el micro avanzaba por la ruta desierta, a Gustavo se le cruzó otro pensamiento. Recordó los días anteriores en Tel Aviv y los gestos que habían recibido en medio del miedo. Nos ayudó gente desconocida, gente común, y eso fue algo que nos tocó profundamente, reflexionó conmovido. La imagen lo llevó a las horas dentro del refugio del hostel en el que habían estado. Algunas personas tocaban la guitarra para bajar la tensión mientras esperaban que terminaran de sonar las alarmas. Otros simplemente se sentaban a hablar para acompañarse y distraerse. El cruce a Egipto Después de varias horas finalmente llegaron al paso fronterizo con Egipto. Pero el viaje todavía no había terminado. Tras cruzar el control migratorio quedaron rodeados de taxistas que ofrecían traslados. No había transporte público ni otra alternativa. La familia logró negociar un taxi hasta Sharm el-Sheik, una ciudad turística con aeropuerto internacional. El viaje continuó por el desierto del Sinaí. El idioma dificultaba la comunicación con el conductor y cada curva se sentía interminable. Íbamos agotados, tristes y sin tener muy claro a dónde nos dirigíamos, contó Gustavo a TN. Lee también: Javier Milei: Es de esperar que la guerra en Medio Oriente tenga corto alcance Al llegar al aeropuerto, el lugar estaba colapsado, no los dejaban entrar, no tenían internet para buscar alojamiento y la tarjeta de crédito estaba bloqueada. Tampoco contaban con dinero local. Era otro momento de tensión absoluta, aseguró Gustavo. Tras varios intentos, lograron reactivar la tarjeta y encontrar un lugar en el que pasar la noche. Por primera vez en días, cerraron los ojos sin escuchar sirenas, con la certeza de que la guerra había quedado atrás. El regreso y la marca que dejó El regreso a la Argentina llevó varios días e incluyó más escalas en Egipto e Italia. Cuando finalmente llegaron a Buenos Aires, supieron que la experiencia había dejado una marca profunda. Nos subimos al avión el 28 de enero siendo una familia y volvimos siendo otra, recordó Gustavo. Para el argentino, el viaje cambió su forma de ver las cosas: Argentina tiene muchos problemas, pero no siempre valoramos el privilegio enorme de vivir en paz. Dormir sin sirenas, sin miedo a un bombardeo parece algo simple, pero cuando lo perdés entendés lo que significa. Hoy, cada vez que cuentan su historia, la familia comparte la misma conclusión: La gente quiere vivir en paz. No importa la nacionalidad ni la religión. Nadie quiere la guerra. Redacción: Lola Blasco

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