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Concordia » Diario Junio
Fecha: 28/03/2026 18:51
Opinión: Sergio Tagle Allí, en ese cielo, ya estaba la Escuela Austríaca. Esta enajenación le resultó escasa y empezó a hablar en nombre de Occidente. Propone salvarlo de un enemigo indeterminado y dictamina a la filosofía griega, el derecho romano y los valores judeo cristianos como cimientos antropológicos y existenciales que los terráqueos de bien deben custodiar. Tiene de su lado la mitad de esa herencia ética y religiosa, la que hace 50 años brindó fundamentos teológicos al golpe militar, al posterior genocidio, y que hoy hace lo propio con otro exterminio en Oriente Medio. La otra mitad se le opone o lo resiste. El derecho romano simpatiza con el presidente. Absolutiza a la propiedad privada y pone a su disposición la institución jurídica de dictadura, cuya traducción contemporánea es el estado de excepción vigente en El Salvador y en Hungría. Se trata de suspender garantías constitucionales (derecho a defensa, tiempo de detención, entre otras) para combatir a un enemigo interno. Nayib Bukele, presidente salvadoreño y compañero de Milei en la Internacional Reaccionaria, eligió a las pandillas o maras. El húngaro Víktor Orbán (visitado con frecuencia por el presidente para entonar juntos canciones de Elvis Presley) a la inmigración. El peronista menos pensado La centralidad de Aristóteles en la filosofía griega y en el pensamiento occidental debiera arruinar al Occidente mileísta porque influyó, y mucho, en las ideas políticas y doctrina de Juan Domingo Perón. El lector argentino/a de Política, Ética Nicomáquea y otras obras puede adivinar, entre líneas, conceptos y aún frases del General. Por ejemplo, la única verdad es la realidad. Perón directamente se la atribuía a Aristóteles. Aunque no en forma textual, la idea original que lo inspiró está en Metafísica. Ahí define la verdad con palabras diferentes, aunque su significado es casi idéntico: «decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es decir la verdad». El macedonio residente en Atenas, a diferencia de su maestro Platón, sostenía que la verdad no está en un mundo de ideas abstractas, sino en la realidad misma, en la materialidad de las cosas y la experiencia. Las raíces aristotélicas de La Comunidad Organizada son nítidas. Perón retoma la clásica noción de animal político. Sabemos que -para Aristóteles- el ser humano (el hombre) es el único animal que tiene palabra (logos), que puede distinguir lo justo de lo injusto y que solo puede desarrollar todas sus potencialidades viviendo en una comunidad, la polis. También es conocida la definición de Perón: el individuo solo puede realizarse plenamente dentro de una comunidad que también se realiza. Uno de los problemas más grave que tiene Milei con la filosofía griega es con la noción aristotélica de justicia distributiva. Perón la leyó y dijo justicia social, eso que para el presidente es robo, aberración moral, violencia. El justo medio aristotélico es la tercera posición peronista. Si la felicidad, la vida buena era el fin de la política de la Antigua Grecia, la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación lo será en la Argentina moderna de mediados del siglo XX. Perón solía recordar que Alejandro Magno, el más grande general tuvo por maestro a Aristóteles. El tono autorreferencial de la evocación es apenas disimulado. Podemos imaginarlo con su clásica sonrisa cómplice diciendo acá entre nosotros, otro gran general tiene el mismo maestro. Milei, de leer filosofía griega, insultaría al peronismo de Aristóteles. Si continuara con quien le impartió las primeras enseñanzas en la Academia, advertiría cuán platónicos son sus números. Los millones de personas que sacó de la pobreza, entre otros de sus datos, habitan el mundo intangible de sus ideas. Para percibir la sórdida realidad conocida y padecida por sus gobernados, deberá recurrir a escuelas materialistas o realistas de pensamiento. Y, precisamente, se suele considerar al pensamiento de Aristóteles, si no el fundador, al menos un notable y remoto precedente de lo que hoy llamamos realismo político. Es el filósofo que, en la antigüedad, señaló a la realidad como verificadora excluyente de lo que es verdad. Después lo hizo Perón. Fuente: LM Diario
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