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Parana » Cuestion Entrerriana
Fecha: 28/03/2026 10:34
El flamante presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y rector de la Universidad Nacional de Rosario, Franco Bartolacci, describió un contexto extremadamente delicado para las universidades y el sistema científico argentino, atravesados por paros, atraso salarial y el incumplimiento de la Ley de Financiamiento por parte del Gobierno. Las clases en las universidades públicas comenzaron con fuertes complicaciones por el conflicto salarial y las medidas de fuerza que interrumpen el dictado normal en distintas casas de estudio. En ese marco, los rectores eligieron a Bartolacci como nuevo titular del CIN, en un plenario realizado en La Pampa. Politólogo, radical, con larga militancia iniciada en la Franja Morada, asumió la conducción del organismo que nuclea a las universidades públicas en uno de los momentos más tensos para el sector. En una entrevista con Clarín, al ser consultado sobre la situación actual, fue tajante: El contexto que atraviesa hoy el sistema universitario y científico nacional es extremadamente delicado. Y amplió: Lo más angustiante y urgente es la situación salarial de los trabajadores de la educación superior, tanto docentes como no docentes, subrayó. En esa línea, sostuvo: Lo digo sin eufemismos: hoy la mayoría de los trabajadores de la educación superior perciben salarios de miseria, sentenció. Para graficar el deterioro, aportó un dato concreto: Cerca del 60% del personal docente de las universidades públicas cobra menos de 500.000 pesos por mes, detalló. Bartolacci aclaró que nadie reclama privilegios en el actual contexto económico: Nadie pretende holgura en un contexto económico complejo como el que atraviesa la Argentina, donde muchos sectores la están pasando mal, reconoció. Sin embargo, advirtió que es imprescindible un salario digno para quienes tienen la enorme responsabilidad de formar a las futuras generaciones de profesionales y sostener el sistema científico, enfatizó. Al ser consultado sobre la principal preocupación de los rectores, respondió que la preocupación es el estado extremadamente delicado de la universidad y de la ciencia en todas sus dimensiones, señaló. Enumeró, en ese sentido, problemas de infraestructura, de presupuesto en los llamados gastos de funcionamiento los recursos necesarios para todo lo que se hace más allá del pago de salarios y problemas graves en el sistema científico. Recordó que el 70% de la ciencia del país se produce en las universidades públicas y alertó que el desfinanciamiento del sistema científico es incluso más pronunciado que el de las universidades, advirtió. De todos modos, insistió en que hoy, lo más urgente y angustiante es lo salarial, remarcó. Frente a los paros que se multiplican en distintas universidades, Bartolacci planteó una posición de equilibrio: La universidad se defiende cuando somos capaces de hacer tres cosas al mismo tiempo, explicó. Desglosó esos tres ejes: Primero, reclamar con firmeza, responsabilidad y seriedad los recursos mínimos indispensables para funcionar, indicó. Segundo, impulsar transformaciones al interior del sistema universitario, porque el mundo cambia vertiginosamente, la Argentina cambió y la universidad no puede seguir haciendo en muchos aspectos lo mismo que hace 30 años, agregó. Y completó: Tercero, sostener la universidad pública abierta: dictando clases, tomando exámenes, produciendo conocimiento. Eso es lo que la sociedad valora y por lo cual nos acompaña incluso en momentos difíciles, destacó. Para el nuevo titular del CIN, el desafío es avanzar en esos tres ejes simultáneamente, resumió. Al hablarles a los estudiantes que hoy ven afectadas sus cursadas, Bartolacci fue enfático: Nuestra mayor preocupación son los estudiantes, porque son la razón de ser de la universidad pública. Como se dijo alguna vez, la universidad pública es la República de los estudiantes, recordó. En consecuencia, sostuvo que se debe trabajar en todos los frentes: garantizar salarios dignos para docentes y no docentes, y al mismo tiempo sostener el funcionamiento normal de las universidades, planteó. Y definió su postura: La mejor defensa es mantenerlas abiertas y cumpliendo su misión, respondiendo al enorme esfuerzo que hacen los estudiantes y sus familias, afirmó. Respecto de la nueva ley que impulsa el Gobierno para reemplazar la Ley de Financiamiento Universitario ya aprobada, fue crítico: El Gobierno no ha mostrado hasta ahora voluntad de resolver el problema, cuestionó. Sobre el proyecto oficial, evaluó: Tal como está planteada, esa iniciativa no lo resuelve ni despeja las dificultades actuales, analizó. En contraposición, reiteró la posición del CIN: Lo que nosotros sostenemos es la necesidad de aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, sostuvo. De todos modos, marcó un margen de flexibilidad: Hay disposición para dialogar sobre su implementación, porque nadie puede pensar seriamente que una recomposición salarial superior al 40% que es el desfasaje entre aumentos e inflación pueda resolverse de un mes para el otro, aclaró. Y fijó un límite: Pero el piso tiene que ser el que establece esa ley, enfatizó. Al ser consultado de manera directa sobre si la propuesta de ley oficial es una solución, respondió sin rodeos: No, no es una solución, sentenció. No obstante, destacó que hay conversaciones permanentemente, como corresponde, y desde el Consejo Interuniversitario Nacional siempre vamos a tener disposición para dialogar, aseguró. El objetivo, remarcó, es claro: Encontrar respuestas que realmente solucionen el problema, insistió. Sobre el futuro de la Ley de Financiamiento, reconoció que ha habido intentos de retroceder y repasó su derrotero legislativo. Es una ley que tuvo un recorrido complejo: se discutió en un período legislativo, luego se volvió a presentar, se logró su aprobación, fue vetada, se sostuvo, se promulgó pero no se aplicó, y finalmente se recurrió a la Justicia para exigir su cumplimiento, enumeró. Y añadió que incluso hubo intentos de derogarla en el marco del tratamiento del presupuesto en diciembre, que no prosperaron, recordó. Más allá de la coyuntura, Bartolacci planteó la necesidad de una transformación profunda del sistema: Creo que debemos avanzar hacia una segunda reforma universitaria, propuso. A veces lo digo de manera provocadora: hay una distancia entre la universidad actual y la sociedad similar a la que existía en 1918, comparó. En ese sentido, reclamó encarar una reforma profunda en todos los aspectos, pero sobre todo una revolución académica, pedagógica y curricular: repensar carreras, planes de estudio y modos de enseñanza, describió. Consultado sobre si esa agenda será prioritaria en su gestión al frente del CIN, respondió: No solo vamos a avanzar, sino que va a ser un eje central de trabajo durante todo este año. Es una tarea impostergable, aseguró. También se refirió al debate sobre el ingreso irrestricto, la alta deserción y las críticas por un supuesto gasto improductivo. La universidad tiene que reformarse, pero cuidando lo que nos hace únicos en el mundo: un sistema que garantiza que cualquier joven, sin importar su origen o lugar de nacimiento, pueda acceder a educación pública de excelencia sin restricciones, defendió. Reconoció que tenemos plena conciencia de las dificultades y la voluntad de abordarlas, aunque advirtió que muchas veces esos problemas se utilizan para desprestigiar la universidad pública y justificar el desfinanciamiento, alertó. De cara al futuro, expresó un deseo: Ojalá podamos construir una agenda de trabajo seria, donde se discutan los problemas y las soluciones. Si eso ocurre, vamos a estar desde el primer momento participando, prometió. Sobre el vínculo con el Gobierno nacional para encarar reformas, admitió: No de manera formal. Hubo conversaciones informales en los últimos años. Sería muy positivo que se convoque a una mesa de trabajo, consideró. Valoró, en paralelo, que algunas cuestiones puntuales se están discutiendo en el Consejo de Universidades con autoridades nacionales, y eso es saludable, destacó. Y urgió a acelerar los tiempos: Tenemos que avanzar en reformas profundas y rápidas. Muchas veces el problema en el ámbito público es la lentitud: cuando logramos cambiar algo, el contexto ya cambió, advirtió. Como ejemplo de cambios posibles desde la autonomía universitaria, contó la experiencia rosarina: Nosotros, en la Universidad Nacional de Rosario, ya avanzamos con algunos cambios. Por ejemplo, decidimos reinterpretar los límites de carga horaria de las carreras, explicó. Eso, dijo, permitió crear nuevas carreras de cuatro años, más cortas y vinculadas al mundo del trabajo, detalló. Y anticipó que las carreras tradicionales se irán adaptando progresivamente, proyectó. Finalmente, distinguió entre los cambios que puede encarar cada universidad y los que requieren decisiones políticas más amplias: Hay cosas que se pueden hacer con autonomía universitaria y otras que requieren cambios legislativos. Para ambas estamos dispuestos a trabajar, concluyó.
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