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  • En Villa Ortúzar, el vivero café que nació vendiendo lombrices y hoy es un punto de encuentro del barrio

    » TN

    Fecha: 28/03/2026 07:02

    En una Buenos Aires donde todo siempre va a mil, Luciana Amicone y Julián González Oliva abrieron un espacio donde el tiempo parece detenerse: Ada Jardín, un vivero boutique y café de especialidad donde las charlas se estiran sin apuro entre macetas, hojas verdes y olor a café recién molido. Sin embargo, la historia de Ada Jardín no empezó con plantas ni con café. Empezó con lombrices. De vender lombrices en pandemia a crear un vivero café En 2019, Julián comenzó a compostar por una razón práctica: producir su propia tierra para las plantas, de las que es fanático. Pero durante los primeros meses de la pandemia apareció una idea inesperada: vender lombrices. Le dije: ¿Quién te va a comprar lombrices? Y al rato me dijo: Ya vendí, recordó entre risas Amicone. Fue un éxito que los sorprendió y la joven pareja, que entonces tenía una hija de dos años y un bebé de seis meses, de repente pasaba noches contando lombrices una por una para ponerlos en frascos y despacharlas. Lo que empezó como un experimento doméstico se transformó en una actividad cotidiana: llegaron a repartir unos 25 pedidos por día por distintos barrios de la ciudad. Leé también: Cuatro amigos restauraron un antigua casona de Floresta y ahora se destacan con su brunch de 10 pasos La demanda creció tanto que el emprendimiento dejó de ser improvisado. Primero trasladaron la compostera al garage familiar. Después sumaron envíos. Más tarde apareció un aliado inesperado: un motoquero que retiró un pedido y terminó ofreciéndose para hacer los repartos. En febrero de 2020, crearon el Instagram que hoy da nombre al proyecto, pensado para que Ada, la mamá y abuela fanática del jardín, pudiera compartir fotos de sus plantas y nietos. Como se empezo a vender mucho por internet, usamos ese Instagram como contacto para no dar los nuestros personales asi que le hicimos un logo con Canva", contó Luciana. El siguiente paso fue casi natural. Los clientes que iban a buscar lombrices empezaron a pedir otros insumos: humus, fertilizantes, macetas, plantas... Nos preguntaban: ¿Algo más tenés? Y ahí entendimos que había algo más para hacer, recordó Amicone. En 2022 vaciaron el garage, armaron su primer e-commerce y poco después abrieron el local físico a pocas cuadras de su casa, en Virrey del Pino y Álvarez Thomas . Así nació Ada Jardín, pensado desde el inicio como un vivero distinto: más pequeño, más curado, con foco en plantas de interior. La respuesta del barrio fue inmediata. No es tan común un vivero así, más boutique. La gente venía, se quedaba, charlaba. Cerrábamos y seguíamos conversando con los clientes. El café que no estaba en los planes El café no formaba parte del proyecto original. De hecho, Ni Luciana ni Julián eran consumidores habituales.No teníamos ni idea: no tomábamos café y no sabíamos por dónde empezar, se sinceró. Pero los clientes empezaron a quedarse cada vez más tiempo. Parejas que entraban juntas y solo una persona compraba plantas; vecinos que pasaban a saludar; visitantes que viajaban desde lejos solo por las lombrices... La experiencia pedía una pausa. Había gente que se quedaba 20 minutos, media hora. Entonces dijimos: ¿por qué no sumar un sector de café? Y así fue que abrimos un café sin tomar café, se río. Leé también: Es francés, recorrió la Patagonia esquilando ovejas y abrió en San Telmo un típico bistró parisino La decisión implicó reformas estructurales, doble habilitación comercial y una obra que hicieron casi completamente por su cuenta. Derribaron paredes, reorganizaron la circulación del local y construyeron el espacio gastronómico mientras seguían atendiendo al público. Leé también: La torta de ricota de Gino: el secreto mejor guardado de La Paternal que conquistó todo Buenos Aires El barista que completó la identidad del lugar Uno de los momentos clave fue la llegada de Julián Cuesta Núñez, el barista. Con más de diez años de experiencia gastronómica, encajó enseguida con el espíritu del espacio: atención cercana, tiempo para conversar y memoria de los hábitos de cada cliente. Queríamos alguien que transmitiera la misma familiaridad que nosotros. No un despacho rápido de café, explicó Amicone sobre la búsqueda de personal que hicieron. Hoy muchos vecinos pasan a verlo directamente a él, sostuvo la emprendedora. Y el café terminó consolidando algo que el vivero ya venía construyendo: comunidad. Un vivero-café donde la gente se queda (y arma grupos de WhatsApp) Ada Jardín no funciona como un café de paso, pese a estar sobre una avenida transitada. De hecho, la ventanilla de take away casi no se usa. Entre los clientes están los que vienen por un potus y se quedan a tomar un café, y los que vienen por un café para llevar y se terminan quedando por el ambiente o hasta salen con una maceta bajo el brazo. Con el tiempo empezaron a sumar talleres: compostaje, cuidado de plantas, terrarios, preparación de café en casa. Algunos encuentros reúnen hasta 30 personas y muchas veces terminan generando vínculos entre quienes participan y se quedan largo rato a charlar en las mesas comunitarias. En una mesa hasta se armó un grupo de WhatsApp entre personas que no se conocían, recordó Luciana, que siente con orgullo que más que un espacio comercial logró crear una comunidad. Y eso también repercutó en el local: Terminamos cambiando mesas individuales por mesas comunitarias y son las que más se llenan, precisó Amicone. Escuchar al barrio como estrategia La inversión inicial fue de 20.000 dólares, y desde entonces, la inversión acumulada ronda los 60.000, siempre con reinversión propia y sin inversores externos. Según explicó Amicone, gran parte del crecimiento del proyecto surgió de observar lo que pedían los clientes: primero lombrices, después insumos, luego el local, más tarde el café, finalmente los talleres. Leé también: En Villa Crespo, una moderna cantina china que está inspirada en Hong Kong y el cine de Wong Kar-wai Nada fue un plan original. Todo derivó de escuchar a la gente, qué gustaba del lugar, afirmó Amicone. Empleadas del ANSES cercano recomiendan el lugar a quienes esperan turnos. Hay clientes que viajan desde otras localidades para participar en los talleres. Personas llevan plantas enfermas para consultar qué hacer. Otros llegan porque están armando una casa nueva o atravesando separaciones, y necesitan darle cálidez a su vida. La planta se volvió protagonista en la casa de la gente, opinó la dueña del vivero. ¿Se puede replicar Ada Jardín? Para Amicone, la respuesta es ambigua. Desde el punto de vista comercial, el formato vivero-café podría funcionar en otros lugares. Pero está convencida de que hay algo difícil de trasladar: el vínculo cotidiano con quienes lo habitan. Replicar el modelo de negocio sí. Replicar Ada Jardín, no, zanjó el debate. Leé también: Una granja, 30 comensales y una mesa hecha en la tierra: la cena más radical del año El proyecto creció como crecen muchas plantas: de forma orgánica, inesperada y guiada por el entorno. Y quizás por eso mismo hoy funciona como algo más que un vivero o un café. Es, literalmente, un lugar donde los brotan amistades, donde la gente entra y echa raíces. Plantas y café, café y plantas, ¿acaso hay una mejor receta para la felicidad?

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