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  • Por qué es difícil hablar de sexualidad en familia: entre la culpa y los mandatos heredados

    » TN

    Fecha: 28/03/2026 06:05

    Hay algo que se repite en muchas familias, aunque pocas veces se dice en voz alta: hablar de sexualidad sigue siendo incómodo. No siempre fue igual, pero con el paso del tiempo se instaló una idea que todavía persiste: el placer quedó asociado a la vergüenza, la culpa o la moral. En ese contexto también crecieron los miedos: al embarazo no deseado, a las infecciones de transmisión sexual y al qué dirán. El resultado es una distancia que no solo es discursiva, sino también emocional. Leé también: Luis Real, psicólogo: Encontrarle preservativos a un hijo es una oportunidad para hablar En diálogo con TN, la sexóloga Bárbara García explicó que la forma en la que se aborda la sexualidad dentro del hogar tiene un impacto directo en cómo cada persona vive su intimidad en la adultez: desde los límites que se impone hasta los miedos que arrastra. Un silencio que se hereda Para García, el origen del problema está claro. En algún momento, las familias empezaron a vincular el placer con la culpa y la vergüenza. Ahí empieza el distanciamiento emocional y los miedos a las ETS y los embarazos no deseados. También se hacen muchos chistes en relación al placer y se crea un mensaje antagónico: Es malo, pero nos reímos de esto, aseguró. Ese mensaje no siempre se transmite de forma explícita. Muchas veces aparece en chistes, comentarios o frases que parecen inofensivas, pero que terminan dejando una marca. Se construye así una contradicción: por un lado, el placer es señalado como algo negativo; por el otro, se lo menciona desde el humor. El resultado es que las personas crecen con culpa y miedo. Y desde ese lugar es muy difícil iniciar la vida sexual de forma saludable, sostuvo la especialista. En ese sentido, diferenció que cada familia tiene formas muy distintas de tratar la sexualidad en el hogar: Las diferencias entre familias son amplias. Algunas habilitan la conversación y otras la evitan por completo. En muchos casos, también influyen los sistemas de creencias, especialmente los religiosos, donde hablar de sexualidad puede seguir siendo un tema tabú. A eso se suman los mandatos que circulan en lo cotidiano: comentarios sobre cómo debería comportarse una mujer o un varón, preguntas sobre noviazgos, casamiento o hijos, y advertencias constantes sobre los riesgos. Si estás con muchas personas, sos una chica fácil; si sos hombre y no salís con muchas mujeres, entonces sos gay. Si estás de novia, te preguntan cuándo te vas a casar o para cuándo el novio y si no, te alertan con quedar embarazada, afirmó García. El impacto es concreto. Crecer en un entorno donde el placer no se nombra o se lo hace desde un lugar negativo puede generar limitaciones que persisten en la adultez. Hay personas que logran cuestionarlo y correrse de esos mandatos, pero otras no, agregó. Además, en algunos casos, la sobreprotección funciona como una forma de control que también condiciona la forma de vincularse. Frente a este escenario, la especialista plantea una alternativa clara: empezar por los adultos. Muchas veces los padres necesitan primero un espacio propio para revisar sus creencias. Recién después pueden abrir el diálogo con sus hijos, señaló. Romper con los mandatos Hay personas que rompen con los estereotipos o prácticas de la familia, pero no todos los entornos reaccionan de la misma manera: Tengo el caso de una mujer trans que decide hacerse la cirugía. Su papá no la acompaña, pero la mamá sí. Hay familias que se acercan y otras que se alejan. La posición que toma la familia tiene un impacto emocional que acompaña a la salud mental. A veces, priorizar el bienestar implica cortar con ciertos vínculos familiares, afirmó. En situaciones más complejas, donde hay violencia o control extremo, el silencio suele profundizar el problema. Por eso, la sexóloga recomienda la terapia familiar como una herramienta para revisar dinámicas y evitar que esos patrones se repitan. Leé también: Cecilia Bizzotto, socióloga y educadora española: Si no educamos en sexualidad, la pornografía lo hará Cuando la familia rechaza a la pareja El conflicto también aparece cuando las familias intervienen en las elecciones afectivas. El rechazo hacia una pareja o el intento de controlar con quién estar sigue siendo una situación frecuente. Muchas veces se piensa que es algo del pasado, pero sigue pasando. Y genera mucho daño, advirtió García. La falta de diálogo puede tener consecuencias profundas. Cuando no hay confianza, es menos probable que los jóvenes compartan situaciones de conflicto o incluso de violencia dentro de sus relaciones. Por eso, la especialista insiste en la importancia de cambiar la lógica del control por la del acompañamiento. Los adolescentes están aprendiendo a vincularse. Necesitan espacios donde puedan hablar sin miedo, explicó. Disolver mandatos heredados es viable, pero para eso es necesario identificarlos y ponerles límites. También se pueden compartir con la pareja para salir adelante acompañados: Creo que es de buena práctica comunicarle a nuestros vínculos cuando uno tiene un patrón familiar represivo en términos de placer. Contar esas vulnerabilidades que a uno le afectan para entenderse y conectar. Pasa muy seguido que en parejas heterosexuales la mujer fue reprimida por su familia todo el tiempo y cuando inicia su vida sexual no hay exploración plena porque ese mandato se interpone, explicó García, quien destacó que estos casos suelen pasar hasta en parejas casadas. La comunicación es clave para salir de esos límites impuestos. Es importante poder contar desde dónde viene cada uno y cuál fue su historia en relación con la sexualidad. De esa manera, la pareja puede acompañar, sobre todo cuando hubo experiencias de represión. La intimidad también se construye con el tiempo, y el vínculo tiene que ser un espacio de confianza donde cada persona pueda expresar su historia, incluso cuando es compleja, explicó. El punto no es negar la historia familiar, sino revisarla. Identificar qué mensajes estuvieron ligados al cuidado y cuáles respondieron al control, el miedo o el prejuicio. La sexualidad no se hereda como los genes: se construye y también puede reaprenderse en la adultez. Romper el silencio no implica confrontar, sino animarse a poner en palabras lo que antes era tabú. Cuando el placer deja de estar asociado a la culpa y se vincula con el respeto y el consentimiento, el cambio no solo se da en la intimidad, sino también en la forma en que se construyen vínculos más sanos.

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