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Fecha: 28/03/2026 06:05
Todo empezó con una idea que no lo dejó dormir. Julián Zárate tiene siete años, vive en Mendoza y, como cualquier chico de su edad, disfruta de jugar en la plaza, correr con amigos y pasar tiempo en familia. Pero hay algo que lo distingue: desde muy pequeño, su mamá logró despertarle un vínculo especial con los libros. Ese hábito, que empezó casi como un juego antes de dormir, fue creciendo con el tiempo. Y un día, se transformó en algo más grande. Lee también: Max Alexander: quién es el nene de 9 años que presentará su propia colección en la Semana de la Moda de París Julián empezó a notar algo que le llamó la atención: muchos chicos de su edad pasaban cada vez más tiempo con el celular o frente a una pantalla. Él estaba descubriendo el mundo de la lectura y quería compartirlo. Una idea que se puso en marcha Así nació una idea tan simple como poderosa: llevar los libros a donde están los chicos. Y ese lugar, para él, tenía nombre propio: la plaza de Chacras de Coria. Con el entusiasmo propio de su edad y el acompañamiento de su familia, Julián empezó a imaginar cómo podía compartir sus libros con otros chicos. Así surgió la idea de armar una biblioteca sobre ruedas. Lejos de hacerlo solo, el proyecto fue tomando forma en equipo. Eligieron materiales, pensaron el diseño y, poco a poco, construyeron la estructura. Hubo tardes de trabajo, pintura, detalles y mucho entusiasmo compartido. Pero lo más importante no era la madera ni el diseño: eran los libros. Historias que él ya había leído, otras que estaba empezando a descubrir y muchas que quería que otros también pudieran disfrutar. Porque, para Julián, leer no es una obligación: es un momento de juego y de imaginación. Leer es como viajar sin moverte, podría decir cualquiera, pero en su caso no es una frase hecha. Es algo que vive. La biblioteca no tiene puertas ni reglas estrictas. Aparece en la plaza, se instala y espera. Los chicos se acercan, miran, eligen, hojean. Algunos se quedan. Otros vuelven. A veces hay lectura en voz alta. Otras veces, simplemente silencio y concentración. Lee también: La historia de Lara: la nena prodigio que a los 6 meses hablaba y ahora con 12 años empezó la universidad Y ahí pasa algo. La plaza sigue siendo la misma, pero también cambia. Entre juegos y risas, aparece un nuevo espacio: el de la imaginación. Cuando leer también inspira a crear Para Julián, lo más importante es algo simple: compartir lo que le gusta. Disfruta ver a otros chicos acercarse, elegir un libro, quedarse un rato escuchando una historia o mirando las páginas. En esos pequeños gestos, encuentra el sentido de lo que empezó casi como un juego. Detrás de este proyecto hay una familia que acompaña. Su mamá, Gisella, fue clave desde el inicio. Siempre traté de acercarlo a la lectura de forma natural, cuenta. Leer juntos, elegir cuentos, hacer del libro un momento lindo y no una obligación. Ese vínculo temprano dejó huella. Hoy, Julián no solo comparte libros: también está dando sus primeros pasos como escritor. En paralelo a su biblioteca sobre ruedas, empezó a imaginar su propio cuento. Un camino incipiente, pero que refleja cómo una experiencia cotidiana puede transformarse en algo más cuando hay espacio y estímulo para desarrollarla. Lee también: Faustino Oro sigue haciendo historia en el ajedrez: alcanzó una marca clave para convertirse en gran maestro Mientras tanto, su proyecto sigue creciendo. Cada vez que instala la biblioteca en la plaza, algo se activa. No es solo una propuesta para leer. Es una invitación a frenar, a elegir, a compartir. Su propuesta es genuina y eso es lo que valoran las mamás que acercan a sus hijos: un chico que pone sus libros a disposición de otros. Y una frase implícita que lo resume todo: compartir también es una forma de leer. Julián tiene un hermanito bebé, Bautista, que por ahora mira todo desde otro lugar. Tal vez, en unos años, sea parte de esta misma historia. Por lo pronto, la biblioteca ya está en marcha. Rueda, aparece, se abre. Y en cada libro que se elige, en cada historia compartida, se confirma algo sencillo: que a veces, para empezar algo significativo, alcanza con una idea, acompañamiento y ganas de compartir.
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