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  • El algoritmo del caos: política, emoción y control en la era digital

    Concepcion del Uruguay » La Pirámide

    Fecha: 27/03/2026 11:59

    El algoritmo del caos: política, emoción y control en la era digital No critiques al payaso por actuar como tal, sino pregúntate por qué sigues yendo al circo. Esta frase, que bien podría ser una sentencia popular, encierra el espíritu de nuestra época: no estamos ante un problema exclusivo de quienes generan caos, sino de quienes, consciente o inconscientemente, lo alimentan. No señala solo al líder populista que actúa con descaro, sino a la ciudadanía que, al consumir pasivamente ese espectáculo, lo sostiene. En este circo digital, cada me gusta es una ovación; cada publicación compartida, una entrada vendida. Imaginá una obra que se representa a diario en miles de pantallas... En el centro, un bufón que hace reír y enfurecer a partes iguales; en las gradas, un público que aplaude y abuchea sin notar que se ha convertido en parte del espectáculo. Los ingenieros del caos no es simplemente una crónica de los nuevos liderazgos populistas: es un espejo que refleja las grietas de una sociedad que prioriza la emoción sobre la razón. El ensayo analiza cómo operan los artesanos del caos en el ecosistema digital, qué herramientas narrativas utilizan y de qué forma han trastocado la relación entre líderes políticos, medios y ciudadanos. I. Los ingenieros del caos: alquimistas del SXXI Los protagonistas del nuevo poder no son los líderes que vemos en las pantallas, en el video de TikTok con millones de vistas y miles de me gusta, sino los estrategas que actúan desde las sombras. No son ideólogos, sino técnicos; no predican ideas, sino que movilizan emociones. Steve Bannon, por ejemplo, construyó una internacional del populismo: una red transnacional de alianzas entre partidos, movimientos y figuras de derecha que comparten estrategias comunicacionales, recursos digitales y un discurso antiélite. Este entramado se alimenta de datos, algoritmos y segmentación emocional. En este juego de espejos y farsas, los líderes visibles cumplen el rol de fantoches: figuras ruidosas, provocadoras y artificialmente infladas. Detrás de ellos están los verdaderos titiriteros del poder, los ingenieros del caos, que diseñan el guion emocional del espectáculo político. No buscan convencer; provocan y fidelizan. No quieren respuestas, sino activar reacciones viscerales. II. Datos, redes y manipulación: el poder invisible El salto cualitativo del populismo digital respecto a la política tradicional radica en la precisión con que los mensajes son diseñados y dirigidos. No buscan atraer al público en general: ya tienen un perfil psicológico identificable. Cada clic, cada me gusta, cada silencio en redes es una fuente de información que permite medir la construcción de mensajes. La manipulación se disfraza de personalización. El ciudadano se encuentra con contenidos que refuerzan sus creencias y dificultan la entrada de miradas distintas. El algoritmo, en lugar de desafiar, busca retenerlo. III. El bufón como líder: provocación vs autenticidad Los líderes de este tiempo no son solemnes, son cercanos. Donald Trump y Jair Bolsonaro, entre otros, se muestran como hombres comunes, ajenos a la casta política. Utilizan el escándalo como recurso y la autenticidad como escudo: dicen lo que otros no se atreven y convierten cada crítica en una medalla. La figura del bufón, capaz de ridiculizar al poder mientras lo ejerce, se reconfigura en ellos. Hoy desafían lo establecido, ridiculizan a sus adversarios y se presentan como voces del sentido común, aunque ocupan el lugar de poder que antes cuestionaban. IV. Posverdad y escándalo: el combustible del caos En este ecosistema, la verdad objetiva y los hechos pierden relevancia. Importa el impacto emocional, la capacidad de generar reacciones. La posverdad no niega los hechos: los relega. El escándalo constante mantiene a los líderes en el centro de atención, descoloca al periodismo tradicional y refuerza la sensación de autenticidad. A mayor polémica, mayor visibilidad; a mayor visibilidad, mayor poder simbólico. El relato populista se construye sobre una narrativa simplificadora: ellos (el pueblo) contra nosotros (la élite). En ese esquema, cualquier dato que incomode puede ser descartado como una operación o una mentira mediática. V. El desmantelamiento de la política tradicional La democracia se basa en el debate, la mediación y el respeto a la pluralidad. El populismo digital tensiona esa arquitectura. La conversación pública se transforma en confrontación, donde el objetivo deja de ser el bien común para convertirse en la victoria sobre el otro. La política se vuelve espectáculo y la atención, la moneda más valiosa. El ciudadano deja de ser actor para convertirse, muchas veces, en espectador. El circo sigue mientras haya quien aplauda a los payasos ¿Por qué seguimos comprando las entradas? ¿Por qué quedamos atrapados en la función? Tal vez porque en este circo no solo hay payasos: también hay espejos, luces brillantes y un guion hecho a medida de nuestras emociones. Cuando un payaso se muda a un palacio, no se convierte en rey; el palacio se convierte en un circo. Lo inquietante es que esa transformación no depende solo de quien ocupa el poder, sino de quienes lo celebran, lo comparten y lo viralizan. Con el espectáculo instalado en el corazón de las instituciones, el poder deja de ser deliberación para convertirse en escenografía. Y en ese desplazamiento, lo grotesco no solo convive con la política: comienza a reemplazarla. La escenografía es tan hipnótica que, a veces, confundimos participación con consumo, pensamiento con reacción y libertad con algoritmo. Mientras la audiencia permanezca cautiva o conforme, el show continuará. Este artículo es una reseña periodística basada en la obra mencionada, con fines de análisis y divulgación.

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