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  • 5 señales que demuestran que un niño pasa demasiado tiempo frente a las pantallas: qué es la "mediación activa"

    » Clarin

    Fecha: 27/03/2026 11:05

    El uso abusivo de la tecnología en la infancia y en la adolescencia es una preocupación recurrente, tanto entre las familias como entre los profesionales de la salud y la educación. El exceso, sin embargo, no es exclusividad de los más jóvenes. Los adultos a cargo también son parte del problema cuando su tiempo (y forma) frente a las pantallas no sirven como ejemplo. El impacto de los dispositivos tecnológicos en el bienestar y desarrollo de niños, niñas y adolescentes incluye irritabilidad, alteraciones en el sueño, sobrepeso y más. Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en desarrollo infantil y experta en uso e impacto de las tecnologías en niños y adolescentes, explicó a Clarín que en las consultas suelen ver a diario que las pantallas se han convertido en el objeto que les brinda a los niños calma y contención, especialmente en contextos de soledad, situaciones desfavorables o en hogares con agendas familiares sobrecargadas. Pese a que, en general, se hace hincapié en la cantidad de horas que chicos y chicas pasan frente a celulares o tablets, la médica -Presidente de la Subcomisión de Tecnologías de Información y Comunicación de la Sociedad Argentina de Pediatría- destacó: Más allá de la calidad y el tiempo de uso, lo que nos preocupa es la interferencia en la vida cotidiana y la falta de acompañamiento del adulto. Y amplió: Las pantallas ocupan un tiempo y un lugar de privilegio en la vida de niños y adolescentes que produce sobreestimulación, desencadena emociones ligadas a la liberación de dopamina, desplaza los vínculos, el juego y las experiencias de aprendizaje, lo cual repercute directamente en su salud mental en todas las edades. ¿Qué es lo que sucede en el cerebro infantil al utilizar estos dispositivos? Cuando los niños usan pantallas para jugar, ver videos cortos o interactuar en las redes, su cerebro libera dopamina fácil. Cada me gusta, cada nivel alcanzado o cada video nuevo, libera más dopamina. Esto genera -a nivel cerebral- acostumbramiento a recibir recompensas sin esfuerzo, lo que los empuja a querer repetir la acción una y otra vez, sostuvo la vocera de la SAP. De la irritabilidad a la alteración del sueño: cómo advertir el exceso de tiempo frente a las pantallas Pedrouzo enumeró algunas de las señales principales que indican que un niño, niña o adolescente pasan demasiado tiempo frente a diferentes dispositivos tecnológicos: - 1- Irritabilidad y baja tolerancia a la frustración: las mismas, asociadas a reacciones desproporcionadas al apagar el dispositivo. - 2- Abandono de otras actividades: pérdida de interés por el juego libre, deportes o encuentros sociales que antes disfrutaban. También deriva en sedentarismo. - 3- Alteraciones del sueño y la alimentación: dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes y necesidad de comer frente a la pantalla sin registro de saciedad. - 4- Aislamiento y desconexión en el mundo físico: el niño ignora a quienes lo rodean por estar conectado con lo digital. - 5- Síntomas generales como alteraciones posturales, alteraciones del sueño, alteraciones visuales, irritabilidad, cefaleas, sedentarismo, sobrepeso u obesidad. En los más pequeños, agregó la médica (en Instagram, @dra.silvinapedrouzo), se advierten síntomas asociados a la falta de control de las emociones y la conducta por sobreestimulación, síntomas de hiperactividad, alteraciones en la interacción social, la comunicación y el desarrollo del lenguaje. En edad escolar, en tanto, alteraciones en relación al comportamiento, a la falta de memoria y atención y bajo rendimiento académico. Del control parental a la mediación activa: recomendaciones para todas las edades Para la pediatra, los controles parentales suelen ser una herramienta útil para los primeros tiempos, pero luego los niños y niñas tienen diferentes formas de saltearlos. Así, desde la Sociedad Argentina de Pediatría promueven un concepto que consideran clave: la mediación activa. Mediar es involucrarse; es conversar sobre lo que ven, jugar con ellos, preguntarles qué les gusta de ese video o explicarles por qué algo que aparece en Internet puede no ser real, dijo la médica. El secreto es adaptar la presencia y el acompañamiento, según la edad y el grado de madurez de cada niño o adolescente. Así, dividió las recomendaciones según la franja etaria: De 0 a 2 años: a esta edad, el niño necesita vínculos con sus cuidadores principales, movimiento, espacios de juego, interacciones de calidad (cara a cara), sin las interferencias de los dispositivos. Los adultos, en tanto, deben entender que el aprendizaje se da en tres dimensiones, a través de sus experiencias. La recomendación es evitar las pantallas, ya que no aportan al desarrollo psicofísico del niño y sólo generan desregulación por sobreestimulación e interferencia. De 2 a 5 años: mirar juntos. Si hay pantallas, que sea un momento compartido. Lo ideal es sentarse con ellos y comentar, dar significado a lo que ven, relacionarlo con su vida cotidiana y limitar el tiempo (máximo una hora) para que no desplace los vínculos, el juego libre y el tiempo de descanso. Se desaconseja el uso de teléfonos inteligentes antes de los 13 años. De 6 a 12 años: cada familia debería establecer acuerdos y fomentar el pensamiento crítico. Según el estudio Kids On Line Argentina 2025, elaborado por elaborado por Unicef y Unesco, la edad promedio de entrega de un smartphone es de 9,6 años en nuestro país, mucho antes de la edad recomendada para el uso de redes sociales, que es a partir de los 13 años. Por este motivo, en esta etapa empiezan los riesgos asociados al uso de redes y videojuegos en forma persistente y recurrente sin mediación activa por parte del adulto. La mediación activa a esta edad es sentarse a entender a qué juegan, con quién se relacionan y explicarles conceptos como la privacidad y el respeto hacia los demás en internet. Los perfiles deben ser configurados de acuerdo a la edad en forma conjunta para el resguardo de su seguridad y privacidad, restringiendo el contacto con extraños y estableciendo límites y reglas claras. Adolescencia: el puente es el diálogo, la confianza y la escucha activa. Nuestro acompañamiento y nuestra disponibilidad sin juzgar es clave, para que en caso de necesitar ayuda seamos su primera opción. La meta es la autorregulación: que ellos mismos aprendan a identificar cuándo una red social los hace sentir mal o cuándo es momento de apagar el celular para descansar. Pantallas e hijos únicos: la trampa de los dispositivos como acompañantes En hogares con hijos únicos explicó la doctora Pedrouzo- la pantalla suele llenar un vacío de acompañamiento y mitigar la sensación de soledad. Para romper este ciclo sin depender solamente de los controles parentales (que no son infalibles), podemos explorar para fomentar espacios de desconexión en todos los niños y adolescentes. Así, recomendó: - Micro-momentos de calidad: si el tiempo es escaso, la clave es la presencia plena. Por ejemplo, 15 ó 20 minutos de juego compartido sin celulares valen más que dos horas de supervisión distraída. - El aburrimiento como motor: es precisamente en ese estado donde surgen la creatividad, el dibujo, la invención de historias o el juego simbólico. - Tercer espacio y comunidad: buscar actividades extracurriculares que no sean necesariamente académicas (clubes, talleres de arte, scouts) donde el niño o niña interactúan con pares en un entorno físico seguro. - Juguetes de final abierto: priorizar bloques de construcción, disfraces o materiales de arte. Estos objetos no dictan cómo jugar (a diferencia de una app), sino que potencian al niño a ser el protagonista y no un espectador pasivo. - Involucramiento en tareas del hogar: convertir la cocina o el orden de la casa en un espacio de juego y aprendizaje compartido. Esto fomenta la pertenencia y reduce la demanda de estímulos digitales. - Fomentar la lectura y la actividad física en forma regular. - Priorizar las horas de descanso y de sueño. Familias y pantallas: consejos para empezar hoy mismo La Presidente de la Subcomisión de Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) de la Sociedad Argentina de Pediatría enumeró una serie de consejos útiles y accesibles a la hora de establecer pautas relacionadas con los dispositivos tecnológicos en el ámbito familiar: - Modelado parental: si nosotros no soltamos el teléfono, es difícil pedirles que puedan limitar su uso. - Establecer espacios libres de pantallas, como las comidas principales y una hora antes de dormir, para priorizar el descanso y el diálogo. - Calidad sobre cantidad: no es solo "cuánto tiempo", sino "qué hacen" en ese tiempo. Busquemos contenidos que estimulen la creatividad y la curiosidad. - Es fundamental la alfabetización digital a nivel familiar: no se trata de prohibir, sino de enseñarles a reconocer los riesgos. - Crear acuerdos familiares, donde todos (adultos incluidos) puedan prescindir de las pantallas. La coherencia del adulto es la herramienta más potente. - Fomentar la autonomía progresiva: darles herramientas para que ellos mismos identifiquen cuándo están cansados o saturados por la pantalla, promoviendo el autocuidado digital. Finalmente, la especialista resaltó a modo de conclusión: La tecnología no es el enemigo, pero en la crianza -en todas las etapas- nada reemplaza al vínculo humano y al juego libre. El desafío es pasar de una crianza hiperconectada, a una crianza con conexiones. Newsletter Clarín

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