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  • Noelia frente a los catadores de la vida y de la muerte

    » Clarin

    Fecha: 27/03/2026 07:05

    Noelia Castillo Ramos eligió morir. En un mundo en guerra, donde miles de personas son violentadas, abusadas y asesinadas cada día, (no solo en campos de batalla sino en los propios hogares), ella tuvo que explicar durante dos años y ante una infinidad de tribunales por qué no quería seguir viviendo. Noelia suplicó una y otra vez que la dejaran "descansar en paz". Ese deseo, para muchos, es subversivo. Noelia, que nació en Barcelona 25 años atrás, contó que su infancia había transcurrido de manera bastante buena hasta que todo se rompió. Los problemas económicos dejaron a su familia en la calle, sus padres se separaron, y la justicia los separó a ellos de sus hijas, que fueron enviadas a centros de supuesto cuidado infantil. Noelia tenía 13 años. A su padre prácticamente no lo volvió a ver, salvo alguna que otra vez, casi siempre borracho. Ese padre ausente y negligente es quien más se opuso durante todo este último tiempo a su deseo de descansar en paz. En la batalla judicial lo acompañó la Fundación Española de Abogados Cristianos. La crisis familiar, la vida en hogares, una pareja violenta y la violación de un grupo de varones fue demasiado para Noelia, que en 2022 se tiró de un quinto piso. Pero quedó viva, y parapléjica. Entonces comenzó otro suplicio, y no solo físico, sino el de lograr empatía y que se cumpla con la eutanasia, legal en España desde 2021. La parte brutal, la del abandono y los maltratos, la del padecimiento, quedó en segundo plano frente al debate moral sobre su muerte. Siempre hay una porción de la sociedad que se arroga el derecho de decidir sobre la vida de otros. Es la misma fracción que convive sin escandalizarse con múltiples formas de violencia y hasta pregona el retiro del Estado. Quienes rechazan el derecho a decidir -sobre el propio cuerpo, sobre el final de la vida- invocan valores abstractos a la vez que ignoran las condiciones materiales y simbólicas en las que esas vidas transcurren. Noelia lo dijo con gran claridad: ¿Qué pasa con todo el dolor que yo ya he sufrido?. La pregunta es central, pero se la ignora. "Ya no puedo más con esta familia, con los dolores, con todo lo que me atormenta en la cabeza de lo que he vivido. No quiero ser ejemplo de nadie, simplemente es mi vida", pidió Noelia. Pasó por cinco instancias judiciales, la última el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que le dio la razón: la autonomía es un derecho. Noelia ya descansa en paz. Sobre la firma Newsletter Clarín

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