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  • La "mascota del Colón": se crio tras bambalinas y cuenta en un libro los secretos de las óperas y ballets más importantes del mundo

    » Clarin

    Fecha: 27/03/2026 06:15

    La infancia de Sergio Kuchevasky (60) no fue la típica de un niño que iba a la escuela y hablaba de los partidos de fútbol del fin de semana junto a sus compañeros. Sus días transcurrían tras bambalinas, rodeado de vestuarios de época, bailarines que mantenían su equilibrio en puntas de pie y notas de tenores que rompían hasta el más mínimo silencio. Su padre David entró a trabajar al Teatro Colón con apenas 17 años y se formó en distintas disciplinas como baile, música y arte escénico. Al principio, arrancó como extraordinario y participaba en algunas pocas óperas cuando lo necesitaban. Más adelante, con un puesto permanente y sueldo estable, ocupó el rol de figurante y luego ascendió a jefe hasta que se jubiló como inspector de escenario. En total, fueron 45 años de su vida los que dedicó al teatro más famoso de Sudamérica. Para Sergio y su familia adaptarse a los horarios atípicos de su papá significaba llevar adelante una vida y rutina distinta al resto. Él trabajaba viernes, sábado y domingo. Nuestras salidas como familia eran los lunes cuando nadie salía y nuestras vacaciones eran en diciembre, explica. A partir de la labor de su papá, Sergio Kuchevasky fue apodado la mascota del Colón y lo adoptaron grandes figuras de la ópera y la cultura internacional como Plácido Domingo, José Carreras, Zubin Mehta, Julio Bocca, Richard Tucker, entre otros. Me tenían de acá para allá, cuenta entre risas Sergio. Viéndolo en retrospectiva era genial que me permitan convivir y pasar muchas horas con artistas, con gente atrás del telón, con los que están trabajando, agrega. Para un niño de su corta edad, era vivir en un estado de magia permanente. Fue también testigo del detrás de escena de producciones históricas que pasaron por Buenos Aires como Aida, La Bohème, La Traviata, Rigoletto, Carmen y Nabucco. De esta manera recopiló a lo largo de su vida anécdotas entrañables y sorprendentes sobre su vínculo con estos artistas y sobre la cocina creativa y humana detrás de cada obra. Recuerda que cuando tenía apenas 12 años habían estrenado El Lago de los Cisnes en el Colón, obra que en ese entonces protagonizaba la excelsa bailarina rusa, Maya Plisétskaya. La imagen que más atesora, y la que aún le cuesta dimensionar, es la muerte del cisne, una pieza icónica dentro de la historia del ballet. La emoción recorre todo el cuerpo de Sergio al relatar la escena: La luz solo se posaba en Maya, que movía las manos con una delicadeza particular. Era impactante, el resto estaba todo en penumbras, el mundo alrededor estaba en silencio. La música iba apagándose de a poco mientras la luz iba atenuándose, acompañando así esa muerte histórica. No es sorpresa que Sergio haya heredado de su padre la pasión por la lírica y el teatro, a pesar de su hipoacusia desde muy joven. Al igual que Beethoven, eso nunca representó un impedimento para cumplir sus objetivos. "En mi caso la hipoacusia me obligó a desarrollar otra sensibilidad. No fue fácil, pero entendí que la música seguía estando ahí, sólo que desde otro lugar. Las dificultades no siempre te alejan: a veces te enseñan a amar de una manera más profunda", expresa Kuchevasky. Cuando tenía 10 años, su padre lo mandó a estudiar piano porque era la base de todos los instrumentos. Me mandaba con una partitura del Colón a las clases y mi profesora no lo podía creer porque estábamos practicando lo que se ensayaba en ese momento, detalla el pianista. Al hablar sobre el vínculo con su papá, Sergio lo describe como algo único, brillante, sin claros ni oscuros. Le enseñó a hablar otro idioma: el de la música. Ningún acorde, acto, compás de baile o escenografía era igual al otro. Hablábamos mucho, hablábamos de un montón de cosas a la ida y a la vuelta del teatro, compartíamos mucho de lo que habíamos visto. Aprendí a ver otro tipo de espectáculo que no es el que se veía desde una platea, resume. En palabras de "Kuche", el Teatro Colón simboliza una parte histórica de su vida que se mantiene latente: Yo no puedo dejar de ver las producciones, no puedo dejar de ver cuando apenas sale el programa anual. Es mi vida, es la vida de mi viejo, es la vida de mi familia. Además de su trayectoria en la sala de ópera de Buenos Aires, donde trabajó como extraordinario, Kuchevasky fue presidente del Archivo de la Memoria de la Nación y hoy es gerente general en la Residencia LeDor VaDor. Memorias de un niño atrás del telón En busca de acercar la música clásica a las personas, Sergio escribió el libro Cajita de Colores donde registra su historia entre bambalinas y el Colón. La obra es un homenaje al detrás de escena: el trabajo de vestuaristas, zapateros, las escuelas de danza, entre otras aristas. Para Kuchevasky, los aplausos no están destinados sólo a los protagonistas del escenario, sino también a quienes no se ven: adelante están los que muestran la ópera y atrás están los que sostienen el aplauso. Diez años atrás, Sergio encontró en plena mudanza un objeto muy particular que pertenecía a su padre: una caja de madera que usaban los figurantes para cambiar entre cada acto su maquillaje. Fue volver a su infancia, a reconectar con esos olores tan característicos que lo marcaron. Cuando la abrí me pasó algo tremendo. Yo no soy de guardar muchas cosas, pero cuando encontré la cajita particularmente lo primero que me llamó la atención fue que las pinturas de colores seguían estando todas blandas, uno se puede maquillar ahora. Y eso fue un disparador para hacer el libro, explica el escritor con alegría. Espera que, a partir de este, la gente pueda aprender a disfrutar lo musical desde otro lado: Que alguien pueda, entre muchas otras cosas, estudiar música, tocar, crear, ver, para mí es un puente increíble entre lo que pasa en la realidad, que a veces genera angustia, genera dolor, incertidumbre; y la música es un puente magnífico para poder conectarse con lo que uno tiene adentro. El próximo 20 de mayo, Kuchevasky volverá al Teatro Colón, pero en esta ocasión para presentar su obra ante los ojos del mundo y volverá a ser, por unas horas, ese niño que encontraba lo extraordinario en la cotidianeidad y el contrarreloj de las bambalinas. La magia sigue intacta. Maestría Clarín / Universidad de San Andrés MG Sobre la firma Newsletter Clarín

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