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  • No me contrataban por el barrio donde vivo: pasó de limpiar comercios a trabajar con grandes marcas

    » La Nacion

    Fecha: 26/03/2026 18:39

    No me contrataban por el barrio donde vivo: pasó de limpiar comercios a trabajar con grandes marcas Micaela Palacio tenía 25 años cuando conoció a una ONG que capacita a jóvenes de barrios vulnerables; en un texto escrito por ella, habla de la oportunidad que la acercó a Adidas, Dafiti y Ukelele - 7 minutos de lectura' Me gusta mucho hablar de cuando todo mi mundo cambió. No fue suerte, tuve una oportunidad. Y no es común que le lleguen oportunidades a alguien de donde yo vengo. Crecí en un barrio de gente humilde, en Monte Chingolo, Lanús. Es un barrio que siempre se inunda y muchos lo consideran una zona peligrosa. Para mí, no lo es tanto porque está lleno de familias trabajadoras. Cuando terminé la secundaria mis padres me dijeron: Mientras se pueda, vos estudiá. Mi plan era entrar en alguna universidad pública y trabajar para ayudar en casa. Tenía muy claro que quería progresar y me gustaba el mundo de las redes sociales. Pero no sabía bien qué estudiar, no tenía idea de que se podía trabajar en ese mundo digital, ni que existía el trabajo que me cambiaría la vida: el de community manager. ¿Cómo se puede elegir un mejor camino si no lo conocés y nadie te guía? Por eso digo que esa oportunidad llegó a mí como la luz de una lámpara que ilumina un camino en medio de la oscuridad. Mi primer sueldo Para que tengas una idea de lo que significó para mí y mi familia, con mi primer sueldo hice algo que nadie había podido hacer en mi familia: fui al supermercado y llené dos bolsas de comida. Tenía 23 años. Me sentía tan feliz y orgullosa. Además, pude comprar carne para el asado que mi papá hace todos los 1° de mayo, el Día del Trabajador. Antes comíamos achuras. También me tomé vacaciones: el año pasado, en mi cumpleaños, viajé sola al sur y conocí el Glaciar Perito Moreno. Ahora tengo una cobertura médica y hablo directo con gerentes de primeras marcas, esas que me gustaban tanto y de chica veía del otro lado de la vidriera de los shoppings. Pero te voy a hablar de cómo era antes. Junto con mis cuatro hermanos, somos la primera generación de egresados secundarios en la familia y de los cinco, cuatro seremos los primeros universitarios. Mi mamá tenía 17 cuando tuvo a mi hermano mayor. Mi papá tenía 18. Ellos no terminaron la secundaria. Mamá se dedicó a criarnos y mi papá, antes de trabajar en el frigorífico donde trabaja hoy, hacía changas en la construcción. Él construyó la casa donde todavía vivimos, que primero fue una pieza en un terreno lindante al de mis abuelos. Como dije, mis padres siempre nos inculcaron estudiar y trabajar. Recién salida de la secundaria, me asomé a algunas carreras, como periodismo, pero no me convencían. Arranqué a trabajar en una peluquería, como vendedora en comercios e incluso tuve mi propio emprendimiento. Compraba ropa al por mayor y con una bolsa enorme recorría el barrio, puerta por puerta. Tenía muchas clientas, aunque nunca sabía cuánto dinero iba a juntar a fin de mes. Mi primer trabajo en blanco fue como personal de limpieza en locales de telefonía. Pero yo seguía buscando. Quería un empleo de oficina en Capital, en blanco, estable y mejor pago. Quería empezar a construir mi futuro y no siempre vivir al día. Pero en las entrevistas me decían que mi perfil no era el adecuado o ni me llamaban. Y eso que pedían estudiantes y perfiles juniors. Yo sentía que no me tomaban por el barrio de donde venía. Me pone un poco triste hablar de esa época. Nadie veía todas mis ganas de crecer. Por eso me gusta hablar de cuando todo cambió gracias a Semillero Digital, la organización que me vio, que me escuchó y que para mí fue esa lámpara en la oscuridad. Eran los meses previos a la pandemia y mi prima, que trabajaba en limpieza en un hospital, me invitó a hacer una capacitación laboral en la Fundación Forge. Ahí conocí a Demi, Demian Niedfeld, uno de los fundadores de Semillero, una ONG que da cursos gratuitos de formación laboral digital a jóvenes que no pueden pagarse una carrera. Demi me invitó a una charla introductoria virtual y se abrió mi horizonte. Supe que podía trabajar en ese mundo digital que tanto me atraía. Con ellos hice un curso de Facebook Ads, que hoy es Meta Ads, y de Community Manager. En uno te enseñan a crear estrategias para que las marcas puedan posicionar sus publicidades en la web y en el otro, a manejar de manera creativa las redes sociales. Y es muy valioso porque hacés prácticas en empresas donde las personas te regalan su tiempo para darte un conocimiento práctico que no encontrás en un curso pago. Adidas, Dafiti y Ukelele Después me postulé a una pasantía paga en Adidas, que para mí era como trabajar en el paraíso porque amo las zapatillas. No me tenía mucha fe. Ese trabajo va a ser tuyo, me decían mis hermanos. Siempre nos apoyamos. Salté de alegría cuando me llamaron. Ahí trabajé un año y seis meses. Aprendí un montón. Cuando terminó mi contrato, supe de una búsqueda en el área de comercio digital en Dafiti, la multimarca deportiva. Yo quería ese trabajo como nada en el mundo. Me presenté con unas All Star en la mano y empecé a comparar sus cualidades con las mías. Le dije a la señora que me entrevistaba que eran mis zapatillas preferidas porque su suela era tan flexible como yo a la hora de enfrentar desafíos. Después le pregunté a ella con qué tipo de zapatilla se sentía representada y por qué. Le di vuelta la entrevista y le encantó. Fui muy segura gracias a Semillero, con ellos encontré mis fortalezas. Esa seguridad no la perdí cuando, al año y tres meses, Dafiti se fue del país y me quedé sin trabajo. Sentí miedo. Había empezado a estudiar la Tecnicatura Universitaria en Comercio Electrónico y Marketing Digital en la UTN, que es paga. Pero la oportunidad me la dieron de nuevo las empresas aliadas a Semillero. A los 15 días, después de diferentes entrevistas, me tomaron en Ukelele, una agencia digital para empresas, donde aún hoy, a los 30, trabajo. Soy el puente entre las marcas y los equipos técnicos que tienen que implementar las campañas digitales. Digo que cambió también mi mundo y el de los que me rodean porque le hablé de Semillero a vecinos del barrio y ahora tienen un trabajo. Mis hermanos también aprendieron conmigo y eso los ayudó a tomar trabajos temporales para bancar sus estudios en la UBA. Mi hermana, que tiene 32, está por graduarse en Recursos Humanos; mi hermano de 28, estudia Derecho; y el de 18 empezó Antropología. Ahora mi sueño es tener mi propia casa y ya me compré platos, vasos y algunas sillas. Antes ni lo imaginaba. Es verdad que parece imposible. Pero hace un tiempo me parecía imposible trabajar de lo que amo porque no sabía que existía y porque nadie me había dado la oportunidad. Por eso me gusta contar cómo me cambió el mundo. Quiero que haya cada vez más chicos y chicas que sepan que puede haber oportunidades. También quiero que haya más empresas que sepan que los que venimos de lugares como el de donde yo vengo, valoramos mucho las oportunidades porque para nosotros no es solo un trabajo, es un mundo nuevo que vamos a abrazar con fuerza. Más información - Si querés saber más sobre Semillero Digital, entrá acá - Si querés postularte como alumno, entrá acá - Si querés donar dinero para becar a estudiantes de Semillero Digital, hacé clic acá - Si trabajás en recursos humanos de una empresa, sos emprendedor o empresario, podés emplear a un joven egresado de Semillero Digital desde acá Este texto tiene la edición y el acompañamiento de la periodista Paula Soler

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