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Fecha: 26/03/2026 15:35
Un análisis del empresario y analista Martín Varsavsky plantea que la política exterior y energética de Estados Unidos en los últimos años responde a una estrategia más amplia: consolidar su dominio sobre el suministro energético global y, al mismo tiempo, fortalecer el sistema financiero basado en el dólar. Según esta mirada, una serie de acontecimientos geopolíticos recientes desde la guerra en Ucrania hasta las tensiones en Medio Oriente modificaron profundamente el mapa energético mundial. En ese proceso, Estados Unidos habría ampliado su influencia sobre el mercado de gas natural licuado (GNL) y el comercio internacional de energía. El análisis señala que Europa redujo de forma drástica su dependencia del gas ruso tras el conflicto entre Rusia y Ucrania, lo que impulsó un fuerte aumento en las exportaciones de gas estadounidense hacia ese continente. Al mismo tiempo, el mercado global del petróleo y el gas enfrenta tensiones por el conflicto que involucra a Irán, Israel y otros actores regionales. En ese contexto, Varsavsky sostiene que Washington busca consolidar un sistema energético dominado por exportaciones de crudo y gas norteamericano, lo que reforzaría el rol del dólar en las transacciones internacionales. El análisis también menciona la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China, señalando que el acceso a energía abundante y estable es clave para el desarrollo de centros de datos, inteligencia artificial y fabricación de semiconductores. Desde esta perspectiva, quien controle los recursos energéticos y financieros tendrá ventaja en la carrera tecnológica global. Además, el autor considera que los cambios en el mercado energético global podrían debilitar a otros actores relevantes, como Rusia o productores de Medio Oriente, mientras que Estados Unidos se posicionaría como uno de los principales proveedores de energía a gran escala. Finalmente, el planteo concluye que el control simultáneo de la energía, el sistema monetario internacional y la infraestructura tecnológica será determinante para definir el liderazgo global en las próximas décadas, especialmente en el desarrollo de la inteligencia artificial avanzada.
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