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» La Nacion
Fecha: 26/03/2026 06:53
Luisa Kuliok: la vuelta de la novela que la hizo famosa, el secreto de su matrimonio y la obra que la hace viajar a su niñez El tiempo parece no pasar para Luisa Kuliok. Tiene la misma pasión, la misma mirada brillante y profunda, y la misma sonrisa seductora de las novelas que la hicieron tan popular en el mundo entero. Llega a la entrevista de LA NACION impecable, pide una lágrima en jarrito y se dispone a hablar del estreno De batallas y de amores, junto a Facundo Ramírez y Hernán Lucero, el 3 de abril próximo, con funciones también el 1º de mayo y el 5 de junio, a las 22, en el Centro Cultural Torcuato Tasso (Defensa 1575). También recuerda sus novelas y dice que la pone feliz pensar que elnueve está restaurando La extraña dama. Me encantaría volver a verla, dice. Además, cuenta su historia de amor de más de 40 años con Roberto Romano. -Volvés al escenario con una historia que honra a la Patria. ¿Cómo se dio? -El proyecto es una idea de Hernán Lucero, que es cantante de tango y ama a la Patria, y hace dos años se la contó a Facundo, que sumó canciones maravillosas de Ariel Ramírez y otros tantos autores y autoras. Pero todo quedó ahí, pasó el tiempo y no terminaron de concretar. Un día me crucé con Facundo por casualidad en un espectáculo de Marcos Montes, charlamos un rato y al día siguiente me llamó para hablarme de este proyecto. Querían una voz en el espectáculo y cuando me lo contó, me fascinó. Había terminado Brujas y me habían ofrecido varias obras de teatro, casi todas comedias o comedias románticas, pero nada me terminaba de convencer, porque no era la cuerda que yo tenía ganas de tocar en ese momento. Y como me respeto mucho, decía que no. Y de pronto apareció esto y fue una revelación, porque es mi Patria y me atrae mucho el tema de las batallas de nuestro país, para ver cómo llegamos hasta acá. Es una propuesta que entrelaza música, palabra y sentimiento, donde cada artista aporta su identidad. No es simplemente dar datos históricos entre una canción y la otra, porque tiene un universo poético. -Y vos sos una guerrera que da muchas batallas. -La búsqueda de justicia es una necesidad. El presente, el futuro, pero el pasado también porque tiene relatos de apropiación siempre. La idea es poder plantearnos ese tipo de cosas. Y a mí, lo poético me nace desde muy pequeña porque mi mamá me transmitió la pasión por el mundo de la poesía. Y estudié con Blanca de la Vega, poesía y teatro. Éramos una familia muy humilde y con mis padres vivíamos con mi bobe y mi zeide, en Villa Devoto. La poesía era algo que me habitaba todo el tiempo y me sigue habitando completamente. De batallas y de amores significó reencontrarme con mi voz lírica de pequeña, y me aparecieron recuerdos. Y, además, todo es consenso entre los tres. Y está también un guitarrista que es Sergio Zavala, y es bárbaro. -¿Y qué recuerdos te trajo este show? -Hay una poesía que digo en un momento, y es muy hermosa. Se lo conté a mi hermana Graciela, y le dije que no sabía por qué me parecía especial. Porque no la había estudiado, o no lo recordaba. Y ella me dijo que yo sabía esa poesía y que la decía tanto que ella la aprendió de memoria solo por escucharme. No tenía en la memoria ese recuerdo familiar. Fue muy lindo recuperarlo. A los 18 años empecé a estudiar con Agustín Alezzo y yo renegaba un poco de la declamación que había aprendido Cuando di el examen de ingreso él me dijo que no renegara porque tenía algo muy difícil de conseguir en un actor o una actriz, que es el bien decir y eso es por la poesía. La palabra dicha es muy poderosa. Si recuperamos el sentido profundo de cada palabra vamos a poder hacer transformaciones. Porque cada palabra tiene su espacio, tiene su volumen y tiene una capacidad de contagio hacia el otro. Este espectáculo, entonces, es una propuesta de contagio de lo comunitario, y de lo difícil que es hoy. Está bastante perdida la posibilidad de sentir y pensar al mismo tiempo con un pensamiento transversal. -¿Hemos perdido el sentido de comunidad? -Si, y tenemos que volver a recuperar el centro de alguna manera. Es difícil porque quienes hoy gobiernan nuestro país han cooptado las cabezas y durante años hicieron un trabajo fino con cosas que no son verdades ni comprobadas, y esto generó que mucha gente les creyera. Eso pasa con los pueblos. Y yo creo que hay que volver a compartir y repensarse. De batallas y de amores es una suerte de ofrenda de nuestro corazón para ver si podemos ir despertando. En algún lugar hay una gema muy preciosa que es el sentimiento de Patria, fuera del eslógan que no es algo vivo, sino que hay que nutrirlo y volver a despertarlo. La identidad no está definida sino que se redefine todas las veces. Horacio González decía que la cultura es la estructura secreta de todo lo que hacemos, incluso en materia de economía. Y somos todo eso. En este momento esa estructura nos está destruyendo el país y hay que pensarse. Hay que volver a hacer renacimientos y revisiones de quiénes somos. No esta dicha la última palabra y nunca es la última palabra tampoco. Por eso decimos que todos los días tenemos que librar batallas, hasta las más chiquitas en lo cotidiano. Este espectáculo es una invitación a sentir la proximidad de todos nosotros, buscando lo que verdaderamente es una Patria y la defendamos como compatriotas. En una parte hablo de (José) Artigas que tenía el concepto de igualdad y decía que el pueblo todo era la Patria, con los indígenas, con los pobres, con los negros, con las mujeres. Repartió tierras, hizo reforma agraria. Tenemos un pasado tan valioso Creo que son momentos para animarse. Estos tiempos nos exigen mucho coraje, como tuvieron nuestros grandes patriotas, mujeres y hombres. -Hace poco anunciaron que estaban restaurante las cintas de La extraña dama. ¿Se contactaron con vos? -A mí no me llamó nadie. Me enteré porque empezaron a mandarme cosas, y la gente estaba enloquecida. Y yo también. Siempre quise que volvieran a darla porque es una hermosa historia que está viva, como si la hubiéramos hecho hace unos años. Duró seis meses, pero la gente cree que fue más larga. Cuando me enteré, llamé a Omar Romay que fue el productor y tampoco sabía nada pero averiguó y supo que tenían dificultad con algunos capítulos que no estaban en condiciones. Después está el tema de derechos. Muchas veces quise que se vuelva a dar, y hablé con Romay, pero había un tema de derechos. Ojalá podamos volver a verla. -Fue la novela que te dio popularidad porque antes habías hecho televisión, pero sos una mujer de teatro. -Claro. He hecho mucho teatro. Y no siempre comercial porque me gusta también el coraje de probar otras cosas. Hice un unipersonal maravilloso con Helena Tritek que se llamaba El collar de la Paloma. Precioso, con textos orientales. Recorrimos el país y también lo hice en Italia, en italiano, en 2013, en el Teatro Antico de Taormina. Diez años antes había estado allí mismo viendo a Elton John y recuerdo que cuando estaba sobre el escenario le brillaban las manos. Era algo increíble. Después quise subir al escenario, lo que no fue fácil pero conseguimos el permiso y cuando pude me propuse actuar, alguna vez, actuar allí. Y se dio con esa obra diez años después, en el marco de un festival. También hice otra obra maravillosa con Lía Jelin que se llamó El alma inmoral. Pero es cierto que La extraña dama me dio popularidad porque la vieron millones de personas. Para mí fue una novela redonda y una historia que me permitió transitar mucho como actriz. Y con un elenco extraordinario, lo que también me impulsó a crecer. Tuve mucha suerte porque eran grandes actrices y actores muy compenetrados y todos se sabían la letra. Jamás nada era de taquito. Fue un placer enorme hacerla. Recuerdo que sobre el final grabamos en un convento jesuita, y los sacerdotes decían que nadie iba a misa a la hora de la novela, a las 6 de la tarde. Pero como ellos consideraron que la historia era tan buena, aceptaron que vieran la novela y después fueran a la misa. También hubo caballeros con los que me he encontrado a lo largo de los años, que me han dicho que la transgresión de escaparme del convento por una puertita, les permitió aceptar su propia sexualidad en la adolescencia. Les abrió la posibilidad de la transgresión y de animarse a ser quienes ellos querían ser. Cuatro veces fui extraña dama, y fue para conquistar al personaje Jorge Martínez por un bien mayor, que era la felicidad de la hija. Eso era extraordinario. Todas las personas conservan el deseo de un momento heroico. Uno anhela ser algo mejor de lo que es cotidianamente. Entonces ahí había una identificación. Por eso, a veces, cuando veo que hay tantas diferencias y discusiones sociales en este momento pienso que hay que recordar todo lo más horrible que nos ha pasado. También me parece que hay que buscar aquellos momentos que nos dieron profunda felicidad, en comunidad, en familia. Y con la novela pasaba eso, porque la miraba la madre, la hija, el hermano, la abuela y después hablaban, compartían. A todos les producía una fascinación especial esa historia. Bueno, busquemos qué lugar de la fascinación de nuestra Patria nos hermana. -Otra de las novelas icónicas fue Amo y señor, con su famosa cachetada ¿Qué recuerdos tenés de ese momento? -Esa cachetada no era violencia, sino pasión y humor. No había violencia porque Victoria Escalante [su personaje en la ficción] estaba par con él y también le daba cachetadas. No había golpes. Si yo hubiera pensado que en la historia había violencia, no la habría hecho. Por otra parte, un actor o una actriz puede encarar un mismo tema desde el lugar de donde está la razón. La gente se reía mucho con Jorge Sassi y con las pavadas que decíamos. Yo digo que era como de Los tres chiflados. Recuerdo también la Némesis de La venganza de mujer, que estaba basada en Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, con Celia Juárez, que hacía de mi madrina, y Lita Soriano. Cuando hice Cosecharás tu siembra trabajé con Lautaro Murúa, Susana Lanteri, Norberto Díaz. Eran actores y actrices formados en el teatro, que no es lo mismo. Esto es lindo decirlo para correr un poco el éxito momentáneo. Hice todos personajes muy distintos entre Amor Gitano, que era de época, de ahí pasar a Victoria Escalante, con los pelos al viento, y luego Venganza de mujer, que hablaba en correntino, y La extraña dama, Cosecharás tu siembra y Más allá del horizonte. -Si tuvieras que elegir un galán con quien trabajaste, ¿quién sería? -Puedo elegir dos (risas). Arnaldo André y Osvaldo Laport fueron dos galanazos, cada uno para la historia que teníamos que contar. Cuando trabajé con Arnaldo en Amor gitano, yo recién empezaba y él venía de muchos éxitos en Venezuela. Fue impensado lo que pasó entre nosotros dos. Ahí empezamos una amistad Teníamos una energía parecida y nuestras voces enganchaban; los dos, muy pasionales. Fue un bombazo. Y Osvaldo es un ser de mucha dulzura. Cuando hicimos Cosecharás tu siembra, su mujer Viviana Sáez estaba lejos en ese momento y él la extrañaba mucho. Entonces estaba tristón y yo le decía que tomáramos un café. Era muy tímido. En el lugar de trabajo era de muchísima entrega y muy compenetrados también en la historia. Y después hizo de mi hijo putativo en Más allá del horizonte. Eso era muy divertido, él estaba en taparrabos y yo hacía toda una composición de una estanciera, una rebelde, una revolucionaria que defendía los derechos de los indios. Me di placeres con la tele. A veces me preguntan si la extraño, y no, no la extraño porque soy de acá y allá, del otro lado, y estoy muy feliz ahora. Claro que si apareciera un buen proyecto, me encantaría volver. -Hablemos de tu historia de amor con Roberto. -Lo conocí en clases de teatro, a los 20 años. Él estudiaba medicina, se recibió en el 1974. Es otorrinolaringólogo. Es actor y escritor. Su primera novela, El tren de las Diez, salió entre los cuatro finalistas del Premio Planeta en 1996. -¿Cómo lograron que el amor traspasara el tiempo? -Si uno supiera (risas). No hay secretos. Me parece que hay que tener muy claro el espacio, eso que gustó tanto en La extraña dama. Es la capacidad de poder ver a la otra persona renunciando, a veces, a lo propio. Saber que no siempre tenés la razón, las permanentes negociaciones, y lo más importante, la escucha. Ahí se produce un equilibrio de necesidades. Hay que escuchar mucho, estar muy presente todo el tiempo y amarse, por supuesto. Eso es una base de profundo amor. Roberto es un gran contador de historias me entretiene todo el día y seguimos riéndonos juntos. -Habrán tenido crisis, como todos los matrimonios. -Sí, pero de más jóvenes, cuando uno sabe menos, comprende menos, tiene muchos más miedos y se conoce mucho menos. Y después, a medida que va pasando el tiempo, se va produciendo algo que no es un acostumbramiento, todo lo contrario. Es el estar cada vez más vivos y sostener ese amor que sigue tan profundo. Él cada tanto me dice: ¿Te hago reír todavía?. Y el humor es muy importante. Él dice que tengo la lengua de mi abuela, que no paro de hablar. Así que entre los dos conseguimos un buen equilibrio. Con Roberto hacemos Juana vive desde el 2019, sobre la historia de Juana de Azurduy. Es la primera vez que trabajamos juntos y ese era un viejo proyecto de Rosa Celentano, que era amiga nuestra. Tenía un viejo sueño que era que trabajemos juntos y hagamos la historia de Juana Azurduy. Y yo tenía miedo. No a trabajar juntos, sino a ser Juana. Porque yo nunca había hecho un personaje que existiera. Sí había hecho mujeres de lucha, que sufrían, pero aún en el sufrimiento iban hacia adelante. Y un día sentí que estuve lista y tuve tantas satisfacciones. Ahora vamos a estar con Juana vive en el Teatro Pepe Soriano, en Benavídez, el 18 de abril. -Tus hijos también siguen tus pasos, de alguna manera -De alguna manera sí. Lucrecia estudió gestión en arte y cultura, y es productora. Y mi hijo Tomás es creativo publicitario y tiene su agencia. Él le tomaba la letra siempre a Roberto y hasta el día de hoy se acuerda de algunos parlamentos (risas). Y siempre está en mis estrenos. Tenemos un chat que se llama Cuentos de mamá y a veces, cuando tengo tiempo, les grabo algo. -¿Y cómo sos como abuela? -Mi nieta se llama Lara y tiene 11; es hija de Lucrecia. El de los cuentos es un mundo que nos habita mucho a todos. Roberto es un gran contador de cuentos e inventa. Cuando nuestra nieta se queda en casa, él le inventa un cuento. Y un día le dijo: Abuelo, ¿vos todo esto lo estás inventando en este momento?. Y él dijo que sí. Porque se le ocurren cosas que a mí jamás se me ocurrirían. Es un relator. Sabe inventar. Y ella le respondió; ¡cuánta creatividad! (risas). Agradecemos a @tiempodsabores
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