26/03/2026 09:39
26/03/2026 09:39
26/03/2026 09:39
26/03/2026 09:38
26/03/2026 09:34
26/03/2026 09:34
26/03/2026 09:33
26/03/2026 09:33
26/03/2026 09:33
26/03/2026 09:32
» TN
Fecha: 26/03/2026 06:09
Todo empezó con un video en redes sociales. En él, un joven contaba con naturalidad algo que lo había sorprendido: muchas pastas de maní industriales se elaboran con maní que no se vende para otros usos, ya sea por calidad o por estado. La publicación tuvo un impacto inmediato y en pocas horas acumuló miles de reproducciones y seguidores. Detrás de la cuenta Giapura está Franco Leonardi, un estudiante de 18 años que todavía cursa el secundario técnico y que, casi sin buscarlo, terminó creando su propio emprendimiento. Siempre entrené y me interesó la alimentación. La pasta de maní es un alimento muy completo para el deporte, así que consumía mucho, recuerda en diálogo con TN. Leé también: Dos hermanos empezaron vendiendo maní, invirtieron US$60.000 y ahora tienen 6 locales en Buenos Aires Lo que empezó como un hábito personal se transformó en una oportunidad cuando un conocido de su familia, vinculado a la industria del maní, le explicó cómo funciona parte del circuito productivo. Me dijeron que muchas veces la pasta se hace con maní que no se puede vender de otra forma: maní viejo, partido o que no tiene la calidad suficiente para comercializarse entero. Ahí pensé que podía hacer algo distinto, asegura sobre ese tramo inicial. Experimentos en casa: La primera vez fue un desastre Con esa idea en mente, empezó a experimentar en su casa. Sin maquinaria profesional, con una minipimer y mucha prueba y error, dio sus primeros pasos. Arranqué haciéndola para mí. Compraba maní y lo procesaba, pero la primera vez fue un desastre, dice entre risas. El problema era básico: no conocía el proceso. Probó con maní crudo, después le agregó agua y el resultado fue incomible. Con el tiempo entendió que el tostado era clave para liberar los aceites y lograr la textura cremosa. Procesaba un rato y después tenía que meter la minipimer en el freezer diez minutos porque se recalentaba muchísimo. Era todo muy básico y casero, reflexiona. Es por eso que las primeras tandas se hacían con paciencia, casi artesanalmente. Y así fue como lo que empezó como un hábito personal terminó convirtiéndose en una oportunidad. El momento que cambió todo Mientras tanto, atravesaba el final del ciclo lectivo con una idea clara: quería tener un proyecto propio. Entonces decidió compartir el proceso en redes. Grabó un video contando lo que había descubierto sobre la pasta de maní industrial y cómo estaba intentando hacer la suya propia. La respuesta fue inmediata. El primer día ya tenía mil seguidores nuevos. Para mí era una locura. Ahí dije: no puedo dejar esto, explicó. Y ese, sin dudas, fue el punto de inflexión. Compré una procesadora más potente, compré frascos, empecé a organizar todo como si fuera algo más serio. Y ahí arrancó todo, recuerda el joven. Leé también: Le surgió una idea frente a una góndola, invirtió US$10.000 y proyecta facturar US$1,5 millones en un año El crecimiento en redes acompañó: en pocos meses alcanzó cerca de 20 mil seguidores con apenas algunos videos. Ventas, producción limitada y crecimiento acelerado Las ventas comenzaron a fines de diciembre. Al principio, con tandas pequeñas de entre 60 y 100 frascos que se agotaban rápidamente. En total, estima haber producido unos 100 kilos en cuatro meses. Habré facturado alrededor de medio millón de pesos, pero reinvertí casi todo, aclaró. Aun así, el balance es claro: el proyecto funciona y tiene demanda. La marca del emprendimiento se llama Giapura, una palabra que sintetiza la idea detrás del producto: El nombre viene de energía pura. La idea es que, a diferencia de muchas pastas industriales, la nuestra ofrece maní puro, de buena calidad, sin agregados. Es un alimento real que te aporta grasa, proteína. Energía y maní puro. Gran parte de su contenido en redes no muestra solamente el proceso de producción. También documenta su rutina: el entrenamiento, la alimentación y el día a día del proyecto. Mi idea no es solo construir una marca alrededor de un producto, sino alrededor de un estilo de vida, afirma. Franco lo explica con una reflexión que resume su motivación: Siempre me gustó inspirar a otros. Mis amigos vienen a preguntarme cosas del gimnasio o de la comida. Ayudar a otros a mejorar o animarse a hacer cosas también me llena mucho. Como ocurre en muchos emprendimientos jóvenes, el proyecto también se sostiene gracias al entorno cercano. Mis viejos me apoyaron desde el primer momento. Mi papá me ayudó a comprar la máquina y la materia prima, y después yo se lo devolví. Tanto él como mi mamá participan detrás de cámara, mi hermano me filma, me ayudan con todo. Sus amigos también forman parte de ese ecosistema emprendedor: somo cerca de siete chicos y varios tenemos proyectos propios. Uno vende ropa para ciclistas, otro accesorios, nos apoyamos entre todos. El futuro: automatizar, escalar y llegar a todo el país Mientras termina el secundario técnico, Franco ya proyecta los próximos pasos para su emprendimiento. Uno de sus principales desafíos será optimizar los tiempos. En lo inmediato, busca mejorar la producción: Hoy hago un kilo por hora. Estoy evaluando comprar una máquina que produzca entre 15 y 30 kilos por hora para poder abastecer la demanda y crecer, explicó. En paralelo, también avanza con soluciones propias: está adaptando partes de un viejo lavarropas para construir un tostador, un proceso que además comparte en sus redes sociales. Sin embargo, su visión va más allá de la producción. Mi objetivo es llegar a todo el país. Primero con envíos y lanzamientos online, y después a través de dietéticas o revendedores, señaló. Además, quiere innovar en la forma de vender. Me gustaría hacer algo que en la Argentina casi no se ve: un drop de pasta de maní, como hacen las marcas de ropa. Lanzar una cantidad limitada de frascos en un día y venderlos hasta que se agoten. Así no solo vendo, sino que también valido el producto, sostuvo. Aunque todavía no sabe con certeza hacia dónde lo llevará el camino del emprendedurismo, tiene claro su propósito: Capaz no termino viviendo de la pasta de maní, pero quiero inspirar a otros, mostrar el proceso y ayudar a que más personas se animen a crear algo propio, concluyó.
Ver noticia original