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La Plata » El dia La Plata
Fecha: 26/03/2026 04:28
Lucas Sebastián Raffo eleconomista.com.ar Los terceros años siempre significan un dolor de cabeza para los presidentes en ejercicio, generalmente por razones económicas. La pregunta es cómo lo surfeará Javier Milei. La intención de esta nota no es responder ese interrogante, sino más bien prestar algo de atención a lo que sucede en la vereda de enfrente. Gran parte de los hechos relevantes que definieron el clima en los años electorales (la conformación de Cambiemos en 2015, el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández en 2019 o la aparición fulgurante de Milei en 2023) tuvieron su caldo de cultivo en los terceros años. A diferencia de contextos anteriores: la oposición no solamente no está en capacidad de construir una alternativa, sino que se encuentra absolutamente desorientada sobre qué ofrecer. En 2014 o 2018, incluso en contextos de debilidad, la oposición tenía una serie de demandas claras a articular, y una mirada alternativa a cómo hacer las cosas. Los fracasos de Cambiemos primero y del Frente de Todos después parecen haber dinamitado la credibilidad de sus referentes, y esa mirada apareció claramente cristalizada en las elecciones de medio término anteriores: el gobierno venía golpeado en la opinión pública, en la conversación digital y en el Congreso...y ganó. El problema de fondo para la oposición sigue siendo la representación, algo mucho más profundo que la mera construcción de oferta electoral. Representar implica encadenar intereses y demandas, ofrecer un rumbo nítido, en términos más poéticos sería ponerse por delante de la coyuntura para guiar y conducir. Esta reflexión me hace recordar algo que leí en el Substack de una amiga muy querida (casi un pedido desesperado por ser representada). La oposición hoy apenas es un rejunte de voluntades que cuestionan a Milei por las formas, se posicionan sobre los temas, pero lejos están de ofrecer una respuesta coherente y confiable a cuestiones nodales en el país como la economía, la política exterior, o la seguridad. Representar en este contexto no deja de ser un gesto de audacia, nada más lejos del comportamiento de los referentes del peronismo, el radicalismo o el PRO caracterizados por la tibieza y el cálculo permanente. Inclusive en aquellos que tienen posiciones discursivas más estridentes confunden representar con opinar. La representación necesariamente debe incluir acciones consecuentes con lo que se enuncia (sino pregúntenle al gobierno el daño que les hace el Caso Adorni). Los terceros años suelen ser contextos ordenadores en ese sentido: crean condiciones de posibilidad. Es difícil pensar en el comienzo del acercamiento de posiciones de las tribus peronistas en 2018 o el ascenso de Javier Milei sin la crisis cambiaria del tercer año macrista, o la renuncia de Martín Guzmán y el descalabro económico del peronismo en 2022. El talón de Aquiles de la experiencia libertaria parece ser el estancamiento de la baja de inflación, sumado a los problemas de actividad y empleo que se concentran en las grandes urbes y los escándalos de corrupción agravando la percepción de la economía. Durante la segunda mitad del año seguramente veamos a los hoy aliados recelando el apoyo en el Congreso y una especie de sálvese quien pueda político ya que luego del Mundial de Fútbol podemos decir que arranca el contexto preelectoral. Por el momento el gobierno juega solo: cuenta con una centralidad incuestionable para bien y para mal. Todos los malos momentos que sufrió el año pasado y este provienen de errores no forzados y la articulación opositora solo alcanzó a plasmarse en el Congreso. El problema del peronismo es que se encuentra en una situación similar a 2018 pero con mucha menos credibilidad que en aquel momento: la experiencia del Frente de Todos significó un trauma difícil de digerir para una buena porción del electorado al que definitivamente no le gusta Milei, pero tiene muy fresco en la memoria el chasco del experimento de Alberto-Cristina-Massa. El primer debate honesto que se debe el peronismo está ahí: considerar al Frente de Todos como una criatura que fracasó únicamente por la figura presidencial es deshonesto incluso para con los propios. Si cada vez que el peronismo gana una elección (incluso una en una provincia como Buenos Aires), el riesgo país se mueve y el que puede sale corriendo a stockearse o comprar dólares, el problema es mucho más profundo que Alberto Fernández. La perspectiva de construir un frente amplio anti-Milei sin saldar antes la discusión económica aparece como utópica, por no decir infantil. Para colmo el federalismo electoral empeora las cosas para la oposición: la crisis de representación a nivel nacional aumenta los incentivos para que los dirigentes provinciales prioricen el juego local en contextos donde la proyección nacional no aparece como posibilidad. Esta cuestión afecta a peronistas, radicales y del PRO por igual. Para cerrar, un disclaimer: este estado de situación aplica a marzo de 2026. Lo cierto es que los terceros años justamente combinan coyunturas críticas para los oficialismos y movimientos febriles de armado en las oposiciones: la demanda de representación por aquellos opositores a Milei acelera la urgencia de una respuesta. Querer ponerse predictivo en este contexto es casi tan imprudente como intentar acertarle a una mosca con un rifle de aire comprimido. Recomiendo evitar esa tentación. 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