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» TN
Fecha: 25/03/2026 19:28
Huelga de mineros, gobierno de la dama de hierro Margaret Thatcher, mediados de los 80. Una crisis social que tiene a los obreros del carbón como cara visible. Y en el corazón de una de esas familias trabajadoras, un chico de 11 años, Billy Elliot, que sueña con ser bailarín de ballet. La historia de superación, talento natural, prejuicios y solidaridades de la obra teatral, que se mantuvo durante más de 10 temporadas en el West End de Londres, y luego de la película de Stephen Daldry, con Jamie Bell como Billy, aterriza con todo en Buenos Aires. La vieron, en todo el mundo, más de 10 millones de espectadores. Con todo en serio: un casting notable en el que brillan cinco Billys talentosos y entusiastas (el menor tiene solo diez años), junto a un elenco adulto encabezado por Osvaldo Laport, como el padre; Graciela Pal como Edna, la abuela; y Sacha Bercovich, Alfredo Castellani, Alejandra Perlusky, Debora Turza, entre otros. También la presencia de un padrino de lujo, Elliott Hanna, protagonista original de la puesta de Londres. Esta es una obra especial, dice Hannah a TN. Muy honesta y verdadera. Un musical que no se siente como un musical, sino como algo que forma parte de lo que nos pasa todos los días. Otro de los Billys más recordados fue nada menos que Tom Holland, antes de convertirse en Spider-Man. Hanna, junto a los chicos argentinos Franco, Mateo, Joaquín, Berni y Lucio, transmite una energía tremenda sobre el escenario. Bailan tap, cantan, actúan, vuelan sobre las escenas de una historia que trasladó al mundo la acción del pueblito de Durham en los ochenta. Una historia universal. Crecí en una ciudad llamada Liverpool, muy distinta a Londres, dice. Inferior en términos de oportunidades, del tipo de gente, de las cosas que pesan, pero llena de gente creativa que a veces no tiene la oportunidad. Yo era el típico muchacho local, jugaba al fútbol, lo opuesto a Billy. Y adaptarme a él prueba que cualquiera puede ser Billy. Es simplemente uno de los mejores personajes del mundo. Permite que haya muchos chicos interpretándolo, porque no hay una versión única, correcta, de él. Podemos serlo todos.
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