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Parana » NSA
Fecha: 25/03/2026 19:19
Manuel Adorni eligió pararse frente al periodismo por primera vez desde que estalló el escándalo por haber subido a su esposa a un viaje presidencial y por haber viajado a Punta del Este en un vuelo en un avión privado que fue pagado por una empresa que provee servicios a la Televisión Pública. El mensaje que quiso transmitir, con las maneras rústicas que siempre usa, es que seguirá siendo jefe de Gabinete. Tal como cantaban los españoles del Dúo Dinámico a fines de los 80: «Resistiré, resistiré. Cuando el mundo pierda toda magia, cuando mi enemigo sea yo». Eso sí: no respondió ninguna de las preguntas relevantes que le hizo la prensa ni brindó detalles de esos dos viajes que lo pusieron en medio de una tormenta. En la Justicia figura que el vuelo desde Buenos Aires a Punta del Este fue pagado por la productora Imhouse a la dueña del avión, Alpha Centauri, y que costó 4.830 dólares. Imhouse es una productora de Marcelo Grandio, un amigo de Adorni, y hace negocios con la TV Pública. También hay otra factura, en este caso por 3.000 dólares, que hizo un piloto y mayorista de vuelos privados y que también habría pagado Grandio, a pesar de que en ese tramo viajó sólo la familia Adorni. Frente a esas dos facturas, a Adorni le pareció suficiente decir que él había pagado su parte proporcional. ¿Mostró una factura o un comprobante de transferencia que acredite ese pago? No. ¿Dijo cuánto es lo que había pagado? No. Es probable que la Justicia le reclame a Adorni algo más que su mera palabra, pero al Jefe de Gabinete no le pareció que los ciudadanos que estaban mirando su conferencia de prensa merecían explicaciones mayores y más detalladas sobre los motivos que lo llevaron a subir a su esposa a una comitiva presidencial y sobre gastos que exceden por mucho sus ingresos mensuales como funcionario, que, según él mismo explicó son menos de la mitad de lo que recibían quienes ocuparon lugares equivalentes durante el gobierno de Alberto Fernández. El Gobierno entiende que todavía tiene resto para esquivar respuestas y precisiones y apostar a que la gente se olvide. Es un camino posible que ya ensayaron otros gobiernos, algunos de ellos con éxito. La cuestión es que para transitar ese camino hace falta combustible y ese combustible son las buenas noticias. El plan de fingir demencia sirve cuando la ilusión y la esperanza están en marcha y no es demasiado eficaz como remedio en momentos en que la angustia y la desilusión se instalan. Para decirlo de otra manera, esa idea funciona sólo cuando las cosas van bien, y eso es algo que no depende de Manuel Adorni.
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