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Fecha: 25/03/2026 12:21
Por Roque Guillermo Benedetto Contador Público, Abogado y Escribano En la Argentina de hoy el crédito dejó de ser, en muchos casos, una herramienta para crecer y pasó a ser una forma de sostener lo cotidiano. Ya no se pide dinero para invertir o ampliar un negocio. Se pide para cubrir el alquiler, la tarjeta, los servicios o el supermercado cuando el ingreso no alcanza. En ese contexto aparece una propuesta difícil de ignorar: la rapidez. Abrís la aplicación, elegís el monto, seleccionás la cantidad de cuotas -hasta doce-, confirmás y, en cuestión de minutos, el dinero está acreditado en la cuenta. No hay trámites, no hay demoras, no hay intermediarios visibles. Todo es simple, demasiado simple, porque el crédito es inmediato, pero la obligación que nace de ese clic no lo es. I - El número concreto Para entender de qué estamos hablando, conviene ir directo a un ejemplo. Pedís $100.000 y si elegís devolverlo en 12 cuotas, terminás pagando $18.564 por mes.Cuando se suma todo, el total a devolver es de $222.768, es decir; en un año devolvés más del doble de lo que recibiste. Hasta acá, el escenario es claro y previsible, pero el análisis serio no termina ahí, pues empieza cuando ese esquema deja de cumplirse. II - Lo que el contrato establece si te atrasás Las Condiciones Generales publicadas por la empresa lo dicen con claridad. Y esto es importante: no se trata de interpretación ni de una advertencia genérica, sino de reglas concretas que forman parte del contrato que el usuario acepta al tomar el préstamo.En otras palabras: esto no es teoría. Es lo que efectivamente se aplica. 1. Mora automática El contrato establece: La mora se producirá de pleno derecho en forma automática al vencimiento de cualquier Cuota, si ésta no hubiera sido cancelada a esa fecha en su totalidad. Esto significa que no hace falta intimación previa ni aviso de ningún tipo, ya que si el día del vencimiento la cuota no está paga completamente, el préstamo entra en mora de manera automática. No hay margen de tolerancia ni unos días más y desde ese mismo momento empiezan a generarse consecuencias económicas. Desde el punto de vista jurídico, esto es válido dentro del derecho argentino (arts. 886 y concordantes del Código Civil y Comercial), pero llevado a la práctica, implica algo muy concreto: el usuario no tiene tiempo de reacción y el atraso se configura de inmediato. 2. Intereses punitorios El mismo texto dispone que en caso de mora: El Usuario Tomador deberá abonar un Interés Punitorio cuya tasa será por hasta el equivalente a dos veces la Tasa Nominal Anual (TNA) establecida en las Condiciones Particulares. Traducido a un lenguaje simple: además del interés que ya venías pagando por el préstamo, se agrega otro interés por el atraso. Y ese interés puede ser muy alto: hasta el doble de la tasa original. Es importante entender esto bien, no reemplaza al interés normal, se suma, generando un efecto acumulativo y es por ello, que la deuda empieza a crecer más rápido justamente en el momento en que dejaste de poder pagar. 3. IVA sobre los punitorios El contrato también aclara: Los Intereses Punitorios se encuentran alcanzados por el impuesto al valor agregado a cargo del Usuario Tomador. Esto implica que el usuario no solo paga interés por el atraso, sino también el impuesto sobre ese interés. 4. Cargos de cobranza La cláusula correspondiente establece: Mercado Pago podrá percibir Cargos y Comisiones por acciones y gestión de cobranza, incluido el IVA sobre los mismos. Esto significa que si la empresa tiene que iniciar gestiones para cobrar -recordatorios, reclamos, instancias administrativas-, esos costos pueden trasladarse al usuario, por lo que la deuda no solo crece por intereses, sino también por gastos asociados al proceso de cobro. 5. Reporte al sistema financiero En el resumen contractual se indica que, en caso de mora: Mercado Pago podrá realizar un informe negativo de su situación ante el Banco Central de la República Argentina, entidades de crédito y financieras. Esto implica que el incumplimiento no queda solo en la relación con la plataforma, ya que puede impactar en el historial crediticio del usuario, dificultando o impidiendo el acceso a otros créditos, tarjetas o financiamiento en el futuro. 6. Vencimiento anticipado Además, el contrato prevé que: Si no se pagan dos cuotas consecutivas, la empresa puede declarar vencido todo el préstamo y exigir el pago íntegro del saldo pendiente. Este es el punto más delicado del esquema, porque ya no se trata solo de deber cuotas atrasadas. Si se configuran esas condiciones, la empresa puede exigir el pago total de lo que queda del préstamo, de una sola vez y un problema mensual pasa a convertirse en una deuda exigible en su totalidad, cambiando completamente la dimensión del riesgo. III - El riesgo del endeudamiento en cadena En este contexto aparece un fenómeno que no siempre se ve al principio, pero que es cada vez más frecuente.Cuando una persona no puede pagar una cuota, muchas veces recurre a otro crédito para cubrir ese faltante, ese nuevo crédito genera una nueva obligación y si la situación se repite, el proceso continúa. Se forma así una cadena: un crédito para cubrir otro y otro para sostener el anterior. El problema es que cada eslabón de esa cadena agrega intereses, costos y presión financiera y lo que empezó como una solución puntual -resolver un mes complicado- se transforma en una carga permanente. Y cuanto más avanza ese proceso, más difícil resulta salir. IV - El verdadero riesgo no es la primera cuota Mientras el ingreso se mantiene estable, el préstamo es una obligación exigente pero calculable, ya que sabés cuánto tenés que pagar y cuándo, podés organizarte, podés prever.El problema aparece cuando esa estabilidad se rompe, ya que el crédito se toma en un momento puntual, pero se paga durante varios meses. Y en ese período pueden pasar muchas cosas: una baja en los ingresos, un atraso en un cobro, un gasto imprevisto. En ese contexto, el punto crítico no es la primera cuota, es ese mes en el que el dinero no alcanza y cuando eso ocurre, el contrato no se adapta, no hay mecanismos de alivio automático ni reducción de la exigencia: la mora se activa, comienzan a correr intereses más altos, se suman cargos y eventualmente, se puede exigir el total de la deuda. En otras palabras: la obligación no acompaña la caída del ingreso, se mantiene intacta. V - Cómo evalúan tu crédito y por qué pueden cobrarte así Hay un aspecto de estos préstamos que suele pasar desapercibido, pero que es clave para entender por qué funcionan como funcionan.A diferencia de un banco, donde el crédito se analiza con documentación ingresos, recibos de sueldo o historial bancario, en estas plataformas todo se define por tu comportamiento dentro de la aplicación. La empresa sabe cuánto cobrás, cuánto gastás, cómo usás la cuenta y si pagás en término y con esos datos arma tu perfil y decide en segundos si te presta, cuánto y a qué tasa. La misma plataforma que te presta es la que administra el dinero, es decir, el préstamo se acredita ahí mismo, tus ingresos pasan por esa cuenta y desde ese mismo lugar pueden debitarse las cuotas, lo que reduce el riesgo de cobro para la empresa y permite otorgar crédito de manera masiva y rápida. El sistema no está pensado para analizar durante semanas si sos sujeto de crédito, está diseñado para decidir en segundos y ejecutar de inmediato. Y esa forma de operar basada en datos y no en papeles, es lo que explica tanto la velocidad del crédito como su costo. VI - Qué dice la ley sobre estos préstamos Estos créditos no están fuera del sistema, están regulados.El Banco Central exige que se informe claramente el costo del préstamo como tasas y costo financiero total y la ley de Defensa del Consumidor obliga a que esa información sea clara y comprensible. Ahora bien, hay un punto importante: en la Argentina no existe un tope general previo, fijado por ley o por el Banco Central, que limite de manera uniforme las tasas de interés en este tipo de operaciones. El control sobre tasas excesivas, en caso de existir; es posterior y judicial, a través de la posibilidad de que un juez las revise si resultan abusivas. Por eso, un crédito puede tener un costo elevado y, aun así, no ser ilegal en sí mismo. El problema no está necesariamente en la validez del contrato, sino en el impacto económico que puede generar en quien lo toma. VII - Si es la única salida, conviene analizarla con frialdad Muchas personas no llegan a este tipo de crédito por comodidad, sino porque ese mes no hay margen: el alquiler vence, la tarjeta está al límite o el ingreso, simplemente, no alcanza. Ese es el punto de partida real. No hay planificación financiera ni estrategia detrás, sino la necesidad de resolver una urgencia concreta.Por eso, antes de aceptar, conviene frenar un momento y mirar el problema con cierta distancia. No se trata de cuánto ofrece la aplicación, sino de cuánto se necesita realmente, porque cada peso adicional no es neutro: se transforma en intereses durante meses y en una obligación que se extiende en el tiempo. El plazo tampoco es una decisión menor. Elegir más cuotas puede aliviar el presente, pero aumenta lo que se va a terminar pagando. Optar por menos cuotas reduce el costo total, aunque exige un esfuerzo mensual más alto. En definitiva, no hay una opción cómoda, sino distintas formas de distribuir la carga. Por eso, la pregunta importante no es si hoy se puede pagar la cuota, sino si se la va a poder sostener durante todo el período. Y, sobre todo, si se la podría pagar en un mes en el que las cosas no salgan como estaban previstas, que es, en definitiva, lo que suele poner en tensión este tipo de decisiones. VIII - La decisión más allá del clic La tecnología hizo que acceder al crédito sea extremadamente fácil, casi automático, y eso es, sin duda, una ventaja, pero esa misma facilidad puede hacer que se subestime la obligación que viene después, porque el problema no es el crédito en sí ni la tasa, sino el contexto en el que se lo necesita.Cuando el ingreso no alcanza, el préstamo deja de ser una herramienta y pasa a ser una forma de sostener lo que falta, no se usa para resolver algo puntual, sino para cubrir lo que no cierra todos los meses y ahí cambia su lógica. El contrato es claro, el costo está informado y las reglas no están ocultas. El punto no está ahí, sino en la distancia entre lo simple que resulta obtener el dinero y lo exigente que puede volverse devolverlo cuando esa estabilidad se rompe. Porque en ese momento la cuota no se ajusta, las condiciones no cambian y la obligación sigue siendo la misma. Por eso, antes de aceptar, la pregunta no es cuánto te prestan ni si hoy podés pagar la cuota, la pregunta es otra: si ese crédito realmente te ayuda a salir de un problema puntual o si solo te permite sostenerlo un tiempo más, hasta que se vuelva más grande y sobre todo, más difícil de manejar en una economía en constante achique.
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