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» La Nacion
Fecha: 25/03/2026 06:43
La ficción basada en una novela de Isabel Allende se estrenará el 29 de abril; Alfonso Herrera y Nicole Wallace forman también parte del elenco - 11 minutos de lectura' SANTIAGO, Chile.- La actriz, que interpreta uno de los roles principales de esta historia, caminaba por los pasillos de la mansión en un descanso del rodaje. En su calzado había un hilo de polvo rojizo. Si jugábamos a ser detectives, rápidamente habríamos descubierto de qué se trataba aquello. Pero también pudimos pensar que era parte del realismo mágico que por unos meses invadió a esa gran mansión del centro de Santiago de Chile. Allí, en el Palacio Bruna, se filmaba para la plataforma Prime Video algunas de las escenas de los ocho capítulos que compondrán la miniserie La casa de los espíritus. Aquella primera novela de Isabel Allende; sí, aquella que catapultó a la fama a la escritora en la década del ochenta; aquella que aquí regresa con todos los secretos de su éxito, a partir del 29 de abril. Es una historia larga. Es un libro largo. De allí salieron piezas teatrales y películas, como la que en 1993 tuvo un rutilante elenco, encabezado por Jeremy Irons y Meryl Streep. La casa de los espíritus tiene muchos condimentos, cuenta la historia de tres familias, en el paso de sus generaciones. Habla de un país imaginario, aunque en todo momento se refiera a Chile. De su vida en las minas, de las costumbres patriarcales. También de un empoderamiento de la mujer muy adelantado a su tiempo. Habla del golpe de estado que a principios de la década del setenta sufrió el presidente Salvador Allende (tío de la escritora), aunque en el libro no se lo llame por ese nombre. Habla de gente buena y gente mala, de pobreza y riqueza, de maltratos y torturas. De violaciones. De resiliencias. De artistas y de momentos mágicos. De un personaje central que está inspirado en Isabel Barros Moreira (la abuela de Isabel Allende), esa mujer misteriosa que era capaz de mover una pesada mesa (la que invocaba a los espíritus) solo con un dedo de la mano. Se ve que ha logrado mantener tanto el interés de los lectores, con esas historias narradas en casi tres cuartos de siglo (del último siglo), que conserva la vigencia suficiente para poder llegar a una plataforma como Prime Video, a 44 años de la publicación del libro de Allende. La historia de esta película también es larga. Entre el primer día de rodaje y la fecha fijada para su estreno hay más de dos años. LA NACION estuvo espiando uno de aquellos días de filmación, en una fría tarde del invierno santiaguino. Es una especie de Lo que el viento se llevó. Esa es la primera imagen que vino a la mente del cronista, cuando recorrió los pasillos de la mansión de marcos amarillos, o echó un vistazo a la habitación de Clara, una de estas protagonistas, que fue pintada de azul, especialmente para el rodaje. Clara tiene poderes. La clarividencia y la capacidad para mover objetos. También puede convertir a esa casa en una verdadera extensión de su magia. Y Dolores Fonzi, una de las tres actrices que interpreta a esa Clara en el momento de madurez de su vida, ya era un poco brujita en los días de rodaje por haber encarnado al personaje, y era capaz de leer la mente del cronista. Porque cuando se le preguntó sobre el éxito de esta historia, respondió con esa sonrisa ancha que tiene: Lo que pasa es que, para mí, es como Lo que el viento se llevó. Algo de eso hay. Seguro que sí. Y si lo dice la mismísima Clara (o Dolores) será mucho más probable. Ahora es el momento de algunas aclaraciones. Si esto fuera realismo mágico podríamos seguir creyendo que lo que llevaba en sus zapatillas era un polvo embrujado, pero por tratarse de una pieza periodística, habrá que decir que no era más que el rastro de polvo de ladrillo, porque había aprovechado la mañana libre para jugar al tenis. Pasado el mediodía, tomaba mate junto a uno de los actores con los que haría equipo, Juan Pablo Raba, quien minutos antes había llegado al set con un casco para andar en bicicleta. Gente rara hay en este mundo de los actores, ¿para qué querría un casco de bicicleta si había bajado hacía apenas unas horas del avión que lo traía de Colombia? Hubo una explicación también para eso y tiene que ver con una pasión deportiva de modalidad enduro. En esta producción, su responsabilidad fue la de ponerle la voz y el cuerpo al Tío Marcos, personaje amigable, un loco lindo, aunque muy por fuera de los cánones y la moral de época, que entiende como pocos el universo espiritual de Clara. Esteban Trueba, en cambio, que en algún momento se convertirá en el marido de Clara, tiene una psicología más compleja. En torno a él pasará la mayor parte de la historia. Y por allí andaba Trueba vestido con su lujoso traje, que en los ratos libres se volvía a convertir en el actor Alfonso Herrera, o Poncho, como todos lo conocen por allí. Personaje duro el de Herrera, con todos los condimentos del machismo. Visto a través de los ojos de alguien que hoy tiene 20 o 30 años y decida ponerse frente a la pantalla de Amazon para conocer esta historia, sin duda que será un personaje complejo. Es un gran reto porque es un arco muy amplio. Es prácticamente toda la vida de este personaje la que me toca interpretar. Por otro lado, es una gran oportunidad. Un hombre con tremendas carencias familiares. De su padre, la no aceptación de la madre. Y tiene vacíos que intenta llenar con el poder político y el económico. Se rige por el qué dirá social. Y en algún momento tendrá que decidir qué es lo más importante. Lo que opina el exterior y su familia. Los cambios políticos impactan de manera brutal en el microcosmos de una familia y en lo macro, de todo un país. O toda una región. Y a pesar de que es una historia de hace cuarenta años, muchos de los temas siguen vigentes. Habla de la polarización política y social, que ocurría en esa época y sigue vigente. Habla de clasismo y de machismo. Hay paralelismos que no solamente tienen que ver con lo que ocurrió en Chile, en ese momento. Creo que es una historia que va a interesar mucho también a las nuevas generaciones. ¿Y qué tanto habla de Chile y de todo el continente? Lo que creo es que ese país es América Latina. Porque yo que soy de México, puedo decir que allí existen los latifundios y los hacendados. Todo el tema del clasismo y el racismo. De alguna manera son cosas de todo el continente. De lo general a lo particular, en La casa de los espíritus hay, también, historias de sometimientos y de empoderamientos, de rencores y rebeldías. De transgresiones y represiones, como la de Férula, hermana de Esteban Trueba, que subía y bajaba escaleras de la mansión, en aquel día de rodaje. Minutos después, en los sótanos se convertía en (o volvía a ser) la actriz mexicana Fernanda Castillo, que conversaba con Nicole Wallace (la versión joven de Clara). Yo creo que desde donde se está contando esta vez es como han vivido las diferentes mujeres temas como el amor, los lazos con otras mujeres y los abusos. Y como esas mujeres se han ido soltando y aprendiendo a lo largo de la historia. El enfoque es ese, para esas mujeres que muchas veces debieron vivir sus vidas a través de las decisiones de los hombres. En especial, aquí hay dos mujeres que se han ido ayudando a sobrevivir, decía Castillo. Para la veinteañera española Wallace, es un sistema patriarcal muy claro, aún ahora. Aquí es contada desde un sitio histórico, resumía. Me gusta ver como lo importante no son las decisiones sino lo que hacen ellas con esas decisiones. Cómo reaccionan. Por eso sobreviven. Luchan por intentar cambiarlo o aprender a vivir en paz con ellas. En esta historia hay una mujer para cada tipo de decisión. Además tomaba la posta otra vez Castillo- hay una resiliencia muy fuerte. Deberíamos aprender de eso. A la generación de ahora nos toca más digerido. Como proyecto tiene una actualidad increíble porque conviven muchas naciones, de Chile, de la Argentina, de Colombia, de México, contando una historia latinoamericana que nos habla de cosas que todavía vivimos y por las que somos, de alguna manera, todavía esclavos. Habla de nosotros desde la visión nosotros mismos y eso es lo interesante. El personaje de Castillo tiene muchos que ver con la resiliencia y así lo explica Fernanda: Es una mujer que siempre estuvo subyugada por las decisiones de su hermano. Fue la hija que tuvo que cuidar a la madre. Y fue la que se libera a través del amor, porque se enamora de otra mujer y se enamora de la vida, a partir de ser libre. Cuando la encuentran muerta su espíritu se liberó. Si fuera la vida real, estos personajes serían absolutamente extemporáneos. Entre un mate y el siguiente Dolores Fonzi vuelve a su personaje que es también el de Wallace: Clara es una mujer libre y que no la hayan matado por bruja ya es un montón-. Nació con estos poderes y vivió una vida normal, con ese don, que era visto como algo raro. Lo que tiene de genial esta novela es eso. Más allá de que hay un patriarca se vive una vida libre. Hay consciencia social en esta mujer de los años cuarenta. Raro. El tío Marcos es, de algún modo un amplificador de esta personalidad que deben construir Fonzi y Wallace. Raba también es un hombre libre: Bueno, es un fantasma y viene a reforzar el componente mágico aseguraba Raba-. Si algo le da Marcos a Clara es esa idea de que todo lo que hace sirve y vale, las visiones y el componente mágico. Como se dijo, en la mansión había gente de varios países de América Latina. Por allí andaba Axel Linari, productor ejecutivo que había llegado desde la zona norte de gran Buenos Aires para sumarse a este proyecto. Él decía que la manera de contar esta historia hacía que el realismo mágico no pase por historia fantástica. Buen punto para plantar el relato. Incluso, hasta en la historia de esta mansión, hay puntos de contacto que tiene que ver con las frustraciones y los cambios de rumbo. El majestuoso edificio conocido como Palacio Bruna, emplazado en el barrio Lastarria de Santiago de Chile, fue construido a pedido el empresario del salitre Augusto Bruna. El proyecto llevó cinco años de desarrollo (1916-1921) pero su arquitecto, Julio Bertrand, quien no llegó a ver el edificio terminado, porque murió antes, de tuberculosis. De hecho, la familia Bruna tampoco pudo disfrutar del palacio, que ya la crisis del salitre hizo que el poderoso empresario y legislador chileno tuviera que recapitular con su negocios y bienes. En 1939 la propiedad se convirtió, hasta 1995, en la Embajada de los Estados Unidos en Chile. Y desde entonces pertenece a la cámara de comercio local, que se encargó de hacer una puesta en valor del edificio, para ser conservado como un clásico del patrimonio arquitectónico chileno. Acaso un clásico como la novela de Allende. Volvamos al libro. ¿Cuáles son las claves del éxito de esta historia? Si algún actor de esta producción tiene suficiente texto para analizarlo, ese es Alfonso Herrera, que lo resumió en una frase, durante el rodaje. No tengo realmente esa respuesta. Pero creo que una muy buena historia debe tener una muy buena columna vertebral. Y creo que esta no es la excepción. Es una novela que ha traspasado fronteras. Es un placer y honor ser parte de esta interpretación.
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