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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 25/03/2026 02:12
Así fue la búsqueda del puma en el Parque Patagonia, provincia de Santa Cruz (Foto/Horacio Barbieri. Rewilding Argentina) Primero encontramos una huella; después, restos de una presa. El viento sopla fuerte en la Patagonia y, luego de dos horas de caminata, las camionetas 4x4 que nos llevaron hasta el lugar ya son apenas dos puntos lejanos en el paisaje. Es un lunes de marzo y vamos tras los rastros de un puma y sus dos cachorros. Conocido como el depredador tope del ecosistema, el puma es el segundo felino más grande de Argentina y Sudamérica, después del yaguareté. Por su agilidad y capacidad para cazar, se adapta a todo tipo de hábitat: desde la puna, a más de 4.000 metros de altura, hasta las húmedas selvas de Misiones. Aunque no existen cifras oficiales, se sabe que habita en casi todas las provincias del país. El año pasado, quienes se quedaron más de dos días lograron ver al menos un puma, cuenta Facundo Epul, quien oficia de guía para Infobae y otros medios, en el marco de un viaje a Parque Patagonia, ubicado al noroeste de la provincia de Santa Cruz, que organizó Rewilding Argentina. Desde el año 2012, la fundación trabaja en la reintroducción y recuperación de especies en peligro de extinción y la restauración de la biodiversidad en el lugar. Antes de iniciar la búsqueda, Epul da algunas pautas para que el avistaje sea seguro: caminar detrás de él y no hablar. Con grupos como el nuestro, de cinco personas, el silencio será un desafío. La paciencia también. Porque, aunque parece que no pasa nada, muchas cosas están sucediendo al mismo tiempo. Además, cualquier movimiento o ruido fuerte puede alterar ese equilibrio, en apariencia invisible. Los pumas son gatos grandes y de hábitos. Durante el día necesitan mantenerse ocultos. Si tienen que cambiar lo que están haciendo por nuestra presencia, sus presas los detectan, se alejan y eso les complica la caza, cuenta el guía. A medida que avanzamos, el viento peina los coirones hacia el suelo y a nosotros nos despeina. Caminamos hacia la derecha, luego a la izquierda. Subimos, bajamos, nos detenemos. Epul mira unos segundos a través de sus binoculares en distintas direcciones, se da vuelta hacia nosotros y levanta el pulgar. Nos pide que lo esperemos. Se aleja, regresa y propone un camino en base a su experiencia. Según dice, hay probabilidades de encontrar al puma y sus cachorros: hace 24 horas hubo un avistaje en esta misma zona. La ventaja es la lluvia de la noche anterior: las huellas podrían ser recientes. La desventaja: el viento. Cuando hay tanto viento como hoy, los pumas suelen refugiarse. Aunque, si se mojaron, también pueden estar echados al sol sobre alguna piedra. Al ser animales crepusculares, sus mayores picos de actividad ocurren durante el amanecer y el anochecer, explica Epul. En el lugar hay presencia de guanacos, presa principal del puma. De hecho, uno de ellos fue cazado y esos son los restos que vimos, semiocultos junto a una huella, poco después de iniciar la búsqueda. El puma lo dejó tapado para que no lo coman los cóndores porque después vuelve. Es una zona de carneo, dice Epul. Seguimos buscando. Mi teoría es que están metidos entre los arbustos, porque todavía tenían carne, especula el guía. Acercarnos sería arriesgado, tanto para nosotros como para el animal, agrega. Aunque los ataques a humanos son raros, mantener distancia es clave. Por eso, durante la búsqueda, siempre vamos por zonas abiertas y a una distancia prudente de los arbustos más tupidos. Caminamos un tramo más y volvemos a detenernos. Epul se agacha y reconstruye los pasos que dimos con un garabato en la arena. El único lugar que nos falta es este paredón que lo tracé con una línea recta. Pero ese paredón lo venimos viendo desde que nos bajamos de la camioneta y ahí no están. Puede ser que se hayan ido al paredón de enfrente, el de allá, explica y señala hacia delante. Para ese momento ya es casi el mediodía y, aunque nadie lo dice, la idea de encontrar al puma empieza a diluirse. Emprendemos el regreso a los vehículos para trasladarnos a otro lugar. El buscador de pumas Facundo Epul tiene 30 años y es oriundo de la localidad de Perito Moreno. Creció en el campo, rodeado de todo tipo de animales, escuchando historias donde el puma era casi un enemigo. Estaba diabolizado porque mataba ovejas, recuerda. Había muchos mitos. Decían que el puma colorado, que es chileno, era malo; y que el gris, que es argentino, era bueno. Para mí, que era un niño, eso era una verdad absoluta, cuenta y se ríe. Terminó el secundario y se fue a estudiar Administración de Empresas a la provincia de Córdoba. A los 23, con el título en mano, regresó a Santa Cruz, aunque sin un plan definido. Cuando me fui, no existía un área protegida que permitiera pensar en turismo de naturaleza como hoy. Pero, de alguna manera, me preparé para hacerlo, cuenta. Empezó con cabalgatas en el lago Buenos Aires; después siguió con safaris fotográficos de fauna silvestre. Hoy dirige su agencia, El Choique Guía, y ofrece una experiencia única en el país: avistaje de pumas, choiques, cóndores, entre otras especies, en su hábitat natural. Es el único lugar de Argentina donde se pueden ver pumas en libertad, asegura. Trabaja en equipo con otros dos guías locales, habilitados y conectados todo el tiempo por radio o teléfono satelital. Mientras él rastrea desde temprano, los otros trasladan a los visitantes hasta el punto de encuentro. Así aumentamos las probabilidades de encontrarlos y poder verlos, dice. Encuentro cara a cara Subimos a las camionetas y nos trasladamos hacia otro punto en la inmensidad del Parque Patagonia, que concentra más de 200.000 hectáreas. Según Epul, allí se reportaron dos pumas posiblemente hermanos más temprano. Recorremos media hora por camino de ripio hasta llegar. Bajamos de las 4x4 y, como nos pidió el guía, cerramos las puertas lo más despacio posible. El reloj marca las 13.30 cuando retomamos la búsqueda. Ahora el camino es en subida. Aunque el viento nos empuja por la espalda, el cansancio ya se empieza a sentir. Sabemos que lo más probable es que el animal esté refugiado en algún arbusto de mata negra. Epul repite las instrucciones y refuerza un pedido que hizo al principio: en caso de encontrar al puma, nadie debe exclamar ni señalar dónde está. Después de media hora llegamos a un punto y nos detenemos detrás del guía. Epul mira a través de sus binoculares, señala un arbusto a unos cuarenta metros y ofrece el par de largavistas extra que lleva encima. Nos miramos algo incrédulos. No vemos nada, pero igual sacamos los celulares por reflejo. Está durmiendo susurra alguien. Luego de unos segundos lo vemos. Está acostado, casi fundido con el paisaje. Cuesta distinguirlo incluso con binoculares. Finalmente lo ubico. Minutos después levanta la cabeza. Lo despertamos, pienso. Lo que sigue pasa muy rápido. El puma nos mira fijo muy fijo durante casi un minuto. Lo observamos con fascinación hasta que se da media vuelta y se aleja en dirección contraria. En segundos se pierde en el paisaje. Ahora sí quedamos mudos. De regreso, una de las preguntas que le hicimos al guía fue qué tenía el puma en la oreja, que parecía caída. Según Epul, lo que llevaba puesto era una caravana: un pequeño dispositivo de seguimiento satelital, ajeno al monitoreo que hace Rewilding Argentina. Tampoco era uno de los dos hermanos que buscábamos. Seguramente los otros estaban cerca y no los vimos, dice. El puma y su territorio Durante décadas, el puma fue perseguido por su impacto en la cría de ovejas. Aunque suele ser un animal esquivo, que evita el contacto con las personas, los conflictos con ganaderos hacen que todavía hoy se lo mate en represalia o de forma preventiva. En la provincia de Santa Cruz, desde 2018, un equipo de Rewilding Argentina trabaja en la Estación Biológica El Unco, donde estudia y monitorea a esta y otras especies mediante collares GPS y VHF. Desde entonces, el proyecto registró 70 pumas entre adultos, juveniles y cachorros y en la actualidad mantiene el seguimiento activo de al menos 10 ejemplares adultos y 6 crías. Ese monitoreo permite reconstruir sus movimientos: identificar dónde cazan y descansan y entender su comportamiento. La información no solo sirve para proteger al puma, sino también para evaluar la salud del ecosistema en el que vive. El hecho de que haya un área protegida, como Parque Patagonia, hace que se sientan más seguros y tranquilos. Incluso se los puede ver más habituados a los vehículos. No es que olviden que fueron perseguidos durante años, pero hay crías que crecen viéndonos y saben que no somos una amenaza, agrega. La mejor época para el avistaje es entre marzo y noviembre, cuando las primeras heladas empujan a los guanacos hacia zonas más bajas y el ecosistema se reacomoda. La migración del guanaco no solo nos da un espectáculo único, sino que también concentra a los pumas, dice Epul. *Más información sobre Parque Patagonia, acá.
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