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Gualeguay » Debate Pregon
Fecha: 24/03/2026 23:41
El Maestro Roberto Nicolás Epele- Por Tuky Carboni En el barrio Pancho RamÃrez de nuestro Gualeguay, hay una calle que lleva el nombre de este memorable personaje que vivió y murió en nuestra ciudad; pero pocos conocen su historia de abnegación, su sabidurÃa, su entrega de amor al prójimo. Recién recibido de bachiller, el joven Epele habÃa viajado a la ciudad de La Plata, para estudiar medicina. De inteligencia brillante, como todos los miembros de su familia que tuve el privilegio de conocer, habÃa cursado tres o cuatro años de la carrera cuando, de un dÃa para el otro, regresó a su pueblo natal. Circulaba en esos tiempos una leyenda urbana que llevarÃa mucho tiempo explicar acerca del inesperado regreso de joven Epele. De lo que sà puedo dar testimonio es de su compasión cristiana, de su sabidurÃa, de su generosidad. Él fundó, con capital propio, un hogar para niños huérfanos o carenciados. Para sostener su obra, se dedicó a dar clases para alumnos secundarios. El maestro Epele sabÃa varios idiomas: hasta donde sé, inglés, francés, latÃn, griego. También tenÃa conocimientos de matemáticas, fÃsica, botánica, zoologÃa, anatomÃa, religiones comparadas y astronomÃa. Yo llegué a su cátedra, para que me ayudara a superar mi promedio en matemáticas, materia para la cual yo no tenÃa ningún talento. El maestro Epele enriqueció tres generaciones de jóvenes de nuestro pueblo con su sabidurÃa. Jamás escuché que reclamara dinero por tus cátedras; esperaba que fueran los propios alumnos o sus padres, quienes decidieran cómo y cuándo pagarle. Tampoco escuché que reprendiera con severidad a ninguno de sus alumnos cuando se distraÃan de sus lecciones. Un simple: ¿Qué está pasando? Nos volvÃa enseguida a las lecciones momentáneamente abandonadas. Al Maestro, se le rompió el corazón un mediodÃa de verano, hace alrededor de sesenta y cinco años; cayó sobre la mesa de trabajo donde habÃa profesado la docencia por tantos años. Los que tuvimos en honor de conocerlo, no olvidaremos nunca a este Maestro ejemplar. ¡Gracias, amado Maestro de la Vida!
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