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Gualeguaychu » El Dia
Fecha: 24/03/2026 15:10
Aurora Molina nació en Ingeniero Jacobacci, en la provincia de Río Negro, en un paraje que recordaba con una mezcla de nostalgia y desarraigo: La Aguada Escondida. Mi infancia fue bastante triste, evocaba. La separación de sus padres marcó un quiebre temprano: su madre se fue cuando ella tenía apenas seis años, y quedó al cuidado de su padre junto a su hermana Matilde. Poco después, la enfermedad de su padre terminó de alterar su destino. A los siete años, fue llevada a Buenos Aires por sus padrinos de bautismo. Ese traslado implicó mucho más que un cambio geográfico: fue el inicio de una vida lejos de sus raíces. Creo que yo fui siempre muy rebelde, reflexionaba tiempo después. Esa rebeldía, nacida frente a la injusticia y al dolor, sería una constante en su vida. Instalada primero en Lobería y luego en Coronel Vidal, completó su educación primaria en escuelas religiosas. Su juventud estuvo atravesada por los cambios, pero también por encuentros decisivos. En 1945, durante el Censo General de la Nación, conoció a Máximo Fraccarolli, quien trabajaba como chofer. Aquel vínculo inicial se transformaría en una historia compartida: se casaron el 5 de agosto y comenzaron una vida juntos en Avellaneda. En 1951 nació su hijo Humberto, a quien definió como el regalo más grande. Años más tarde, la familia se radicó en Gualeguaychú, donde Humberto creció, estudió y se integró a la vida local. Aurora recordaba con emoción esa etapa: los amigos, la escuela, las carrozas, la alegría de una juventud que parecía prometedora. Sin embargo, el destino volvería a golpear con una violencia inimaginable. Ya joven, Humberto se trasladó a Rosario para estudiar Medicina y luego a La Plata, donde formó su familia y se vinculó con el ámbito universitario. En un contexto cada vez más oscuro en el país, comenzó a advertirle a su madre sobre la persecución y la represión. Las cosas están muy mal, le decía. El 23 de febrero de 1977, la vida de Aurora cambió para siempre. Ese día recibió la noticia de la desaparición de su hijo. El grito que recuerda haber lanzado al teléfono condensó el inicio de una búsqueda que no tendría descanso. Desde entonces, Aurora se convirtió en una de las tantas madres que, frente al terror de la última dictadura, decidieron organizarse para reclamar por sus hijos desaparecidos. Fue una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, integrando el grupo que transformó el dolor individual en una causa colectiva. Falleció en 2006. Con información del libro Mujeres de Gualeguaychú.
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