24/03/2026 10:36
24/03/2026 10:36
24/03/2026 10:36
24/03/2026 10:36
24/03/2026 10:36
24/03/2026 10:36
24/03/2026 10:36
24/03/2026 10:36
24/03/2026 10:36
24/03/2026 10:35
Parana » AnalisisDigital
Fecha: 24/03/2026 08:52
Oliva Taleb Está viva. Ni loca, ni muerta. No lo vive como un triunfo. Sabe que la asiste el derecho natural de la vida. Hasta que la reclame esa "otra vida", que aseguran, existe. Sobre su rostro, se dibuja una sonrisa. Sonreír molesta. No es unánime el criterio de sonreírle a la vida. Lo cual es lamentable. A pesar de que no se llegue a fin de mes. A pesar de que la espiral de los precios se expanda, por más que las deudas individuales, colectivas, nacional, sean irreverentes, de constante y ofensivo crecimiento. Celebra que la tierra hable. Con inundaciones, con indudables incendios "anónimos", muy a pesar de tan inhumanos propósitos, la tierra habla. Apenas unos días atrás, encontramos en ella, cuerpos cruelmente mutilados. Esa tierra fue el sepulcro colectivo de jóvenes. Nos devuelve cuerpos para que científicos honorables, les devuelvan legitima identidad. Una identidad que lleva la paz detenida en el tiempo, necesaria para sus familias, sus amigos, y la sociedad toda, con la certeza indiscutible, que el horror existió. Un horror, con responsables que jamás reconocieron. Muchos de ellos, juzgados, condenados en juicios que el derecho, en democracia, les reconoció. Un detalle básico, fundamental para comprender lo que el terrorismo de estado aplicó con absoluta impunidad. Los desaparecidos fueron condenados a muerte, sin juicios. Ninguno de ellos tuvo oportunidad de defenderse, ninguno de ellos pudo esgrimir su inocencia, hasta que la ley demostrara lo contrario. Un principio jurídico básico, elemental, de garantía para los pueblos. Estos 50 años, han dibujado un pentagrama, en su rostro. Quizás, se encuentre en él la música que escriba la canción que honre la memoria. Hay líneas también, renglones, que facilitarían escribir cifras. Una invitación a las matemáticas, exactas, a no detenerse a encontrar el número real de víctimas. Esas discusiones estériles, solo revelan la pobreza moral, sin excusas, que justifiquen la muerte, la persecución, las torturas, la apropiación de niños nacidos en cautiverio. No aceptarlo, es convalidarlo. Los define. Define absolutamente desconocer esa imperceptible diferencia entre el bien y el mal. La verdad, de la mentira. 50 años después, lúcidos recuerdos alimentan la memoria. Individual, y colectiva. No hay llanto que les nuble el horizonte a quienes conocieron de cerca aquella tragedia. Sonríe. los recuerdos, no han envejecido. En ese desierto del horror, no es una utopía descubrir, descubrirse, como un oasis. Un momento necesario para reivindicar que en ese oasis, pleno de esperanza, no se encontrará un solo gesto cercano a la venganza. Ellos, cínicamente, ... comulgaban. "El cuerpo de Cristo"... Ella, que hace tiempo no lo hace, piensa absolutamente convencida, que el cuerpo de Cristo está en esos cuerpos que la tierra, el mar, no han logrado, ni lograrán jamás, dejarlos en el olvido. Sonríe, y sabe cuánto molesta. (*) exdetenida política.
Ver noticia original