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Fecha: 24/03/2026 06:12
A los 49 años, Marcelo Stancanelli aprendió a disfrutar lo que pocos: nadar contra la corriente. Es que este exguardaparque nacional, que hoy reside en Cosquín, Córdoba, acaba de completar una de las hazañas más exigentes que cualquier deportista de aguas abiertas puede imaginar: el cruce del Canal Beagle. Algo así como 1.500 metros de ida y otros 1.500 de vuelta, con el agua a escasos 8 grados y ráfagas de viento de casi 20 kilómetros por hora que pueden alcanzar para transformar el mar en un escenario impredecible. Un sueño hecho realidad a fuerza de brazadas El cruce del Canal Beagle es, para los nadadores de aguas abiertas, una prueba tan icónica como brutal. El punto más angosto tiene 1.500 metros, pero la distancia es lo de menos cuando de lo que se trata es de enfrentar temperaturas extremas, corrientes marinas y un viento que puede cambiar de un momento a otro transformando el escenario en una verdadera trampa mortal. Leé también: Trabaja en un supermercado, se animó a nadar al lado de un glaciar y reveló cómo fue su extrema preparación Ninguna de estas cosas logró detener a Marcelo cuando comenzó a soñar con hacer suya la proeza. Un anhelo que llevaba consigo desde hace años, pero que comenzó a hacerse realidad el 23 de marzo de 2025, cuando tras terminar una travesía de 20 kilómetros por el río Santa Cruz, en homenaje a los héroes del ARA San Juan, apenas puso un pie en tierra, supo que era el momento. Fui a nadar, hice 20 kilómetros, el agua estaba a ocho grados, y tomé eso como una evaluación, como una forma de ver cómo me manejaba con el agua tan fría. Me sentí bien, y ahí nomás, cuando salí del agua tomé la decisión. A partir de ahí, todo lo que hice fue entrenar, resume. El entrenamiento en cuestión se llevó a cabo un poco en la pileta techada municipal de La Cumbre -distante a unos 30 kilómetros de Cosquín, donde tiene su casa desde 2009, y la única infraestructura en su tipo desde Córdoba a Cruz del Eje- a donde llega cada mañana con su bolsito y su sonrisa, y otro poco en aguas abiertas, más precisamente en las provincias de Formosa y Entre Ríos, a donde se anotó para distintas competencias; instancias, todas éstas, a las que sumó rigurosas jornadas de gimnasio y alimentación. Además, comandó el armado del operativo, que además de vuelos y hoteles incluyó un médico, un fotógrafo y un kayakista, cuyo costo, de alrededor de 2.500 dólares, cubrió casi por completo de manera personal y con la ayuda de algunos sponsors, como, por ejemplo, la empresa que le proporcionó el traje de neopreno adecuado con el que Marcelo enfrentó el frío extremo de las aguas heladas del mar del sur argentino. Marcelo recuerda con exactitud cada minuto de ese día. Había sol, unos 13 o 14 grados. Salí de Argentina nadando, crucé hasta Chile, tardé 28 minutos en llegar, toqué tierra, saludé a los chilenos del otro lado mientras el organizador hacía los papeles de entrada y salida, y me volví, resume. La vuelta, ya con más viento, corriente y oleaje, le tomó 41 minutos. Así, en poco más de una hora, Marcelo logró solo sí, solo, porque el dinero que juntó no le alcanzó para que lo acompañaran su mujer y su hijo. Motivo por el cual, el 10 de enero, cumplió uno de los sueños más grandes de su vida una proeza que solo han logrado cuatro personas en el mundo en la más absoluta soledad. Pero su romance con el agua comenzó mucho antes, también en las aguas heladas del sur, a los 29 o 30 años, cuando, de manera fortuita, mientras trabajaba como guardaparque en el Parque Nacional Lanín, se tiró con un amigo a cruzar un lago hacia un muelle y, a mitad de camino, sintió que las fuerzas lo abandonaban. Al día siguiente, la curiosidad y el GPS le revelaron una verdad incómoda: solo eran 300 metros. Dije, ¿cómo no pude nadar 300 metros? Eso me tocó un poco el ego, el orgullo. Y ahí, durante ese invierno, comencé a tomar clases en San Martín de los Andes para mejorar, recuerda. Desde ese momento, Marcelo inició un romance con la natación que aún hoy permanece intacto. Dejó de fumar, comenzó a entrenar y se transformó en un nadador de aguas abiertas que ha dejado su marca en casi todo el territorio nacional, a excepción de cinco provincias: Misiones (donde prevé nadar hacia fines de febrero); Corrientes (donde tiene previsto nadar 35 km en marzo); Chaco; La Pampa y San Juan. Sueños de máxima: Malvinas y el Canal de la Mancha Y como soñar no cuesta nada, y a veces, esos sueños se cumplen, Marcelo ya proyecta y comparte sus metas a futuro, entre las que se encuentran unir Argentina con las Islas Malvinas a través del Estrecho de San Carlos (4,5 km con corrientes extremas); cruzar a Chile surcando las aguas gélidas del estrecho de Magallanes; cruzar el Río de la Plata (n total de 42 kilómetros); unir los 57 kilómetros que separan Santa Fe de Coronda o aventurarse en el canal de la Mancha, algo así como el Everest de los nadadores, indica. Para eso, mientras busca sponsors que lo acompañen a nadar hacia su próxima meta, entrena seis veces por semana, va al gimnasio, se cuida en las comidas y mantiene una filosofía de vida ligada a la conservación y el respeto por la naturaleza. Y sobre todo, se repite como un mantra, que nunca es tarde para empezar no solo a nadar, sino también a concretar esos sueños que imaginamos de chicos y, quien sabe, un día, se hacen realidad.
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