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  • Tienen entre 18 y 20 años, nacieron en democracia y responden: ¿Qué sabés del Golpe de Estado de 1976?

    » TN

    Fecha: 24/03/2026 05:52

    Hay fechas que no envejecen. Que quedan suspendidas en la historia como una cicatriz abierta. El 24 de marzo de 1976 es una de ellas. Pero, ¿qué pasa cuando esa cicatriz se mira desde los ojos de quienes no la vivieron? Hay algo inquietante en preguntar por el pasado a quienes no lo atravesaron. No tanto por lo que puedan responder, sino por lo que ese silencio o esa respuesta incompleta dice de nosotros. Leé también: Del Nunca Más a las 361 sentencias: hitos, retrocesos y reapertura de las causas por la dictadura En una plaza, a la salida de una facultad o esperando el subte, la pregunta cae directa sobre los jóvenes: ¿Qué sabés de la última dictadura militar argentina?" Y en ese instante se juega algo más que una encuesta. Se juega la memoria. Porque el mal denominado Proceso de Reorganización Nacional dejó una marca indeleble: miles de desaparecidos, centros clandestinos de detención y tortura, apropiación de bebés y exilios forzados. El informe de la CONADEP documentó 8961 desaparecidos, aunque desde el inicio se reconoció que se trataba de un registro incompleto. Con el tiempo, los organismos de derechos humanos estimaron 30.000 para dimensionar el horror en toda su magnitud. Pero los datos no siempre alcanzan. Porque la memoria no se transmite como una lista. Se transmite en relatos, en gestos, en silencios familiares, en una clase que marca o en otra que pasa de largo. Qué saben los jóvenes de hoy sobre el pasado más oscuro de la historia argentina Quienes hoy tienen entre 18 y 22 años nacieron entre 2003 y 2008. No conocieron la dictadura, pero tampoco la estabilidad: crecieron entre la herencia de la crisis de 2001, la inflación persistente, los ciclos económicos inestables, la pandemia y la precarización como horizonte posible. Hace 40 años, en el regreso democrático, los jóvenes marchaban con una consigna urgente: Nunca Más. Era una memoria viva. Hoy, a medio siglo, el riesgo es otro: que esa memoria se vuelva lejana. Ahí aparece el desafío: cómo contar lo que pasó sin que suene a pasado muerto. Cómo hacer que el horror no se diluya en cifras. Cómo transmitir que esos desaparecidos muchos de la misma edad que quienes hoy responden podrían haber sido ellos. Las respuestas son diversas. Bruno, de 20 años, lo resume con una idea que atraviesa generaciones: Es algo que tenemos que tener siempre presente para que no se repita. La memoria es lo más importante. Leé también: Qué fue la Masacre de la calle Corro, el operativo que llega a juicio tras 50 años de espera Para Nicolás, también de 20, la historia es personal: Mi abuelo fue desaparecido. Por suerte lo liberaron, fue uno de los pocos sobrevivientes. Es una parte horrible de nuestra historia, de la familia pero de todo el país en general. Pero no todos tienen ese vínculo directo. Valentina, estudiante de diseño, reconoce: La verdad es que no sé mucho. En el colegio no se tocaba tanto el tema y en mi casa tampoco. Mercedes, de 21, ubica el recuerdo en un lugar más institucional: Se habla de la dictadura en momentos puntuales y muy por arriba. La memoria está presente en las fechas, cuando se conmemora. Pero en el día a día no tanto y tampoco tiene un lugar preponderante en los programas de la escuela secundaria y la universidad. Entre quienes sí manejan más información, aparecen referencias escolares como la Noche de los Lápices, la guerra de Malvinas o las figuras de la Junta Militar. También interpretaciones: La guerra se usó para tapar lo que estaba pasando. La Junta Militar encabezada por Rafael Videla, (al inicio) buscaba tapar el terror a toda costa, dice otro joven a TN. Pero también emergen dudas, tensiones y discursos fragmentados. Un entrevistado lo plantea así: Es un tema muy controversial. Depende de a quién le preguntes. Y ahí aparece otra dimensión: la memoria como territorio en disputa. Leé también: Una mujer descubrió que fue robada de bebé durante la dictadura chilena y 40 años después abrazó a su mamá La socióloga Elizabeth Jelin lo explica con claridad: La memoria no es un archivo del pasado, es una construcción social en permanente cambio. El historiador Hugo Vezzetti agrega otra capa: Las memorias sociales no son homogéneas; están atravesadas por conflictos, olvidos y reinterpretaciones. El investigador Daniel Feierstein advierte sobre los riesgos de la distancia generacional: Cuando el pasado se aleja, la transmisión deja de ser experiencia vivida y pasa a depender de mediaciones culturales y educativas. Eso se ve con claridad en los testimonios. Hay jóvenes que heredaron la memoria desde el dolor familiar. Otros, desde la escuela. Algunos, desde redes sociales. Y muchos, desde fragmentos. Incluso dentro de una misma familia pueden convivir relatos opuestos. Tengo una parte de mi familia que vivió todo muy de cerca y otra que dice que no sintió nada, cuenta uno de los entrevistados. También aparece una percepción compartida: la memoria no circula igual en todos los espacios. En mi barrio, en La Matanza, la memoria está muy presente. Pero en la Ciudad no tanto, señala Nicolás. Otra joven coincide: Siento que muchos lo banalizan o lo usan para fines desubicados. No es un tema para hacer chistes y si alguien los hace yo no me río. Sin embargo, también hay interés, curiosidad y búsqueda. Está bueno informarse por cuenta propia sobre la historia argentina y sobre la dictadura, dice uno. A mí me gusta buscar publicaciones en redes y debatirlo con gente que piensa distinto, agrega Julia. Es que no hay una sola juventud. Hay muchas. Algunas con certezas. Otras con dudas. Algunas con memoria viva. Otras con memoria fragmentada. A 50 años del golpe, la pregunta ya no es solo qué pasó, sino cómo se cuenta. Porque en cada respuesta incompleta, en cada duda, en cada silencio, hay una pista de algo más grande: cómo una sociedad recuerda o empieza a olvidar su propia historia. Y quizás ahí esté la clave. No en exigir respuestas perfectas, sino en sostener la pregunta.

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