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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 24/03/2026 01:34
Este es un 24 de marzo muy especial porque estamos sumidos en una ola de negacionismo y de reivindicación de la dictadura militar, enmarca la periodista y escritora Miriam Lewin, que estuvo secuestrada en dos centros clandestinos de detención durante el terrorismo de Estado. Hay que generar discursos antiautoritarios para que los jóvenes que sienten que la dictadura militar es muy lejana y puedan conocer la lucha contra la dictadura que llevamos adelante cuando éramos jóvenes, sostiene Lewin. Miriam Lewin tiene 68 años. A los 19 fue secuestrada por la dictadura militar. Estuvo detenida- desaparecida en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Escribió el libro Putas y guerrilleras, con Olga Wornat y prólogo de Rita Segato, que es la obra más importante sobre la violencia sexual como arma en el terrorismo de estado. En Telenoche Investiga, Lewin reveló los abusos sexuales del cura Julio César Grassi, un caso emblemático en las denuncias por abusos sexuales sistemáticos en la Iglesia. Además, es coautora del libro Iosi, el espÃa arrepentido, con Horacio Lutzky, que se convirtió en una serie icónica sobre la historia de la comunidad judÃa argentina y se puede ver en Amazon. Las mil vidas de Miriam Lewin Miriam Lewin es una mujer que vivió mil vidas, que cambió el periodismo en Argentina, que hizo de su historia un compromiso en presente y del pasado una apuesta al futuro. Es una sobreviviente, una testigo de la historia, una narradora del horror y un ejemplo de renacimiento aún en épocas donde el dolor se revuelve con el olvido y el cinismo. Su mirada transmite amor por la vida, convicciones inquebrantables y una esperanza que no necesita otra enunciación que verla en acción, con una pasión inagotable, una curiosidad sin techo y una dulzura que guarda quién sabe que la vida vale y transmite ese valor en cada conversación. Ella tenÃa solo 14 años y en su colegio secundario estaba prohibida la actividad polÃtica. En 1973, con el regreso de la democracia, empezó a leer los libros que le daba su papá orgulloso de su hija lectora. Su primera marcha fue el 12 de septiembre de 1973 con el golpe de (Augusto) Pinochet a Salvador Allende, en Chile. A partir del 24 de marzo de 1976 empezó a vivir en la clandestinidad y a convivir con el terror. El miedo a todo se le incrustó en los oÃdos y le nubló la vista: las frenadas de los autos o el ruido del ascensor en la noche le aturdÃan el sueño y le auguraban pesadillas. Me habÃan ido a buscar a mi casa hombres de civil sin identificación. No fue fácil ser joven en dictadura porque una ya era sospechosa por la edad. La juventud era igual a rebeldÃa y la rebeldÃa era causa de peligro de ser secuestrada, violada y torturada, cuenta Miriam a cincuenta años del golpe militar. -¿Ser joven era ser subversiva? -SÃ, ser joven era ser subversiva por eso habÃa muchas campañas. La dictadura tenÃa un aparato propagandÃstico muy potente. Una era que mostraban la hora y decÃan: ¿Usted sabe dónde está su hijo ahora?. - ¿HabÃa noción del grado de horror al que podÃa llegar la dictadura? -Yo fui secuestrada en mayo del 77´y era evidente que habÃa una metodologÃa de ir a buscarte a tu lugar de trabajo, de tu lugar de estudio y hacerte desaparecer que significaba que tu familia, tus amigos, tu pareja, no sabÃan dónde estabas y te llevaban a lugares hacinados donde te torturaban y después de utilizar la información que podÃan extraerte te eliminaban de las maneras más insospechadas como los vuelos de la muerte. Tortura y desaparecidos -¿Qué eran los vuelos de la muerte? -Los vuelos de la muerte seguÃan el siguiente protocolo: adormecerte, cargarte en un camión, en la zona militar de Aeroparque o en el aeropuerto más cercano, subirte a un avión y, en el medio de la noche, en las profundidades del océano, abrir una puerta y arrojarte al mar. -¿Cuál era el objetivo de tanta crueldad? -Eso tenÃa como objetivo hacer desaparecer a los desaparecidos. No tenÃan que aparecer los cuerpos. Sin embargo, aparecieron algunos cuerpos y permitieron llegar a ser evidencia para las condenas judiciales. -¿Cómo fue tu secuestro? -Yo fui secuestrada porque buscaban a una compañera mÃa de la secundaria que era hija de un alto oficial de la Fuerza Aérea. La conocÃa desde los primeros años del colegio. Cuando empiezan a buscarla inmediatamente llegan a mi casa. Me esperan con francotiradores en los techos con mi familia secuestrada. Yo no voy y llegan a otra amiga del colegio, el Nacional Buenos Aires, embarazadas a término las dos, ellas intentan escapar por los techos y las aniquilan. Yo me entero y llamo a mi mamá que me dice: Miriam venà porque acá hay unos señores que quieren hacerte unas preguntas y te van a dejar ir y yo le digo esos hijos de puta mataron a Norma a quién mi mamá conocÃa y le estaba bordando una sabanita para la cuna del bebé. A ella le agarra un ataque de nervios y empieza a gritar. Mi novio cortó el teléfono porque se estaba saliendo de los carriles la conversación. -¿Cuánto tiempo viviste en la clandestinidad? -Vivà en la clandestinidad un mes y medio. Todas las semanas caÃa alguien y cada vez éramos menos. El aniquilamiento era obvio. Pero me resultaba muy difÃcil dejar de militar porque sentÃa que estaba traicionando la sangre derramada por los compañeros muertos. -¿Pensaste en la posibilidad de exiliarte? - Yo me comprometÃa a seguir militando cada vez más a pesar de las ofertas de los padres de mi novio de sacarnos a Brasil y de mis padres de sacarnos a Israel. -¿Cómo fue el momento en el que te llevan detenida? -Yo tenÃa un trabajo no registrado (porque si figuraba en la seguridad social me podÃan encontrar) y quise escaparme cuando vi que me habÃan ubicado. Intenté suicidarme con una pastilla de cianuro cuando vi que no tenÃa escapatoria y me la hicieron escupir. Mientras intentaba tragarla mire al cielo y dije gracias por permitirme morir para salvar la vida de mis amigos. Yo tenÃa 19 años y estaba dispuesta a perder la vida para no entregar información porque tenÃamos noticias de torturas horribles. -¿Cómo eran las torturas para conseguir información de amigos de los secuestrados? -Secuestraban a alguien, lo torturaban, obtenÃan información, mataban al proveedor de información y asà se daban las caÃdas en un contexto de desmoralización extrema. -¿Cómo fue el secuestro? -Me tiraron en el piso del auto y me pusieron una capucha. Yo ya no tenÃa guion para esta etapa, no sabÃa cómo seguÃa la pelÃcula. -¿Cómo fue la violencia sexual en los centros clandestinos de detención? -Abusaron de mi sexualmente. Las mujeres, en ese momento, no tenÃamos conciencia que era un abuso que te desnudaran en una mesa como Tupac Amaru y te penetraran con la picana eléctrica. Te decÃan puta, guerrillera, ¿con cuántos tipos te acostaste?, ¿Cuántos abortos te hiciste?. -¿Cómo se fue comprendiendo la connotación de la violencia sexual en la dictadura militar como una violación especÃfica? -La violencia sexual estaba naturalizada y aceptada. Hay un torturador que me muestra su pene y me dice te vamos a pasar todos, uno por uno, hija de puta. Rita Segato después escribe que el violador lo hace por poder y para tener un efecto disciplinador y no por placer. Me costó treinta años procesar esto. -¿En dónde estuviste secuestrada? -Yo primero estuve, durante diez meses, en el centro clandestino de detención de inteligencia de la Fuerza Aérea, que era pequeño y aislado. TenÃan acceso a mà dos o tres guardias que me venÃan a ver cuándo se acordaban. Hasta que un dÃa, en el baúl de un auto, con antifaz, capucha y esposas, me trasladan a un centro clandestino de detención mucho más grande, que ellos decÃan que era un centro de recuperación o reeducación y, en realidad, era un lugar de servidumbre al servicio de construcción que tenÃa el Almirante en Jefe de la Armada (Emilio Eduardo Massera) que querÃa convertirse en otro (Juan) Perón. QuerÃa ser presidente de Argentina y seducir a las masas peronistas que habÃan quedados huérfanas con la muerte de Perón (el 1 julio de 1974) y para eso explotaba el conocimiento de quienes estaban secuestrados en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Era un régimen de esclavos. Se calcula que exterminaron a 4000 prisioneros/as. -¿Cómo se ejerció la misoginia en los campos de concentración? -Éramos mujeres que habÃamos roto el molde de novia, esposa y madre, que ellos pretendÃan que volviéramos a asumir. Ellos decÃan que las mujeres habÃamos pasado un proceso de masculinización. Pero, una vez, dos oficiales que tenÃan que irse a su casa porque estaban de franco y decidieron quedarse en el campo de concentración le dijeron a una prisionera: Son las culpables del fracaso de nuestros matrimonios porque llegó a mi casa y mi mujer está haciendo un curso de modelaje y me desfila y la única preocupación que tiene es si vamos a llevar las sillas plegables o las sombrillas al CÃrculo Naval. En cambio ustedes saben de armas, de economÃa, de teatro, de cine, de historia, de polÃtica. Nosotros creÃamos que mujeres como ustedes solo existÃan en las pelÃculas. -¿Se les rompÃan las estructuras a los torturadores? -Totalmente y alguno de ellos creyeron enamorarse de una prisionera. -¿Por qué se daban estas relaciones? -El campo de concentración no tiene rejas. No es una cárcel. La reja tiene un efecto reparador. De acá para adentro estamos las vÃctimas, las violadas, las privadas de todo derecho y de la reja para afuera están los represores y los violadores. Pero en los campos de concentración se mezclaba todo. -¿Qué significó la práctica de la desaparición y por qué fue un laboratorio de desapariciones que se aplicó, después, en Colombia, México, Guatemala y otros paÃses? -En Argentina se llegó a la conclusión, tres años después, que Pinochet habÃa pagado un precio muy alto en términos de descréditos por los fusilamientos en el Estadio Nacional. La dictadura de (Jorge Rafael) Videla pensó que con el mecanismo de la desaparición de personas no iban a pagar el costo del descrédito internacional. Se equivocaron. Hasta el gobierno de Estados Unidos trabó embargo con Argentina. Los paÃses europeos reclamaron por el origen de sus ciudadanos como el de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet. También hubo mucho reclamo por el secuestro De Dagmar Hagelin, de 17 años, que los miembros de la patota paramilitar la confundieron con una guerrillera. Le dispararon y después, para no mostrar la herida, decidieron eliminarla. -¿Cómo fueron los robos y la corrupción con las propiedades de los desaparecidos? -Hay cientos de familias que fueron diezmadas y no solamente los hijos resultaron vÃctimas, también los padres (la familia de Marcelo Bettini, la familia de Héctor Germán Oesterheld, la familia de Betina Tarnopolsky). Los militares asesinaron familias enteras para quedarse con sus propiedades. Me produce una sonrisa amarga cuando escucho decir que los militares no eran corruptos. Los militares se enriquecieron con los bienes de las personas desaparecidas. Y hubo familias que fueron secuestradas exclusivamente para quedarse con sus bienes. -¿Qué fue lo más aberrante e inimaginable de los delitos cometidos por los genocidas? -Lo más cruel fue el secuestro y la desaparición de niños. Nosotros no sabÃamos, en ese momento, que habÃa sucedido también en España y Polonia. Cuando estábamos secuestrados en los centros de detención y habÃa una mujer embarazada y le decÃan que escribiera una cartita porque esa cartita se la iban a entregar con un precioso ajuar al niño y a sus abuelos mientras ella cumplÃa una pena nunca imaginamos que esos niños iban a ser regalados peor que gatitos y perritos a familias militares. -¿Cuál era el argumento para regalar al niño y asesinar a la madre? - El argumento era que ese niño no creciera en una familia que se alentara el odio a los militares. Eso para mà era tan horrible de aceptar que no creà que estaba sucediendo, a pesar que veÃa cómo se llevaban a los niños del centro clandestino de detención, conocÃa a la persona que se lo llevaba (el perfecto Héctor Febres) pero nunca creà que fueran tan perversos, nunca creà que hubiera personas capaces de una maldad semejante. -¿Por qué se la nombra a la dictadura como cÃvico militar? -Hablamos de dictadura cÃvico militar porque hubo civiles que fueron a golpear las puertas de los cuarteles y que se beneficiaron con los grandes negocios de la dictadura. Hubo una iglesia cómplice y una iglesia vÃctima con obispos asesinados como Monseñor (Enrique) Angelelli. -¿Cuál es el valor de Argentina en los juicios por delitos de lesa humanidad en el mundo? -El proceso de memoria, verdad y justicia es un faro para el mundo. Supera al proceso de Nuremberg porque fueron las potencias vencedoras las que juzgaron a los nazis y en nuestro paÃs fue la justicia federal la que juzgó a los militares. Argentina genera admiración en el exterior porque llegamos muy lejos en la justicia y los juicios por crÃmenes de lesa humanidad todavÃa tienen lugar. -¿Cómo sobrellevas el efecto de la dictadura cincuenta años después? -Nadie sale indemne de un proceso traumático y el proceso traumático no es solamente haber sobrevivido a dos centros clandestinos de detención, sino todos los que no sobrevivieron. Tengo secuelas como si no pudiera recuperar la felicidad de la adolescencia pre dictatorial en donde éramos tan ingenuos y solidarios. Yo siento mucho la muerte de mis compañeros que fueron asesinados cuando apenas tenÃan 17 y 18 años. Tengo tristeza por toda la gente que está muerta y que he querido mucho.
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