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Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 23/03/2026 20:41
En un giro que parece sacado de una novela de corrupción y poder, Domingo Daniel Rossi denuncia un entramado oscuro dentro del Partido Justicialista en Entre Ríos. Y como era de esperarse, el verdadero escándalo no es la acusación, sino cómo sus compañeros de partido prefieren expulsar al denunciante en lugar de enfrentarse a las irregularidades que él ha señalado. Al final, en la política entrerriana, quien denuncia es el enemigo y quien calla es el héroe. En una región donde la política parece más una telenovela que un proceso democrático, Domingo Daniel Rossi, el septuagenario ex intendente de Santa Elena y una vez vicegobernador de Entre Ríos, ha decidido finalmente hablar lo que muchos callan. Denuncias de contratos truchos, manipulación de fondos en el IOSPER, Vialidad y ENERSA. Y claro, si pensaban que el Partido Justicialista (PJ) en Entre Ríos iba a ser diferente, se equivocaron: la respuesta a sus acusaciones ha sido tan esperada como predecible. En lugar de investigar o aclarar las cosas, la movida es bien clara: ¡Silencio, y que los que denuncian se vayan! Rossi, cansado de ser un peón en el tablero de poder, dejó claro que no se va a callar. Lo que viene es aún más revelador: en vez de una feroz defensa de la transparencia o una llamada a la acción, lo que aparece desde el interior del PJ es una patética maniobra para expulsarlo. ¿Por qué? Porque lo que ha dicho es demasiado incómodo para aquellos que, desde sus cómodos cargos, han sido parte activa o pasiva de un sistema de corrupción que lleva años funcionando con total impunidad. Y, como si fuera poco, la acusación de Rossi ni siquiera está dirigida a temas menores. No, señor. Habla de las grandes ligas: IOSPER, Vialidad y ENERSA, los tres grandes gigantes del poder provincial, donde según él, los contratos de dudosa legalidad no son la excepción, sino la regla. Pero claro, en lugar de salir a desmentir, a dar la cara o, al menos, a sugerir que investiguen, lo que nos encontramos es un muro de silencio. Silencio, y más silencio. Ese que pesa más que cualquier palabra en política. Lo que Rossi denuncia no es solo un abuso de poder. Es la manifestación palpable de un sistema político que se protege a sí mismo, que se alinea contra los que se atreven a destapar la olla. Porque en este partido, la regla es clara: el que habla, fuera; el que calla, adentro. Un partido que se regodea en su auto-protección y no tiene ningún tipo de interés en la justicia o en la verdad. La denuncia de Rossi no debería ser algo que cause controversia dentro del PJ; al contrario, debería ser una oportunidad de oro para limpiar las instituciones y, quizás, volver a darles algo de credibilidad. Pero no, no estamos ante un partido de ideales, sino ante una estructura de poder tan consolidada que prefiere expulsar al disidente y proteger a los corruptos. Rossi, al menos, ha tenido la valentía de señalar lo que muchos saben pero nadie dice. Y lo más indignante es que el partido, lejos de intentar limpiar la casa, prefiere barrer la suciedad debajo de la alfombra. Al final, la conclusión es clara: la política entrerriana ya no es un juego de ideas ni de principios, sino un sistema en el que los que hacen ruido son los que deben desaparecer, y los que callan y sirven al poder son los que sobreviven. ¿Y qué hay de la justicia? Bueno, esa parece estar más interesada en callar a los testigos incómodos que en investigar a los culpables. Pero claro, esto no es una sorpresa, es lo que pasa cuando el poder se convierte en una red de complicidades.
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