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  • Desaparecer en la maternidad: la crisis de identidad que afecta a millones de mujeres

    Parana » Uno

    Fecha: 23/03/2026 18:31

    La carga mental, la culpa y la invisibilización de sus necesidades personales convierten la maternidad en un rol que muchas veces consume la identidad femenina. Datos de Argentina y el mundo evidencian una problemática creciente con impacto social, laboral y emocional. Desaparecer en la maternidad: la crisis de identidad que afecta a millones de mujeres El impacto de la maternidad en la salud mental es significativo. En Argentina, más del 85% de los hogares monoparentales están encabezados por mujeres. Antes de que amanezca, cuando el resto de la casa aún duerme, comienza una jornada que rara vez se reconoce como trabajo. La mente ya está activa: planificar comidas, organizar rutinas escolares, recordar turnos médicos, anticipar necesidades. Es un ciclo constante, sin fines de semana ni pausas. Para miles de madres, esta escena es cotidiana. Sin embargo, el problema no radica únicamente en la carga de tareas, sino en un proceso más profundo: la progresiva dilución de la identidad personal. Aquella mujer previa a la maternidad con intereses, proyectos y deseos propios queda relegada a un segundo plano. No soy solo madre. No soy solo mujer independiente. Soy la integración de todas, afirma Victoria Pardo, psicóloga y cofundadora de la comunidad digital Mami Tasking, que busca visibilizar los aspectos menos idealizados de la maternidad. Su reflexión sintetiza una demanda extendida: ser reconocidas como personas completas, con múltiples dimensiones, más allá del rol materno. Los números detrás de una realidad invisible Diversos estudios internacionales respaldan esta experiencia. Una investigación publicada en 2024 en el Journal of Marriage & Family señala que el 71% de las tareas mentales del hogar recaen en las madres, lo que representa una carga significativamente mayor en comparación con sus parejas masculinas. Esta desigualdad impacta directamente en el desarrollo profesional: las madres trabajadoras duplican las probabilidades de reducir su jornada laboral o abandonar el empleo. En Europa, el panorama no difiere demasiado. En España, el 78% de las madres declara sentirse mentalmente sobrecargada, superando ampliamente el promedio regional. En Argentina, la situación también es preocupante. Según un relevamiento de Bumeran y Grow, una de cada tres mujeres considera que la maternidad afecta negativamente sus oportunidades laborales. Además, el 46% percibe sesgos de género en los procesos de selección, frente a un 20% de los hombres. Entre los testimonios, se reportan prácticas discriminatorias como consultas sobre planes de maternidad o incluso pedidos de estudios médicos previos a la contratación. El impacto en la salud mental es significativo. En países como Chile, entre el 41% y el 44% de las mujeres presenta síntomas de ansiedad durante el embarazo y el posparto. En Argentina, casi la mitad de los adultos jóvenes reporta estrés y ansiedad frecuentes, una problemática que atraviesa con especial intensidad a las madres. La trampa de la culpa En este contexto, la culpa emerge como un factor central. Culpa por necesitar tiempo propio, por no disfrutar cada momento, por aspirar a un desarrollo profesional o, simplemente, por sentirse agotadas. La sociedad ha construido un estándar de maternidad imposible de alcanzar: ser madre perfecta, pareja ideal, profesional exitosa y sostén emocional, todo al mismo tiempo y sin mostrar desgaste, explica Johanna Gambardella, cofundadora y directora creativa de Mami Tasking. Cuando una mujer no logra cumplir con ese ideal, siente que fracasa. Pero en realidad, es un modelo diseñado para fallar. La situación se agrava en contextos económicos complejos. En Argentina, más del 85% de los hogares monoparentales están encabezados por mujeres. De ellas, solo el 36% recibe aportes del progenitor no conviviente, y una proporción similar no accede a asistencia estatal específica para la crianza. El costo de ser mujer y madre Lejos de necesitar reconocimiento como figuras sacrificadas, muchas madres reclaman algo más básico: el derecho a una vida propia. Tiempo personal, desarrollo profesional, vínculos sociales y espacios de descanso no deberían percibirse como privilegios, sino como condiciones necesarias para el bienestar. También demandan una redistribución equitativa de las responsabilidades domésticas y de cuidado, así como un cambio cultural que desactive la culpa como mecanismo de control. Una mujer puede ser una excelente madre y, al mismo tiempo, tener una carrera, amistades, intereses y sueños. Estas dimensiones no son incompatibles, aunque socialmente se presenten como tales, sostienen desde la comunidad. La pregunta que subyace es tan simple como profunda: ¿por qué la maternidad implica elegir entre ser buena madre o ser una persona plena? Hacia un cambio de narrativa Especialistas y activistas coinciden en que es necesario reformular la manera en que se entiende la maternidad. Lejos de ser la totalidad de la identidad femenina, debería concebirse como una parte significativa, pero no excluyente de la vida de una mujer. Reconocer esta complejidad no solo beneficia a las madres, sino también a sus familias y a la sociedad en su conjunto. Una mujer que puede cuidarse a sí misma está en mejores condiciones de cuidar a otros. El desafío, entonces, es colectivo: construir un modelo donde la maternidad no implique desaparición, sino integración. Donde ser madre no signifique dejar de ser.

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