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  • El fotógrafo del horror: la historia de Víctor Basterra y el archivo clandestino de la ESMA

    Concordia » Diario Junio

    Fecha: 23/03/2026 16:46

    En el laboratorio fotográfico montado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), vigilado y requisado, Víctor Basterra entendió que una copia más podía podía ser la diferencia entre el olvido o la prueba de la maquinaria de horror que funcionaba en el más emblemático de los centros clandestinos de tortura y detención. Obligado por los militares a falsificar documentos y archivos, encontró allí la posibilidad de construir en silencio un archivo clandestino del horror. A 50 años del golpe cívico-militar, el periodista y escritor Pablo Corso publicó El Ojo en la tormenta (Marea Editorial), un libro que reconstruye la vida del fotógrafo y obrero gráfico que combatió a la dictadura desde adentro. Su testimonio, así como las imágenes que filtró de secuestradores y secuestrados de la ESMA, fueron clave para la condena de los represores en el histórico Juicio a las Juntas. Es un personaje que cargó con un peso importante por el solo hecho de haber sobrevivido. Durante mucho tiempo fue visto como sospechoso ante los ojos de organismos y familiares de desaparecidos, cuenta Corso a Página|12 sobre Basterra. Donde empezó el archivo En agosto de 1979, Basterra fue detenido en su casa de Valentín Alsina y trasladado al centro clandestino de detención y tortura de la ESMA. Durante meses vivió encapuchado sin saber si era de día o de noche, sometido a torturas atroces. Con el tiempo, decidieron bajarlo al sótano de la escuela militar. Le sacaron la capucha y, en medio del fogonazo de luz, un marino lo recibió con una pistola y una disyuntiva para sellar así un pacto extorsivo: o trabajas para nosotros o te matamos. Corso explica que los militares conocían la especialización del militante en valores bancarios, un saber clave para falsificar sellos, marcas de agua y trabajar con papeles y tintas. Pensó: Trabajo esclavo, pero también un changüi, una vida extra, cuenta. Comenzó así a vivir su nueva vida, encerrado dentro de su cabeza cuando estaba en capucha y construyendo un mundo propio en el laboratorio donde revelaba las fotos. Ese era su mundo, al que a veces llegaban los gritos de otros torturados, agrega Corso. ¿Qué visibiliza la historia de Basterra sobre el funcionamiento interno de la ESMA? Se sabía que había trabajo esclavo y que el casino de oficiales era el centro neurálgico de la represión. También que en el altillo del casino de oficiales, Massera había montado una plataforma para lo que él fantaseaba, que era un gobierno propio. Pero el libro se centra en el sótano, donde torturaron a Basterra. Al lado había oficinas con una estructura gris, burocrática, donde los marinos daban órdenes y los secuestrados las ejecutaban como empleados siempre aclarando que eran tareas forzadas. La sorpresa de eso es que luego de una aclimatación que era traumática para los detenidos, se vivía una rutina que parecía normal. ¿Como una rutina de oficina? -Había encargos de documentos y se sacaban fotos para esos documentos, que después se entregaban. Los captores confiaban en algunos cautivos creyendo que de alguna manera habían pasado de su lado. Unos quizás lo hicieron, pero otros como Basterra se preocuparon por mantener la apariencia de que lo eran. Aunque él siempre dijo: Yo nunca fui parte de ellos. Lo que hizo después demuestra que no. El día que apagaron la luz Recién entonces empezaban a dormir en una cama, comer la misma comida que los guardias y visitar a sus familias los fines de semana. Con esos beneficios si así pueden llamarse, Basterra, que ya se había fabricado documentación falsa para moverse con cierta libertad dentro de la ESMA, empezó a hacerse una pregunta: ¿Qué pasa si me guardo, entre los calzoncillos, algunas de las fotos que saco? Cuando la dictadura empezaba a desintegrarse, hacia 1982, Víctor vio que había una posibilidad de supervivencia y entendió que lo que estaba haciendo tenía un sentido más allá de él. Sabía que algo iba a lograr con eso, detalla Corso. Con eso, claro, algo logró. Siempre lo acompañó una dimensión de venganza personal, aunque fuera políticamente incorrecta, que lo empujaba a que aparecieran todos los niveles de mando del esquema represivo, cuenta el escritor. Y agrega: Había una obsesión por encontrar justicia, pero también por tomarse revancha de quienes lo habían torturado, de quienes le habían robado la casa, habían amenazado con ponerle a su hija sobre el pecho mientras le aplicaban la picana. ¿Qué significa que Basterra haya sido el último prisionero en salir con vida de la ESMA y que inmediatamente haya decidido testimoniar? Él dijo Yo soy el que apagó la luz. La fecha que él siempre dio de su salida en libertad fue el 3 de diciembre de 1983, una semana antes del regreso de la democracia. A lo último pasaba más tiempo afuera que adentro. Siempre tenía que volver y hacer acto de presencia, decir: Acá estoy, no me voy a ningún lado. Con una estadía de 4 años, puede ser el prisionero que más tiempo estuvo cautivo y que más tarde salió. Pero en la sentencia del Juicio a las Juntas lo dan como liberado en el 81. Siempre le cayó muy mal esa situación e intentó rebatirla. La zona incómoda de sobrevivir ¿Por qué mi hijo no y usted sí? fue la pregunta que Basterra empezó a escuchar una vez que salió de la ESMA. El día que visitó la Casa de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini le advirtió: Usted no tiene nada que hacer acá, y sabe muy bien por qué. También fue señalado como colaborador en el organismo Familiares de Desaparecidos, que decidió que aquellos sospechados incluido Basterra no formaran parte de la comisión directiva. Entre los militantes circulaba una idea brutal: si alguien seguía con vida después de tanto tiempo en un centro clandestino, era porque había colaborado. Tras ese rechazo inicial, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) finalmente tomó su denuncia y la hizo casi una causa propia, y con los años se acercó a la Asociación de Ex detenidos y desaparecidos para participar en varias reuniones, una de ellas muy necesaria para la captura de Ricardo Cavallo, que cayó a partir de un documento que había sido falsificado por Basterra. Y después se viene su declaración en el Juicio a las Juntas Dio durante más de 5 horas un testimonio en el que se mostraron fotos, nombraron cargos y roles que cumplía cada marino, quiénes estuvieron al mando y durante cuánto tiempo. Ese material fue utilizado después en decenas de juicios posteriores. En la megacausa ESMA también fue importante su testimonio y sus documentos para las condenas que vinieron. Te diría que hasta después de su muerte también su material siguió sirviendo como prueba para conseguir condenas. Es un testimonio documentado muy fuerte, incluyendo, por ejemplo, la escena de la cena de fin de año del 79 que les hacen hacer una especie de fiesta a los detenidos junto con los marinos, que fue retratada por Jorge Luis Borges en un texto muy bueno que se llama 22 de julio del 85, que salió en el diario El País de España. Borges y el infierno narrado Yo esperaba oír quejas, denuestos y la indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese milagro atroz que es el dolor físico. Ocurrió algo distinto. Ocurrió algo peor. El réprobo había entrado enteramente en la rutina de su infierno. Hablaba con simplicidad, casi con indiferencia, de la picana eléctrica, de la represión, de la logística, de los turnos (), escribió Jorge Luis Borges en una crónica para la agencia EFE tras la audiencia de Basterra. Según cuenta Corso, los cronistas que estuvieron ese día lo vieron avejentado y apesadumbrado. Faltaba menos de un año para su muerte. Durante todo el testimonio permaneció en silencio, pero a la salida los periodistas lo esperaron en la escalinata del Palacio de Tribunales. He asistido al infierno, esto no debería repetirse nunca, dijo. ¿Qué muestra el libro de aquella presencia? -Aparentemente hubo una posibilidad de que ambos se encontraran, pero en una entrevista Basterra contó él mismo lo saludó un poco al pasar y que no se sentó a conversar con él por el prejuicio con cierto fundamento, de que Borges era un hombre de derecha y pro-militar. Siempre se quedó en ese lugar un poco ambiguo. Sorprende a Borges el testimonio, tanto que escribe La cárcel es infinita -Cuando dice esa frase se refiere a que captores y cautivos terminan como en un juego de identificación un poco perverso. Ambos están presos: los captores lo están de su propia perversión. Pienso que el testimonio de Basterra pudo haber influido en su cambio de perspectiva porque es demoledor, con un contraste de un testigo muy aplomado que habla un poco frío sobre las atrocidades que vivió. La disputa del sentido A días de que se cumplan 50 años del golpe cívico-militar, desde el gobierno de Javier Milei se multiplican discursos que relativizan lo ocurrido. Se dice que es un gobierno negacionista, pero es más que eso: es un gobierno reivindicatorio. Y si hay un discurso tan confrontativo desde las esferas oficiales, que se le contraponga otro que diga: acá pasó esto y quienes ustedes reivindican hicieron esto, propone Corso. La propia dinámica del país agrega expone a quiénes beneficia este proyecto y a quiénes deja afuera: trabajadores, docentes, científicos. Equivocados o no, los que militaron en aquella época defendían los intereses de quienes hoy se atacan. Hacia el final de su vida, Basterra ya miraba con preocupación el rumbo político del país, incluso durante el gobierno de Mauricio Macri. Pero este tiene una capacidad de daño exponencial, advierte Corso, que se pregunta: ¿Cómo se hubiera parado Basterra frente a esto? Después de una decepción inicial, habría hecho lo que hizo siempre: luchar. Si él, después de pasarla tan mal tuvo una revancha tan espectacular, nosotros que estamos en democracia bien podríamos tener el mismo destino Página 12

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