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Concepcion del Uruguay » 03442noticias
Fecha: 23/03/2026 14:50
Cada 24 de marzo, en la Argentina, la memoria no es un ejercicio abstracto: es una necesidad ética y política. Sabemos muy bien el vacío que dejaron esas 30.000 vidas truncadas, no sólo en términos humanos, sino también en lo que significaban: compromiso, pensamiento crítico, capacidad de organización. Eran, en muchos casos, un nexo fundamental para la defensa de una sociedad más justa. No fue casual. Sabían a quiénes se llevaban. Ese vacío no pertenece únicamente al pasado. Sus efectos se proyectan hasta hoy, en una democracia que muchas veces debe reconstruirse sobre ausencias, silencios y heridas abiertas. Al mismo tiempo, vemos que la justicia ha alcanzado a muchos de los responsables directos del terrorismo de Estado. Sin embargo, también asistimos a otro fenómeno preocupante: la presencia en el debate público de voces que relativizan, justifican o incluso reivindican aquellos métodos. Desde ciertos espacios políticos y mediáticos, se intenta instalar una mirada que banaliza el horror o lo presenta como un exceso discutible. En este contexto, resulta especialmente inquietante la posición de sectores del actual gobierno encabezado por Javier Milei, así como de algunos periodistas y comunicadores que, de manera explícita o implícita, terminan haciendo apología de prácticas vinculadas al terrorismo de Estado. No se trata de una discusión del pasado: es una disputa profundamente actual. Porque la democracia no se sostiene sólo con elecciones, sino también con valores. Y entre esos valores, la idoneidad para ejercer cargos públicos debería incluir un compromiso claro e innegociable con los derechos humanos. La experiencia histórica nos enseña que no todo puede ser relativizado. Quienes participaron, colaboraron o fueron parte de gobiernos de facto, en los que se decidía sobre la vida, la libertad y los bienes de las personas al margen de la ley, no pueden ser considerados idóneos para ocupar responsabilidades en un sistema democrático. Este no es un planteo de revancha ni de sanción moral abstracta. Es una condición mínima para resguardar el presente y el futuro. La historia argentina está atravesada por episodios de enorme violencia e injusticia. Desde guerras como la de la Triple Alianza hasta la represión ilegal del siglo XX, las heridas son profundas. Pero si algo distingue al presente es la posibilidad y la obligación de aprender de esa historia para construir límites claros. Por eso, cuando hablamos de memoria, no hablamos sólo de recordar. Hablamos de establecer criterios, de fijar posiciones y de asumir responsabilidades. Memoria, verdad y justicia no son consignas del pasado: son herramientas para defender la democracia hoy. Y en esa defensa, no todo da lo mismo. Prof. Celeste Pérez Rectora del Instituto de Formación política del P. J. Entre Ríos
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