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  • Estado de reforma y modernización en clave de Rothbard

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 23/03/2026 11:25

    Para Rothbard el Estado desempeña funciones importantes y hasta relevantes, pero ninguna de ellas le es propia, le es legítima y moral, ni es el único que puede realizarla y menos que sea eficiente ni razonable. Por esto, entiende que el Estado sólo ha llegado a nuestros días a la fuerza de tradiciones, costumbres y el ejercicio de la violencia. Nada que realmente nos asegure el respeto de los derechos individuales ni la propiedad a costo de perderla. Rothbard, como pocos, sí hace foco real en el poder y el Estado. Es de los más politólogos entre los economistas libertarios, anarco liberales, austríacos y críticos al Estado mínimo bajo cualquiera de sus formas o perspectivas pensables a la fecha. Históricamente hablando, ni el acto de votar, contratar o negociar con el Estado vuelve legítimo y legal al gobierno y su funcionariado y objetivos. Es más, estos últimos tienen más incentivos a ampliar su poder de coacción, regulación de la cultura, expresión e imprenta, moneda, incentivos, habilitaciones comerciales y sistema recaudatorio, sin escapatoria alguna, salvo nuestra propia pérdida de libertad. Rothbard, como pocos, sí hace foco real en el poder y el Estado Frase que nos resuena por la historia política reciente. Y si son un robo, los ladrones se disfrazan de autoridad, los intelectuales, actores del sistema educativo, actores de los medios de comunicación y la opinión pública funcionan en cohesión en pos de sostener al establishment (corporaciones empresariales y sindicatos) así la legitimidad sostiene a la minoría gobernante que se enarbola en nobles causas mayoritarias así nada cambia y administra la movilidad social y opaca la crítica en la prensa. Esta línea argumental sostiene claramente que en una sociedad libre el Estado (actual) debería dejar de existir. Todo puede ser producido en el ámbito social con competencia o cooperación, a mejor costo y menor riesgo, y con la confianza y moralidad imperante como guías claras de lo que es eficiente, útil y necesario para cada persona y sus activos resultantes de su capacidad y producción real. Incluso, normas y procedimientos son resultantes de personas, clubes, agrupaciones, agencias privadas, el mercado e intercambios, contratos de bienes, servicios y aspiraciones, nada que tuviera genética reconocible en el Estado sino más bien una apropiación y recepción de estos hechos sociales para volverse el establishment político monopólico y excluyente en los últimos siglos en esta actividad reconocida como de última decisión o de carácter política para influir y determinar a la dimensión social. Queda explicitado entonces, que el único que produce es el individuo y el Estado solo es el extractor o parásito que vive de esa producción, no hay lugar para pensar en grises en este sentido para Rothbard. Es más, si se viera en peligro esta lógica el gobierno produciría conflictos e imposiciones implícitas o explícitas para no perder este rol preponderante. Por esto, instrumenta y ordena la sociedad con aparente libertad pero conforma fuerzas para la guerra, el control interno y la disuasión, lo cual lo vuelve inmoral y criminal. Y el Estado así mantiene la exclusividad de legalizar su accionar de poder para que lo anterior sea preferentemente imputable al individuo o institución privada crítica o desobediente. Incluso, aspira la administración estatal a regular la moral y ética y de este modo volver repudiable o discutible para que el individuo que no puede aspirar siquiera a una justicia que se debe al gobierno que lo sostiene constitucional y presupuestariamente desde su designación vitalicia. Así cierra el círculo estatista que denuncia Rothbard en cada obra sobre el Estado y su función. Finalmente, esta época de reformas y modernizaciones vienen a dejar en evidencia lo anterior. Los cambios profundos, los exabruptos de empresarios, los acuerdos sectoriales para sobrevivir entendiendo que la IA tiene el tiempo contado para muchas actividades, y la demostración de que el Estado que sirve es el único Estado que sobrevive al cambio en las demandas sociales son las imágenes de este final de década. No fue magia, es modernización. El autor es analista político

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