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  • Dolor, prejuicios y acceso: la deuda pendiente en el uso de opioides en salud

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    Fecha: 23/03/2026 08:30

    El dolor sigue siendo uno de los síntomas más subestimados dentro del sistema de salud. Aunque existen herramientas eficaces para aliviarlo, en muchos casos no se trata de manera adecuada, lo que impacta no solo en el cuerpo, sino también en la salud mental y emocional de los pacientes. En este contexto, especialistas advierten sobre la necesidad de volver a poner en el centro la importancia del alivio del dolor como parte fundamental del cuidado integral. Desde los cuidados paliativos, el enfoque no está puesto únicamente en la cura, sino en garantizar calidad de vida. Esto implica entender que el sufrimiento no es solo físico, sino también psicológico y social, y que su abordaje requiere decisiones médicas basadas en evidencia, pero también en humanidad. Cuando el dolor afecta mucho más que el cuerpo El dolor intenso o crónico tiene consecuencias profundas que van más allá de lo físico. Puede alterar el estado emocional, afectar los vínculos y deteriorar la calidad de vida de manera significativa. El dolor intenso es un componente central del sufrimiento de un paciente y su familia, provocando ansiedad, insomnio, depresión e incluso deseos de adelantar la muerte. El dolor no controlado agota los recursos internos del paciente para afrontar la enfermedad, explica el jefe del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario Austral, el Dr. Matías Najún (MN 98852). Entre los efectos más frecuentes del dolor no tratado se encuentran: - Deterioro emocional, con ansiedad y depresión. - Alteración del sueño, como insomnio persistente. - Aislamiento social, por la imposibilidad de sostener actividades. - Desgaste familiar, en quienes acompañan al paciente. La importancia de tratar el dolor a tiempo El uso de herramientas adecuadas para el tratamiento del dolor puede cambiar radicalmente la vida de un paciente. En muchos casos, los opioides siguen siendo fundamentales, especialmente en cuadros moderados o severos. Son fundamentales para tratar el dolor moderado a severo en pacientes con neoplasias malignas, VIH y enfermedades no oncológicas avanzadas como enfermedades reumatológicas, renales, neurológicas, pulmonares y cardíacas avanzadas, detalla Najún. Además, estos tratamientos no solo alivian el dolor físico, sino que también tienen un impacto directo en el bienestar emocional: Cuando el dolor se alivia, el paciente recupera la capacidad de conectarse con su entorno y con sus seres queridos; recupera la esperanza y la confianza; se siente cómodo y no solo. En este punto, el concepto de ética del alivio cobra relevancia dentro de la práctica médica. Significa reconocer que el alivio del dolor y el sufrimiento es un imperativo de salud, equidad y derechos humanos, sostiene el especialista. Mitos, barreras y acceso al tratamiento A pesar de la evidencia, el uso de opioides sigue rodeado de prejuicios que muchas veces dificultan su implementación adecuada. El miedo a la adicción o la creencia de que estos medicamentos aceleran la muerte son algunas de las ideas más extendidas. Miedo a la adicción: existe un temor infundado a que el uso médico controlado derive en adicción, a pesar de que estudios muestran un riesgo muy bajo en contextos de cuidados paliativos, aclara Najún. También persiste la idea de que estos tratamientos están reservados solo para el final de la vida, cuando en realidad su uso depende de la intensidad del dolor y no del estadio de la enfermedad. Por otro lado, el acceso sigue siendo desigual. En Argentina, si bien existen distintos tipos de opioides disponibles, no todos los centros de salud cuentan con ellos. Aún la accesibilidad sigue siendo una dificultad pues se infiere que un 30 a 70% de centros sanitarios urbanos disponen de medicación para el dolor y solo un 10 a 30% en áreas rurales, advierte. Leé también: Acompañar en el dolor: el programa que ayuda a pacientes con cáncer a transitar el tratamiento Además, el consumo en el país se encuentra por debajo de los niveles considerados adecuados para cubrir las necesidades de la población. El consumo de opioides en nuestro país es de 27 mg por persona al año, muy lejos del nivel estimado como adecuado de 100 mg, señala. Frente a este escenario, el especialista destaca la necesidad de mejorar la formación médica y el acceso a estos tratamientos: El uso médico de opioides bajo supervisión es seguro y esencial para evitar sufrimientos innecesarios. El alivio del dolor es, ante todo, un acto de justicia y humanidad.

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